La legendaria cantante Teresa Salgueiro, quizás la más reconocida y célebre de Portugal desde Amália Rodrigues, siente una responsabilidad muy grande en celebrar con sus creaciones “la alegría de vivir”.
“Soy una persona que sigo buscando entender la vida y conocer y ser fiel a lo que la vida pide de mí”, se define la artista en conversación desde su país con Laberinto a través una plataforma digital, donde se muestra igual que su música desde el inicio de su carrera: misteriosa, delicada pero poderosa, casi como un rezo.
La vocalista del grupo Madredeus de 1987 a 2007 regresa a México para ofrecer un concierto dentro de la sección Música Contra el Olvido del Festival Cultura UNAM, el domingo 27 de septiembre, a las 19 horas, en la sala Nezahualcóyotl, que la recibirá remodelada para el 50 aniversario de su construcción.
Está consciente de que desde hace una década no ha estrenado un álbum después de su homenaje a José Alfredo Jiménez, Agustín Lara, Tomás Méndez, Mercedes Sosa y Violeta Parra...: La golondrina y el horizonte, con 15 temas latinoamericanos que cantó el 13 de octubre de 2015 en la Alhóndiga de Granaditas, en la edición 43 del Festival Internacional Cervantino. Pero, sobre todo, desde O Horizonte (Lemon, 2016), el segundo con composiciones de su autoría después de O Mistério (Clepsidra, 2012).
Pero Teresa Salgueiro (Lisboa, 1969) refrenda su pasión por la creación personal y con sus músicos, en la charla en la que la promotora Orly Beigel interviene y señala que la artista “es única”, sin parangón.
“Mi música está a veces bastante cercana a la raíz, a la tradición, pero mezcla toda mi percepción de lo que es la música, de lo que he escuchado durante mi vida. Está hecha de una forma muy intuitiva, porque mi formación es más del escenario. Y está en relación muy cercana con los músicos con los que trabajo, me gusta mucho estar en la sala de ensayos y escuchar una progresión armónica, rítmica, y tener una idea de una melodía y empezar a desarrollarla. Y recibir ideas de todos. Todo este proceso me encanta. Hay muchas formas de trabajar, a veces las melodías surgen solas”, detalla Teresa Salgueiro.
La lisboeta adelanta cómo será su concierto en la sala Neza, su regreso desde la gira que emprendió en octubre de 2023, dentro del 51 Festival Cervantino, por León, Guanajuato, Juárez y Ciudad de México, donde cerró en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris”, acompañada por Rui Lobato (batería, percusiones y guitarra); Ana Gonçalves Albino (guitarra), Sofía Queirós (contrabajo) y Fabio Palma (acordeón).
Feliz de volver al país que define “del sol y del amor por la cultura”, Salgueiro promete sorpresas en su concierto, pero revela que tendrá composiciones suyas, algunas ya grabadas y otras inéditas, además de revisitar la tradición de la música portuguesa, igual que la de otras latitudes, como México.
“He reunido una familia de músicos maravillosos, una pequeña familia. Juntos estamos muy ilusionados por ir a México a presentar este concierto. Siempre concibo mis conciertos con una cierta narrativa, no clara, no es una narrativa declarada, pero siempre hay un viaje, una cierta narrativa que se cuenta a través de la música, de los ambientes creados, de las palabras”, apunta con su delicada sonrisa.
Incluso, en una videoconferencia de prensa previa a la entrevista, aclara a un reportero que la música que ella canta desde Madredeus y que compone e interpreta desde su separación de la agrupación no es fado, el género tradicional de Portugal, al que ella ve desde fuera porque no pertenece a esa tradición.
“Siempre he buscado hacer una música que fuera a la vez a mi sensibilidad y mi percepción de la existencia. Mi música está basada en la memoria, en toda mi experiencia hasta ahora, siempre buscando tener una mirada al día de hoy, al camino que estamos recorriendo. E intento comunicar este gran respeto por el hecho de estar viva, a través de la música podemos comunicar algo que sea para confirmar la grandiosidad de la vida, lo sagrado de la vida”, expuso la cantante y compositora lisboeta.
Salgueiro debutó en Portugal con Madredeus en una gira de conciertos del 8 al 18 de abril de 1999, que incluyó Guadalajara, León, Puebla y Distrito Federal, con presentaciones en el teatro Metropolitan y la sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario, adonde vuelve 27 años después ya como solista.
“En este concierto y en este momento en particular es muy importante que celebremos, que estemos juntos y cada vez más juntos, celebrando y proporcionando a cada uno de nosotros la alegría de la vida, que está ahí todos los días. Porque estamos viviendo en un mundo en el que somos invadidos en todo momento por narrativas que nos traen experiencias terribles. Lo que más se escucha por todos lados es un escenario de terror, eso se infunde a la gente. Hay que combatir todo eso con la narrativa contraria. ¡Claro que existen cosas terribles en la vida y gente que causa mal al prójimo! Hay gente que se alimenta de eso, existe. Pero eso no es la vida; la vida es algo muy mayor; es lo que nos sostiene. Y hay que luchar por la realidad, por la vida, por el amor, por el bien, por hacernos bien unos a otros”, aduce.
Salgueiro se encumbró como protagonista de la música contemporánea de Portugal, cuya cultura ha sido muy activa este siglo en México con los premios FIL de Literatura en Lenguas Romances al recién fallecido António Lobo Antunes (2008), a Lídia Jorge (2020) y aun al mozambiqueño Mia Couto (2024); y con la presencia recurrente de la cantante, del escritor José Luis Peixoto, que en junio y julio fue parte del Programa de Residencias de la Casa Estudio “Cien Años de Soledad”; del Festival Internacional del Fado, cuya edición 2025 trajo a su colega Carminho y a la 2026 vendrá Sara Correia; y de la Semana del Cine Portugués, que llegó a su décima edición e invitó a la cineasta Salomé Lamas, además de recientes visitas de los directores João Canijo y Leonel Viera y de la actriz Soraia Cháves.
“En Portugal he tenido colaboraciones con otros músicos, que a veces me invitan a juntarme, o yo he invitado a algunos artistas a compartir escenario. Y eso es una maravilla. Pero debo decir que vivo un poco siempre dentro del proceso de creación y ensayos para los conciertos, todo eso, y no tanto en comunicación con otros artistas. Me alegra mucho cuando suceden este tipo de encuentros, y es una maravilla cuando podemos compartir la música con otros artistas, estoy abierta a eso y ha ocurrido y es muy bueno. Pero, la verdad, es que estoy siempre más en un proceso de descubrir mi propio lenguaje y lo que tengo que decir, al menos hasta ahora”, dice Salgueiro a pregunta expresa sobre colaboraciones.
Desde Os Dias da Madredeus, su álbum debut en 1987 con el grupo que se internacionalizó con el filme de Wim Wenders Historia de Lisboa (1994) y su banda sonora Ainda, hasta otras obras icónicas de la canción portuguesa como Paraíso y O Espíritu da Paz, una veintena de discos se produjeron con composiciones para Teresa Salgueiro y su insólita voz, que parece estar siempre al borde de un abismo.
Vino la separación de Madredeus en 2007, después de dos últimos álbumes, Um Amor Infinito (2004) y Falúas do Tejo (2005), aunque Salgueiro ya había incursionado como solista con Obrigado (2006), una recopilación de colaboraciones con varios compositores y artistas, como Caetano Veloso y José Carreras. Y en 2012 dio el salto como compositora, primero con O Mistério y luego con O Horizonte.
“Después de dejar de cantar con Madredeus, hice discos con canciones más cercanas a la tradición portuguesa, buscando otros autores, pero siempre con esta idea de formar un grupo de músicos, una familia con la cual yo pudiera también desarrollar mis ideas musicales. Ya había tenido algo, pero nunca le había dado mucha importancia. Y las personas con quienes trabajaba tenían también este deseo y voluntad de hacer música original, así que poco a poco entendí que ese podría ser el camino.
“El primer disco que grabé con música original, mi música, O Mistério, cinco años después de mi separación de Madredeus, surgió muy naturalmente. Quiero decir que, en estos encuentros con los músicos en los que hacíamos arreglos a canciones portuguesas de diversos autores, siempre estaba esta idea, esta voluntad de hacer música original, y empezaron a surgir ideas de la música que quería, melodías que escribía, que quería decir. Y empecé a creer que sería posible hacer mi propia música”.
Salgueiro refiere que se recluyó con los músicos durante un mes en un estudio junto al convento de Arrábida, en la sierra homónima en el sur de Lisboa, donde escribió letras, y se grabaron las canciones.
“Las cosas surgían y aparecían las ideas de un disco. Y esa pasión por la creación musical se quedó. Hasta hoy componer es algo que me da mucha pasión; tengo una gran pasión por estar en una sala de ensayos con los músicos desarrollando ideas musicales, construyendo, poniendo los primeros pilares y después levantar toda la estructura, toda la textura musical. Todo eso es un proceso que me encanta, es un proceso de comunicación que tiene mucho que ver conmigo, con mi respiración, con mi forma de ser, que me alimenta, me nutre. Un poco es así como se pasa este deseo de hacer música”, expone.
¿Cómo la cambió como persona y artista encontrar las canciones dentro de sí misma?
Es un proceso de encuentro conmigo misma, con mi mundo interior, que siempre está en comunicación con el mundo alrededor, por cierto. Este gusto de compartir la comunicación musical con los músicos me ha hecho crecer, tener una conciencia mayor de mí misma, de mis capacidades, de las cosas que debo desarrollar, de los caminos que puedo perseguir. Y me ha dado una forma, un camino posible de expresar lo tanto que en la vida me conmueve, lo tanto que la vida significa para mí, lo tanto que hay que aprender, que hay que desarrollar en cada uno de nosotros, lo tanto de conciencia que debemos tomar a lo largo de nuestras vidas, sobre lo que somos, lo que estamos haciendo en este maravilloso planeta. Aunque no exclusivamente a través de la música, de la creación de la música y la escritura de las letras, se desarrolla esta conciencia y, además, se puede compartir esa alegría por la vida con nosotros, con otras personas, e inspirar esa alegría también en nosotros arriba de todo esto.
Su disco debut Os Dias da Madredeus, el nombre mismo del grupo, está ligado al Convento de Madre de Deus; O Mistério, al convento de Arrábida. Ya desde el primer concierto en que pude verla con Madredeus el Metropolitan en 1999 me daba la impresión de asistir a una ceremonia litúrgica. ¿Qué le da ese ambiente de arquitectura religiosa a su música y a sus interpretaciones?
Sí, la verdad es que Os Dias da Madredeus fue grabado en un teatro (Ibérico), pero que funcionaba en la estructura de una iglesia. Y sí, mi primer disco propio, O Mistério, también. El segundo, O Horizonte, no fue grabado en el convento, pero sí he estado ahí, es un convento del siglo XVI que está construido en una sierra, una montaña maravillosa frente al océano. No hemos grabado ahí en el convento, porque es como un pueblito con las celdas de los frailes, era un convento franciscano, pero al lado tiene una casa grande donde se ha podido construir un estudio de grabación para trabajar ahí.
En el caso de la iglesia de Madre de Deus fue por la acústica de la sala del teatro, por su disponibilidad, porque los actores terminaban sus ensayos o presentaciones y nos dejaban estar ahí durante la madrugada, trabajando. Era un lugar con una acústica maravillosa y un gran silencio. Y también en el Convento de Arrábida había eso, pero también la posibilidad de estar de hecho lejos de la vida cotidiana, de sus demandas. Ahí estábamos los músicos y yo de verdad enfocados en la música y en la creación. Y, alrededor de nosotros, el silencio. Pienso que poder estar en contacto con nosotros mismos y con lo más profundo de nuestra vida, de nuestra sensibilidad, tiene mucho que ver con estar delante de este inmenso silencio y de este inmenso silencio que es la vida.
¿Y cómo repercute eso en usted a la hora de componer?
De cierta forma, puedo decir que toda mi expresión y mi sensibilidad musicales tienen mucho que ver con el hecho de agradecer todos los días la vida y de maravillarme con la naturaleza, con lo que la vida nos ofrece, las posibilidades de aprender, de tomar conciencia, la responsabilidad de cuidar de la naturaleza, de cuidar a cada uno de nosotros. Y es eso. La música, para mí, es algo sagrado, de verdad, sin duda. También hay una responsabilidad en la música con las palabras que cantamos, desde mi vivencia; la responsabilidad de llevar a quien me escucha algo muy sincero, muy auténtico, que sea la emoción, la conmoción con el hecho de estar vivo y con la posibilidad de celebrarnos juntos y de mejorarnos juntos esta vida. Que podamos, de veras, mejorar las cosas uno a uno. Y mejorar es solo estar atento, empieza así, podemos hacer mucho, pero empieza por el hecho de estar atento a quien está a nuestro lado y que puede necesitar de nosotros. Sea una persona, un ente vivo, un árbol, lo que sea.
¿Qué se necesita para ser Teresa Salgueiro?
No es una pregunta fácil de responder. No sé, estar atenta a lo que está a nuestro alrededor e intentar aprender de eso. Y saber bien nuestro lugar, dónde debemos estar, no arriba ni abajo, sino justo donde debemos estar, e intentar descifrar las situaciones y ser verdadera. Ser verdadera es lo que busco. La maravilla de la vida es que somos únicos. Si pudiéramos ver eso, que cada uno es único y trae a la vida colectiva algo que solo una persona puede aportar, si pudiéramos saber que la vida es eso y celebrar la vida en cada uno, estaríamos en un mundo que sería un paraíso. Tenemos todo para que sea un paraíso.
AQ / MCB