Ciudad de México /
Mi madre comió semillas.
Veo crecer la sandía en su panza.
—Es tu hermano, siéntelo.
Está quieto, ahí metido.
Aún sin rostro, ya causa más emoción que mis dibujos.
No fui suficiente, cada día me lo repite con su tamaño.
Mi padre añoraba un niño.
Tendré que desaparecer el color café para no dibujar huertos,
el rojo para no dibujar sandías ni hermanos.
Dejar las hojas en blanco,
para tener un hogar a donde mudarme cuando nazca.
AQ / MCB