Su “obsesión por la realidad, por leer noticias y recordar" fue lo que llevó a Nicolás Durante (Chile, 1990) a convertirse, primero, en periodista y, años después, a incursionar en la literatura con la novela Tuve que inventarme una memoria (Gato Blanco, 2025).
En poco más de 150 páginas, Durante recoge el eco de un fenómeno contemporáneo, el movimiento MeToo —que irrumpió con fuerza en 2017, a partir de las denuncias contra el productor cinematográfico Harvey Weinstein—, para construir una historia donde una acusación y el escrutinio en redes sociales se entrelazan con espionaje, el Tratado de Libre Comercio y, sobre todo, la construcción de los recuerdos.
Tuve que inventarme una memoria
El escritor cuenta a MILENIO que durante su época universitaria, hace una década, “había conversaciones de pasillo” sobre abusos o maltratos de profesores a alumnos, “pero nadie se atrevía a ir más allá: había un velo, un temor”.
Años después, tras mudarse a México, mientras tomaba un curso en la UNAM, "vi en el tablero de avisos un fichero donde alumnas acusaban a profesores". Eso encendió la chispa que detonó en la novela.
Primero, la idea se expandió en su cabeza. De ahí pasó a "tarjetitas físicas" que ordenó para esbozar una especie de guion. Luego llegó la redacción, con “capítulos muy rápidos y otros más detallados, como los relacionados con la neurociencia o la Guerra Fría en México”.
En el proceso, el chileno recordó y se inspiró en obras como Stoner, del estadunidense John Williams; María Nadie, de su paisana Marta Brunet; y La llamada, de la argentina Leila Guerriero.
Nicolás pulió el texto porque “quería ajustarme a los hechos y, dentro de eso, inventé personajes que supuse eran importantes”. Tras mostrárselo a personas que estima y valida como lectores, decidió seguir el consejo de Borges y soltar, “porque, si no, no lo sueltas nunca”.
El resultado: una historia centrada en Matías, un profesor de literatura que, tras ser acusado por una alumna, Javiera, de abuso sexual, enfrenta un cambio de vida radical que lo lleva a situaciones límite, como relacionarse con un espía o adentrarse en el complejo entramado judicial de un caso como éste.
“En ningún caso quise victimizar ni salvar a nadie. Traté de apegarme lo más posible a los hechos y darle verosimilitud a la historia, a pesar de que es ficticia y no está inspirada en un caso real”, comenta.
"Todos, ante la incertidumbre, construyen una explicación de lo que pasa: la víctima, el acusado y otros personajes inventan una explicación para algo que nadie se acuerda, porque hay uso de drogas químicas y un montón de otras cosas", agrega. Y subraya que cuidó el mantener la ambigüedad, sin trivializar el conflicto, para evitar “un final alocado o de ciencia ficción”.
Un cazador de historias
Originario de Concepción, Nicolás llegó a México hace cuatro años. Aquí, dice, aprendió a “mirar y escuchar dos veces”, tanto para fijarse en el sentido al cruzar la calle como para captar las maravillas de lo cotidiano.
“Llevo mucho tiempo trabajando como reportero de negocios y me atreví a escribir ficción en la Ciudad de México; me inspiró”.
Por ejemplo, al viajar en transporte público descubrió el gozo de escuchar conversaciones ajenas e imaginar sus posibles desenlaces: “Me encanta esa obsesión; es natural, no es algo que esté buscando”.
También, al recorrer a pie las colonias de la ciudad, encontró fascinante el “caos surreal” que se vive y ve en ellas.
Así, Durante fue acumulando historias hasta que llegó un momento en el que “necesitas dejarlas en algún soporte”: la escritura. “Ahí puedo liberarlas de una manera física, algo que puedo ver”.
En ese proceso, explica, su literatura no intenta alcanzar una verdad absoluta: “Uno trata de buscar hechos que se parezcan a la verdad, pero no me atrevería a definir qué entiendo como verdad”.
Actualmente, la pluma —¿o teclado?— de Nicolás Durante no para: ya trabaja en una nueva novela que explorará la compleja experiencia de ser hijo, más allá de lo biológico; un territorio que, por su intimidad, podría hilarse con Tengo que inventarme una memoria.
Presentación del libro en CdMx
Nicolás presentará 'Tuve que inventarme una memoria' el próximo miércoles 15 de abril a las 19 horas en el Cine Tonalá (Tonalá 261, colonia Roma sur). Lo acompañarán Luis Olaf del Lago y José Bernal.
hc