Política

La boda que cambió dos sexenios

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M+.- Habría que preguntarse si la relación entre el gobierno de la 4T y los medios de comunicación masivos pudo haber sido diferente a esta confrontación abierta en la que ha derivado, que desde hace ocho años convierte a la información en propaganda de uno y otro lado. La pregunta cabe cuando se observa el tema de la inseguridad: las estadísticas de crímenes se han desplomado de manera sorprendente, pero la percepción de los mexicanos es la contraria. Varias razones lo explicarían, pero en gran medida obedece al bombardeo de los medios sobre la nota roja.

Es comprensible que prensa, radio y televisión tradicionales vean con recelo e incluso animadversión un proyecto de cambio que favorece a los sectores populares y reduce privilegios al tercio más próspero. Los dueños, directivos, editores y opinadores pertenecen en su mayoría al segmento que tendría razones para desconfiar de una fuerza política centrada en el lema “primero los pobres”. Muchos de ellos están convencidos de que se trata de un populismo que retrasa las posibilidades de México de convertirse en un país moderno y democrático. Otros, simplemente porque es contrario a sus intereses.

La polarización extrema que ha alcanzado el debate ha llegado a límites penosos para ambas partes. No solo por el exceso de ideologización considerando que, en realidad, el proyecto de cambio es mucho más moderado que la narrativa esgrimida por unos y otros, sino también por la conversación centrada en epítetos y descalificaciones, cada vez más degradada a propaganda en favor y en contra.

Me parece que las cosas no tendrían que haber alcanzado ese punto; no necesariamente. Y si lo hicieron con tal intensidad, obedece en gran medida al resultado de una boda. César Yáñez estaba destinado a ser el coordinador de Comunicación Social de Andrés Manuel López Obrador a partir de 2018, como lo había sido en el gobierno de la capital y durante las tres campañas presidenciales. No solo eso: se trataba de la figura más cercana, literalmente, al político tabasqueño. Durante años viajó a su lado en los interminables traslados; en muchas ocasiones fue su único compañero de asiento, asistente y confidente. El estilo de Yáñez, en tanto coordinador de medios, se había caracterizado por el diálogo, la construcción de puentes y, por qué no decirlo, por la adecuación del peculiar estilo de su jefe a los intríngulis de la prensa. Es cierto que la mayoría de los medios fueron adversos al ascenso de López Obrador a lo largo de los años, en gran medida acicateados por la fuerza y el presupuesto de los gobiernos de entonces. Pero Yáñez, y el propio Andrés Manuel, mantuvieron espacios y una relación regular con directivos, opinadores y dueños.

La boda de Yáñez, pocos meses antes de la toma de posesión, cambió eso. Contrajo nupcias con una próspera empresaria poblana y dejó en su cónyuge la organización del festejo. Como se sabe, terminó en un escándalo mediático. Es conocida la irritación del invitado de honor cuando se vio en las páginas de la revista Hola, entre arreglos florales y menús sofisticados contrarios a su pregonada austeridad. Durante su campaña, el propio candidato había criticado los excesos de Peña Nieto y los suyos, justamente publicados en esa revista. Una abolladura en la imagen que el presidente electo no podía dejar pasar. La consecuencia fue el destierro de Yáñez del primer círculo de Palacio Nacional, semanas antes de la toma de posesión. Hoy es subsecretario de Gobernación, pero nunca regresó a las tareas de comunicación.

En realidad, las consecuencias fueron mucho más graves, porque eso definió el tono y la naturaleza de la relación del nuevo régimen con los medios. Jesús Ramírez, quien entró al quite y se convirtió en el jefe de comunicación del sexenio, pertenecía a una corriente más ideologizada y radical, y no tenía contacto previo con la comunidad de los “informadores”. En sus orígenes había sido reportero de La Jornada, impulsado por su cercanía con Carlos Monsiváis y luego pasó a ocuparse del periódico Regeneración, órgano oficial del movimiento. Durante la campaña presidencial tuvo el acierto de dedicarse a la construcción de redes sociales favorables a Morena, contactar influencers y activistas proclives, y desarrollar técnicas para defender y contraatacar en las campañas sucias de las que era objeto el candidato. Un área desconocida para López Obrador pese a su larga trayectoria. El nuevo responsable de la comunicación con los medios tenía una relación nula con directivos, editores y opinadores de los medios tradicionales. Y siguió siendo así durante el sexenio.

Lo demás es historia. La prensa tradicional fue asumida como un adversario. Malos, buenos y regulares fueron considerados en bloque, cuando en realidad no lo han sido por la competencia entre las empresas y las diferencias de enfoque entre directivos, editores y opinadores en más de un matiz. La confrontación se volvió personal y los mutuos reproches terminaron en odios y resentimientos. Ramírez no inventó las muchas suspicacias de López Obrador respecto a los medios, pero les insufló esteroides. Durante seis años instruyó al Presidente en los minutos previos a la mañanera sobre las infamias del día por parte de la prensa y pobló el espacio con “amarranavajas” que pedían una opinión del mandatario sobre la última calumnia de la que había sido objeto. Si no lo era por completo, se aseguró de que el campo quedara envenenado.

Aunque menos beligerante, Claudia Sheinbaum no se ha sustraído de este esquema porque se alimenta de las inercias aún vigentes. Ramírez es hoy jefe de asesores, aunque sigue cumpliendo algunas de las funciones que antes desempeñaba. No ha habido una estrategia para intentar un borrón y cuenta nueva, como sí procuró la candidata durante su campaña. Su administración tiene desaciertos, sí, pero también avances trascendentes que llegarán al público minimizados y distorsionados por los medios. El gobierno del cambio no iba a tener buena prensa, seguramente, pero una boda provocó que fuera bastante peor.

Luis M. Morales
Luis M. Morales


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Jorge Zepeda Patterson
  • Jorge Zepeda Patterson
  • Escritor y Periodista, Columnista en Milenio Diario todos los martes y jueves con "Pensándolo bien" / Autor de Amos de Mexico, Los Corruptores, Milena, Muerte Contrarreloj
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