¿Se puede considerar la memoria, el pasado y los sucesos acontecidos que jamás pudimos resolver como ruinas? De ser así, una ruina líquida sería cualquiera de esas emociones no resueltas que fluyen en nuestras vidas convirtiéndose en una carga cuando no podemos dejarlas correr, cuando impedimos que traspasen nuestra porosidad y se vayan lejos. Pareciera que Zeth Arellano trata de convencernos de esto a lo largo de su primer libro de cuentos, Ruinas líquidas (UANL, 2025), en el que explora dichas posibilidades. Este compendio de dieciocho relatos nos presenta una acumulación de realidades paralelas a la nuestra para enriquecer la experiencia vital a través de lo insólito y lo extraño.
Ruinas líquidas son historias de mujeres y su vulnerabilidad en situaciones cotidianas. De un cuento a otro presenciamos cómo sus mundos se van agrietando y por esas fisuras aparecen revelaciones, hechos extraordinarios que nos ayudan a entender las luminosidades dentro de ellas. A través del lenguaje, la autora combina una realidad muy cercana a la nuestra, como cuando sus personajes se preocupan por la marca de la bolsa que utilizan, o el reloj que le van a regalar a sus maridos, mientras se van acercando al abismo interior que las sacude, y que nos sacude también a nosotros.
En cada uno de sus relatos, la autora explora mucho más allá de la anécdota. Es un trabajo con el lenguaje y la búsqueda de lo profundo a través de la brevedad; se adentra en sus mundos como un minero lo hace dentro de una cueva: con una lámpara en medio de la oscuridad tratando de iluminar zonas que ellos mismos quizás no conocen de sí. Más que perseguir anécdotas, persigue destinos.
Una chica que cuenta su historia desde el más allá, desde el subsuelo en busca de su liberación; una hija que viaja lejos, hacia la tierra donde nació su madre, tratando de encontrar un momento luminoso en toda la negrura y el rencor que dejó en ella; una madre de familia que vive conforme debe de vivirse la vida, según los modelos convencionales, pero que no logra encontrar la satisfacción personal; una chica que no puede salir por las noches pues le teme a que la luna se la trague, y por eso su obsesión por brillar, son algunas de las historias de encuentros y desencuentros, de asombro y desilusión que compila este libro.
Con un tono que oscila entre lo poético y lo brutal, los cuentos de Zeth Arelllano exploran el humor y la ironía. Nos vemos reflejados en ellos. Hay una apuesta clara por la narración desde el cuerpo: el sudor, las manos, la respiración y los huesos. Eso le da densidad y coherencia emocional.
Los personajes se muestran ante el lector sin ningún filtro, simplemente como son. En cada historia encontramos situaciones en las que podemos reconocernos fácilmente. Es la vida explorada a través del ojo de la autora. Una visión particular que entrega dieciocho cuentos breves y redondos. Cada uno de ellos es un mundo por sí mismo, la brevedad se vuelve un punto de concentración en el que sus historias se desarrollan y explotan.
AQ / MCB