Cultura

‘El terror de las puertas’, de Ethel Krauze: con ojos de niña

A fuego lento

A través de los ojos de una niña de once años, Ethel Krauze en ‘El terror de las puertas’ explora su viaje hacia la independencia emocional y la libertad.

Estamos a mediados de la década de 1960. Una niña de once años inicia su camino a la independencia emotiva e intelectual mientras sus impresiones, su cándida manera de estar en el mundo, corren por las páginas blancas de su cuaderno. ¿Un diario? ¿Un álbum de postales monocromáticas? No. Es el libro que tenemos en nuestras manos: El terror de las puertas (Tusquets). Con temeraria frescura, Ethel Krauze ha dado voz a una narradora maliciosa y juguetona que tiene la carga significativa de un umbral: hacia la fantasía creadora, hacia la vida adulta, hacia la libertad del cuerpo y la conciencia individual, hacia el México moderno.

Para esa niña no parece haber más mundo conocido que su casa, sus padres, sus dos hermanos y su abuela. La casa es un lugar con las puertas siempre abiertas “para que todos vivamos entremezclados entre los pedos, los gargajos, los eructos, los ronquidos y hasta los sonidos raros de gato agonizante que se aparecen algunas noches en medio de la oscuridad”.

No estamos, a pesar de la exploración de una sensibilidad y una cotidianeidad, frente a la recreación de una época sino al desarrollo hipnótico de un anticuento de hadas, aunque no exento de ogros, brujas, príncipes aviesos o primorosos —que, con forma humana, medran en las familias y sus alrededores—, encantamientos y cómplices de los ritos de paso que esa niña va sorteando con la curiosidad y la malicia precisas en el momento justo. Porque antes de la conciencia del cuerpo como fuente de un placer desconocido o el impulso de ocupar por fin una habitación propia —con la puerta bien cerrada— está la insidiosa presencia de los mayores… hasta el día bautismal, el 13 de septiembre de 1968, cuando esa niña deja de serlo y presiente la libertad al lado de tantos otros durante la Marcha del Silencio.

La impecable factura de El terror de las puertas no sería posible sin una ardua arquitectura verbal. No se trata (como prescribe el distraído solapista) del “lenguaje poético”. Se trata de una bella prosa cantarina, que brinca, baila, hace piruetas en la viga de equilibrio y se lanza en picada para luego levantar el vuelo. En eso consiste el prodigio invocado por Ethel Krauze: en la escritura que combina secretamente lo verdadero y lo imaginado.

El terror de las puertas

Ethel Krauza |Alfaguara | México, 2026

AQ / MCB

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Roberto Pliego
  • Roberto Pliego
  • (1961) Cursó Letras Hispánicas en la UNAM. Fue subdirector de la revista Nexos. Autor de La estrella de Jorge Campos y 101 preguntas para ser culto, es editor de Laberinto.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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