Cultura

‘Naza’, el documental que enfurece a Netanyahu

Entrevista

El realizador Yuval Abraham dice que ha recibido amenazas por parte del gobierno israelí, afirma que “la mayor parte de la sociedad israelí ignora o justifica el genocidio de civiles palestinos”.

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Naza es el documental dirigido por los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor —dos de los realizadores que ganaron el Oscar por No Other Land— que ha enfurecido a su país por retratar, a través de los testimonios de 24 militares y agentes de inteligencia israelíes, las barbaridades cometidas en Gaza desde 2023, tras los atentados de Hamás. Lo cuentan con rostro y voz distorsionada desde las azoteas de los edificios de Tel Aviv, a solo 60 kilómetros de una Gaza repleta de cadáveres. Naza es la palabra que emplean para referirse a los daños colaterales: el número de civiles palestinos que se calcula que pueden morir durante un ataque. El filme, coproducido por el diario británico The Guardian, logró el premio especial del Jurado en el festival de Venecia y la respuesta de Israel fue la de acusar a los directores de mentir, manipular e inventarse testimonios. Yuval Abraham ha conversado por Zoom sobre la película con un grupo de medios españoles.

¿Cómo están y cómo es su situación actual tras las amenazas?

Estamos bien. Estamos a salvo. Nos sentimos un poco abrumados por todo lo que ha sucedido. Y aún no hemos regresado a Israel debido a las amenazas a las que nos enfrentamos allí y a la sensación de que probablemente seríamos atacados si volviéramos. Probablemente sepan que hubo amenazas por parte del gobierno israelí, del propio Netanyahu, de retirarnos la ciudadanía. Personalmente, temo menos al gobierno, al que considero muy populista y que intenta hacer esto para ganar votos de cara a las próximas elecciones. Lo que más nos inquieta es cómo el público, gran parte de la opinión pública israelí, incita abiertamente en nuestra contra. Y por eso no hemos regresado. Pero estamos a salvo. No corremos peligro en este momento. Y también tenemos muchas ganas de estrenar la película, porque creo que la intensidad de la reacción demuestra que la gente, muchas personas en Israel, siente cierto temor ante esta película y tal vez percibe que conlleva algún tipo de peligro. Y, como periodista y cineasta, cuando realizas una obra que saca a la luz crímenes, no es nada malo que el gobierno responsable de esos actos parezca tener mucho miedo o sentirse muy inquieto por lo que estás haciendo. También lo veo como una buena señal, aunque estemos pagando cierto precio.

Uno de los testimonios de la unidad especial dice que la gente de su grupo es de izquierdas. ¿Qué cree que lleva a alguien de izquierdas a actuar de esa manera?

Sí, bueno, en cuanto a la gente en Israel que pasa a formar parte de los servicios de inteligencia... el servicio militar allí es obligatorio. Así que la mayoría de los israelíes judíos, no todos, pero sí la mayoría, se incorporan al ejército a los 18 años. Para llegar a una unidad de inteligencia como la Unidad 8200 —y hay otras, no es solo esa—, normalmente necesitas tener calificaciones muy altas en la escuela secundaria. Por lo general, se trata de personas pertenecientes a la élite liberal que reside en la zona de Tel Aviv. No es casualidad que la película se haya rodado en Tel Aviv, ya que examina el papel que desempeñan los sectores liberales de la sociedad judía israelí. Esto puede resultar sorprendente para alguien del extranjero, pues al pensar en la izquierda o el centroizquierda de un país europeo, uno no imagina a un grupo de personas participando en la matanza masiva de miles de familias dentro de sus hogares en la Franja de Gaza. Sin embargo, en el contexto israelí, y esta es una de las razones por las que para mí era importante realizar la película, es precisamente este sector de la sociedad el que está detrás de algunas de las acciones más atroces y execrables cometidas en la Franja de Gaza. Porque en su mayoría, en términos generales, son los oficiales de inteligencia y los pilotos de la Fuerza Aérea. Así que este es un grupo que está en contra de Netanyahu. Se opone a Netanyahu. No cree en la separación de la religión del Estado. Cree en la democracia, al menos para los israelíes judíos. Cree en cosas que mucha gente en Occidente también cree y dice. Cree en los derechos, ya sabes, en la lucha contra el cambio climático y en los derechos de la comunidad LGBTQ y cosas que son muy importantes en las que yo también creo. Pero en lo que respecta a las políticas del ejército y a las del gobierno israelí contra los palestinos, sus posturas son, lamentablemente, bastante similares a las del propio gobierno de Israel. Además, han desempeñado un papel activo en la guerra de Gaza y en la matanza de palestinos allí. Por eso, para mí, esta película también intenta que dejen de hacerlo. Porque veo a estas personas y sé que necesitan cambiar para poder... Ojalá pudieran ser como yo; yo me sitúo más a la izquierda dentro de Israel, en lo que se podría llamar la izquierda radical. Así que creo que existe una conexión entre la opresión de los palestinos y el ascenso de la derecha y la extrema derecha en Israel. Y espero que los sectores sionistas más liberales de la sociedad israelí cambien de actitud. En este sentido, la película los cuestiona duramente y les pregunta: “¿Cómo pudieron hacerlo? ¿Cómo pudieron participar durante tres años en esto y, aun así, mantener la imagen de ser liberales, modernos y de izquierdas?”. Para mí, esta es una contradicción fascinante: ¿cómo es posible verse a uno mismo como una buena persona y, al mismo tiempo, cometer crímenes tan atroces?

¿Qué cree que va a pasar en las próximas elecciones generales del 27 de octubre en Israel? En la campaña no existe la palabra genocidio...

No, la gente no habla de genocidio en los debates ni en las campañas. Y no solo eso: nuestra película provocó un debate en Israel, un debate muy encendido, sobre las políticas del gobierno en Gaza: el genocidio, la matanza de civiles y todo lo demás. Generó mucha indignación, no solo entre Netanyahu y sus partidarios, sino también entre los partidos de centroizquierda —o lo que se denomina así, porque en realidad no son de izquierda, pero así es como se les llama en Israel—, que decían: “No podemos hablar de esto ahora mismo porque ayuda a Netanyahu a ganar; si hablamos del tema, nos tacharán de traidores y de izquierdistas”. Y por eso no podemos hablar de ello. Algunas de las críticas más duras que recibimos para intentar silenciar la película no provinieron solo del gobierno de Netanyahu, sino también de partidos políticos israelíes de la oposición, que nos dijeron que no era el momento de hablar de estos crímenes; no antes de las elecciones. Y creo que, en una situación justa, este sería el tema principal de los comicios. La gente diría... bueno, hay muchas críticas hacia Netanyahu en el ámbito político israelí por la masacre del 7 de octubre perpetrada por Hamás. Pero en un mundo justo, no se trataría solo de eso. También se hablaría de la matanza de civiles en Gaza y de la responsabilidad de Netanyahu y su gobierno al respecto; la oposición debería abordar el tema. Sin embargo, en todo el espectro político judío —desde los demócratas, que representan esa vertiente más sionista y de tendencia izquierdista, hasta figuras como Ben-Gvir y los demás— existe un silencio absoluto sobre Gaza o bien una justificación y un llamado a intensificar las matanzas allí. Es una situación muy peligrosa; precisamente eso es lo que la película intenta transmitir. Existe una especie de código de silencio —una situación sumamente peligrosa— en la que toda una sociedad, o al menos la mayor parte de ella, ignora o justifica algo tan horrendo que ocurre tan cerca de ellos. Y parte de lo que esperamos cambiar con la película, y es algo muy difícil de lograr y no creo que necesariamente lo estemos consiguiendo, es empezar, dar un primer paso para comenzar a derribar esos muros de negación en la sociedad israelí.

¿Cómo lograron reunir a los 24 testimonios del documental?

Fue muy difícil. O sea, es difícil porque la mayoría de las personas a las que te diriges dicen que no. Como te imaginarás, también soy bastante conocido en Israel por mis posturas y mis opiniones políticas, así que ese es otro factor: muchos soldados no quieren hablar conmigo. Pero encontrar a las personas adecuadas fue algo que llevó meses y, a veces, años. Algunas personas no aceptaban de inmediato, o solo accedían a hablar extraoficialmente, y no querían que hubiera una cámara. Y después de conocerlos, reunión tras reunión, se establece una relación de confianza y entonces aceptan salir ante la cámara. Fue un proceso muy largo; de hecho, encontrar a las personas fue uno de los principales desafíos de la película. Creo que lo que sucede en Israel es que muchísima gente pasa por el servicio militar; por eso existe un gran número de personas a las que puedes dirigirte y a las que puedes preguntar.

Israel ha difundido de manera gratuita un documental llamado Naza: la historia real que copia la estética y el nombre para contar su versión. ¿Qué le parece?

Lo ví y me aburrí. Ví un trozo y lo dejé al cabo de un rato. Tengo que decir que esta reacción es positiva. Quiero decir, no me siento amenazado por ello. El hecho de que sientan la necesidad de empezar a entrevistar a soldados e intentar contrarrestar la película, acabará atrayendo más atención y haciendo que más gente que, de otro modo, no habría oído hablar de ella, se entere de su existencia. Están intentando engañar al público, confundir a la gente de modo que piensan que están viendo NAZA, pero en realidad están viendo la versión propagandística que está ahí para adular al ejército israelí.

El documental muestra gran material de archivo y acaba con unas imágenes impactantes. ¿Qué reacción quería provocar en el espectador en esos últimos segundos?

Dado que los crímenes de los que hablan los soldados en la película siguen ocurriendo, queríamos que el espectador saliera del cine habiendo visto las consecuencias de lo que ellos relatan. Es una película muy fría en gran parte: te sitúa en azoteas de Tel Aviv, entre edificios modernos, mientras escuchas a oficiales describir el funcionamiento de un sistema de exterminio —sus mecanismos y cómo se percibe desde dentro—. No queríamos que el público abandonara la sala sin ver realmente lo que esto supone para los palestinos sobre el terreno. Elegimos esas imágenes concretas de un padre buscando a sus hijos entre los escombros porque sentíamos la necesidad de ser específicos, ya que los oficiales de la película hablan desde una perspectiva de absoluta deshumanización. Convierten a los palestinos de Gaza en cifras, en los que llaman Naza. Y hablan de ello sin pensárselo dos veces. Ya sabes: 15 Naza, 20 Naza, 50 Naza. Detrás de estas cifras hay vidas de personas que están siendo asesinadas.

¿Cómo ha sido el proceso para lograr un equilibrio entre revelar material puramente periodístico y construir una pieza cinematográfica, sin traicionar los elementos esenciales de ninguno de los dos estilos?

Es una pregunta muy buena y plantea uno de los desafíos que afrontamos, sobre todo debido al estilo cinematográfico de la película: no utilizamos narración ni gráficos informativos. Intentamos evitar que la obra tuviera el formato típico de un reportaje periodístico en video, como los que se ven en los informativos. Sin embargo, sabíamos que cualquier afirmación realizada en la película debía estar verificada por múltiples fuentes. De hecho, hubo personas que hablaron con nosotros para el proyecto, pero cuyos testimonios no incluimos finalmente porque no pudimos contrastarlos de forma independiente con otras fuentes. Esto implicó una gran cantidad de trabajo entre bastidores; aunque en la película aparecen 24 personas, a lo largo de tres años hablamos con más de 100 oficiales militares israelíes y otras fuentes confidenciales. Asimismo, el proceso conllevó una participación muy intensa de The Guardian —tanto de sus editores como de su equipo de investigación— para verificar los testimonios y las identidades de los participantes. Por otro lado, sabemos que, si bien en el periodismo lo que cobra mayor fuerza son los hechos que se revelan, en el cine y el documental, a veces, lo más impactante no es lo que se dice, sino lo que se calla. Es el silencio; son los momentos de confusión, de incomodidad o aquellos en los que ves a alguien hablar del asesinato de una familia con total naturalidad. Percibes en su tono de voz que es algo casual, algo rutinario. Hay tantos detalles específicos que solo pueden observarse y analizarse a través del cine. O la yuxtaposición entre lo que describen los soldados y la vida nocturna de Tel Aviv que transcurre a sus espaldas; algo que, a su vez, despierta reflexiones en el espectador. Así que este fue nuestro intento de crear algo que sirviera de punto de encuentro entre el periodismo de investigación y el cine.

¿Cree que tal vez podrán regresar a Israel después de las elecciones, o le preocupa que esto no sea posible debido a las amenazas?

Independientemente de si puedo volver o no, sé que seguiré siendo periodista y cineasta. Y seguiré escribiendo y trabajando en estos mismos temas; la única duda es si podré hacerlo desde mi casa o si tendré que hacerlo en el extranjero y tendré que vivir en algún otro sitio. No sé dónde, vamos a ver qué pasa.

AQ / MCB

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