Se acerca el Día del Padre. Para celebrar, decidimos desempolvar de sus páginas a algunos personajes que han encarnado a la figura paterna en la literatura. Algunos de ellos son amorosos, comprensivos y representan un modelo para los protagonistas, pero es inevitable pensar que los personajes más atractivos son padres terribles, desalmados y ausentes.
Hay padres neuróticos por su pésima aptitud para la crianza que, como Roberto Bolaño, prefieren confiar en las cualidades paternales de los libros mismos.
Los años Falsos, Josefina Vicens (FCE)
Nada más desconcertante para un adolescente que la insostenible obligación de ocupar el sitio de su padre. Ese es el caso de Luis Alfonso, el adolescente que protagoniza la novela de Josefina Vicens. Cuando muere Alfonso, su padre —en el nombre estaba el indicio de su tragedia—, Luis Alfonso debe cargar con el peso que representaba dejar de ser el niño de mamá. Obligado a asumir el rol de nuevo patriarca, el chico pierde su propia identidad. Habla como lo hacía su padre y se ve como él: padre e hijo se convierten en la misma persona. ¿Vale la pena abandonarse de esa manera para aspirar a desvanecer una sombra imborrable?
Formas de volver a casa, Alejandro Zambra (Anagrama)
Zambra quiso establecer una nueva clasificación para la literatura que aborda la paternidad. El chileno la llamó "literatura de hijos", un género que él mismo ha practicado en su tercera novela Formas de volver a casa. Zambra escribe con nostalgia sobre su niñez en la dictatorial época de Pinochet. Aquel personaje inocente debe enfrentarse a un padre contagiado por el clima político de su tiempo, una dinámica que transporta a las nimiedades de su vida íntima y su relación filial.
La muerte del padre, Karl Ove Knausgård (Anagrama)
El título lo sugiere todo. El escritor noruego describe aquí sus años de adolescencia, en los que construyó una relación más bien dolorosa con su padre alchólico. Debe lidiar después con el conflicto emocional que le provoca su muerte. Por si algo le hiciera falta, a Knausgård los líos literarios se le transformaron en una realidad insufrible. Su familia, disgustada por la falta de pudor con que el escritor cuenta su historia, desaprobó rotundamente el texto. Sin embargo, el libro es uno de los más vendidos en Noruega.
Pedro Páramo, Juan Rulfo (Editorial RM)
Considerada por muchos como la gran novela mexicana, Pedro Páramo entregó a uno de los padres más interesantes de la literatura, no sólo nacional, también universal. Es un personaje crudelísimo pero, al mismo tiempo, conmovedor. Profesa un amor inmedible a su hijo Miguel Páramo, pero desconoce a Juan Preciado, que llega a Comala —donde transcurre toda la novela— precisamente para reclamarle a su padre "lo que le pertenece". Por contradictorio que pueda sonar, Pedro Páramo es una especie de mercenario enamorado. Es el implacable jefe que regentea a los indios para defender Comala y el irremediable idealista enamorado de Susana San Juan. Pedro Páramo no es un padre bueno ni malo, su condición excede esos polos del comportamiento humano.
Padres terribles fuera de la ficción
Mención especial merecen los padres que pertenecen a esta categoría, aquellos que han atormentado a sus hijos de tal forma que probablemente han favorecido la creación de las obras más notables de la literatura.
Quizá el caso más evidente sea el de Franz Kafka. Escrito en 1919, su libro Cartas al padre es un reclamo, casi hostil, a su padre Hermann, por su conducta abusiva que le causó al escritor austriaco muchos conflictos emocionales. El texto ha sido objeto de numerosos análisis psicológicos y literarios.
Aunque en menor medida que Kafka, Philip Roth también sufrió a causa de una relación filial complicada. En su libro Patrimonio, una historia verdadera narra los últimos años que vivió junto a su padre expresa la dificultad que implicó verlo cambiar su encanto y genio afable en un carácter sombrío provocado por un tumor.
En su libro de memorias Vivir para contarla, Gabriel García Márquez cuenta que durante sus años de juventud tuvo que enfrentar a su padre en numerosas ocasiones, pues éste se negaba a aceptar la vocación literaria de su hijo. Otro exponente del boom, Mario Vargas Llosa, cuenta en El pez en el agua que siempre asimiló a la figura paterna como un espectro lejano, hasta que su madre le confesó que no estaba muerto.