Guionista y novelista, Ana Romero reconstruyó a retazos la aventura de la pionera del cine en México Mimí Derba, olvidada por ello, pero recordada como vedete, actriz y madre de Jorge Negrete en Dos tipos de cuidado, el último filme con que brilló justo el año de su fallecimiento: 1953. “Mimí Derba es una heroína en toda regla”, dice Romero (La Piedad, Michoacán, 1975) en entrevista, sobre por qué decidió novelar la vida de Herminia Pérez de León Avendaño (1893-1953) en Diva (Grijalbo, 2026). “Me parece tristísimo que haya sido tan olvidada porque el papel de Mimí Derba en el cine mexicano fue preponderante”, asegura la ganadora del Premio Nacional de Literatura Infantil Juan de la Cabada 2011 por Puerto libre. Cuentos de migrantes: una larga historia y seis ramas de un árbol.
Cuenta que Mimí Derba, junto con su amigo el camarógrafo Enrique Rosas, a quien conoció en Cuba cuando tuvo su primer papel importante en una zarzuela en 1911, fundó la primera empresa mexicana dedicada a la producción cinematográfica, que en 1917 estrenó la primera película de ficción del cine mexicano, En defensa propia, escrita, producida y protagonizada por Mimí Derba.
Azteca Films produjo otros cuatro títulos ese año, los primeros tres protagonizados por la actriz: Alma de sacrificio, La soñadora, En la sombra y La tigresa, este último dirigido por la misma Mimí Derba, con lo que devino primera directora de cine en México.
Ana Romero no se consuela cuando este reportero compara la historia de Mimí Derba con la de Alice Guy-Blaché (1873-1968), la primera directora y productora en la historia de la cinematografía mundial, quien para 1896 ya había filmado La Fée aux Choux, y para 1910 había fundado Solax Studio en Nueva York, casi al mismo tiempo que la industria del cine se asentara en Hollywood.
De Guy-Blaché, en 2018 se exhibió en México el documental Sé natural: la vida de Alice Guy-Blaché, de Pamela B. Green; y se conocen los libros Alice Guy-Blaché, una visionaria perdida del cine (2008), de la cineasta y documentalista Alison McMagan, y Alice Guy (Plon, 2015), que recién tradujo Circe (2025), el último trabajo de su colega francesa Emmanuelle Gaume, que ya le dedicó un documental: Elle s'appelle Alice Guy (2016).
Romero apunta que, en México, Alejandra Moya escribió, realizó y editó el documental de 34 minutos Mimí Derba (2000), producido por la Filmoteca de la UNAM en su serie Miradas al Cine Mexicano. “Un día me encontré un documental sobre Mimí Derba, que hizo Alejandra Moya, una documentalista mexicana muy buena. Me pareció lamentable que yo, que quiero tanto al cine, que soy guionista, que me gustan las historias de mujeres fuertes, no conociera la historia de Mimí Derba, que no supiera que fue la primera directora de cine en México, la primera guionista, la primera productora”.
Supo así que Mimí Derba fundó con Enrique Rosas la primera productora mexicana, Azteca Films. Investigó más. Se encontró con el libro de Ángel Miquel, Mimí Derba. Biografía de una artista (Universidad Autónoma del Estado de Morelos, 2024), y también con el Archivo de Documentación de la Cineteca Nacional, donde halló buena cantidad de documentos sobre esta pionera del cine mexicano. “Mientras más investigaba, más me atraían el personaje y su contexto. Necesitaba dedicarle una novela porque Mimí Derba fue un personajazo”, agrega la también autora de Venus triste (Grijalbo, 2023), la historia de María Teresa Landa, la primera ganadora de Señorita México en 1928 y autoviuda.
Romero se recuerda en su infancia, a la hora de la comida en familia, viendo películas de la Época de Oro del cine mexicano, entre ellas muchas de las más de sesenta en las que actuó Mimí Derba: Santa, Ustedes los ricos, Salón México, Flor silvestre, La casa de la zorra, El baisano Jalil o La malquerida.
“De ahí conocí a Mimí Derba, sobre todo en papeles de madre. Su cara es muy particular y su actitud, muy elegante. Un rostro que es imposible olvidar”, dice la novelista, poeta y guionista de cine.
¿Decidió que Diva fuera una novela desde el principio o un guion, ya que juega con eso?
Nació como novela. Y, por ser una persona real, tenía que ser histórica para no faltar a la verdad. Pero, mientras empezaba a escribir, descubrí que Mimí Derba necesitaba también una película, una película de aventuras donde fuera la heroína. Siendo guionista, quise aprovechar la situación y escribirle un guion para una película que nunca se filmó, pero que debió filmarse. Me gusta jugar, la literatura es un ente en constante movimiento, en el que hay incursión de otras disciplinas. Me pareció que un guion se adecuaba perfectamente a una cineasta, y para darle el papel de protagonista y heroína.
En su investigación y proceso de escritura, ¿cómo cambió su percepción de Mimí Derba?
Fue creciendo mi admiración por esta mujer que, en la época revolucionaria, logró tantas cosas como un hombre. Tendemos a pensar que el cine nació y luego se desarrolló como un asunto de hombres. Que el inicio haya estado marcado por una mujer, Mimí, me pareció un hecho sobresaliente. Además, Mimí venía de la zarzuela: era cantante, bailarina, un poco actriz, y escribía y hacía de todo, y no se le tomaba en consideración por ser mujer. Era, además, una diva, una vedete, de frívola no la bajaban. Escribió obras de teatro y un libro. Dos de sus hermanos murieron en la Revolución, y ella tuvo que sortear un montón de obstáculos que marcaron su vida. Soñó e imaginó que había otros mundos posibles y luego los construyó.
Menciona que no se le tomaba en consideración. Pero, a lo largo de su novela, Mimí Derba es una mujer a la que tomaban en cuenta para todo. Incluso podía ir sola al cine.
Digo que no la tomaban en consideración por las obras que escribía. Cuando trataba de escribir obras de teatro, cuando sacaba sus libros, la despreciaban. Eso era muy claro. Sus libros fueron un fracaso rotundo. Y se hablaban pestes de ella. Como venía de la zarzuela, consideraban que no podía escribir ni pensar. Lo que es un acontecimiento público es que ella estaba en los inicios del cine, y no se impedía la entrada a las mujeres. El cine era algo comunitario. Luego no sé qué pasó, el mundo cambió, México cambió, y el cine empezó a convertirse en un asunto de hombres.
Pasa algo similar con Alice Guy, que en su tiempo fue muy valorada. Pionera del cine, hizo las primeras películas de ficción en Francia, fundó su estudio de cine en Estados Unidos. Después su historia fue ignorada.
En la época del cine silente, las mujeres tuvieron gran preponderancia. Ya después, cuando se vio que la cosa daba para más, que el cine tenía grandes alcances que al principio no se imaginaban, se volvió un asunto masculino. La gente de teatro despreciaba intelectualmente a Mimí, no la de cine, porque era una industria que estaba naciendo.
¿Tiene algún plan de llevar su novela al cine?
Me encantaría. Es algo que Mimí también trató de hacer, que el gobierno diera apoyos para el cine. Creo que ahora eso está a punto de nacer; apenas se están dando nuevos apoyos.
¿Cómo conecta Diva con sus anteriores novelas?
Venus triste y Diva son mis dos únicas novelas históricas. En realidad, me dedico a escribir para niños y jóvenes. Venus triste ganó el premio de Novela Histórica Claustro de Sor Juana-Grijalbo y trata sobre María Teresa Landa, la primera Miss México, apodada “La Viuda Negra”, porque mató a su marido. Mimí Derba y María Teresa Landa son más o menos de la misma época y ambas fueron injustamente olvidadas. Mis preocupaciones son siempre las mismas: las mujeres, las muertes, los ancianos. Las obras de los autores se comunican pues quienes estamos detrás de las palabras somos las mismas personas. Todas las novelas tienen referencias a lo que somos y a lo que escribimos.
¿Qué le deja este recorrido por la vida de Mimí Derba, una mujer cuya historia encontró a retazos?
Me parece tristísimo que haya sido tan olvidada porque su papel fue preponderante. Que una mujer haya escrito, producido, protagonizado y editado En defensa propia, la primera película de ficción del cine mexicano, me parece un logro y me da una tristeza profunda que se le haya olvidado. Me parece relevante destacar que, en sus inicios, el cine era un producto hecho por un montón de personas. Era un producto artístico comunitario, en el que las mujeres, los bailarines, los músicos, los guionistas, participaban por igual. Estamos perdiendo este sentido de comunidad.
En ese sentido de comunidad y de la participación actual de las mujeres en el cine, ¿qué le deja haber reconstruido a todos esos personajes femeninos de su novela, en la que también aparecen María Conesa, las hermanas Limantour, la madre de Mimí, Jacoba Avendaño?
Me deja un sabor agridulce. A principios del siglo pasado, las mujeres tenían un lugar que luego perdieron y que hasta hace un par de décadas se está recuperando, y mucho tiene que ver el cine, el #MeToo. Me deja un sabor agridulce porque pareciera que estábamos mejor a principios del siglo pasado, y eso es muy lamentable. Celebro que las mujeres ya podamos hacer de todo. Es muy importante no olvidar que las artes, el cine, la novela, la música, la pintura, sirven como memoria para tener en mente que esto ocurrió. No es que sea imposible, es que puede crearse.
AQ / MCB