Cultura

‘La marca del jaguar’: dioses y leyendas en el cine mexicano

Cine

El largometraje animado de Víctor Mayorga aborda uno de los mitos más interesantes del imaginario mexica: el fin del Quinto Sol y el Fuego Nuevo, y nos hace ver la importancia de explorar la cosmovisión de nuestras culturas originarias en el cine.

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El pasado 26 de julio se proyectó en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF) la película La marca del jaguar, el primer largometraje animado del cineasta Víctor Mayorga, que después de presentarse en el Festival de Cine Mexicano de Los Ángeles, California, este domingo se proyectará en la Cineteca Nacional a las 13 horas.

Fui al estreno de la película con gran alegría. A Víctor lo conocí cuando tocó la puerta de la embajada de México en París y yo era jefa de la sección de Asuntos económicos y comerciales en dicha adscripción, corría el año 2019. En ese momento lo apoyé con un estudio de mercado para acercarlo a empresas e inversores del mundo del cine animado en Francia pues su proyecto me había parecido muy serio y prometedor. Eso fue hace siete años y Víctor llevaba ya varios años trabajando en su película. Me había mostrado algunos de los pasajes y contado con mucha emoción las entrevistas que realizó a dos grandes arqueólogos y antropólogos mexicanos —Eduardo Matos Moctezuma y Felipe Solís— para documentar su película de animación sobre algunos pasajes de la cosmogonía mexicana.

En efecto, La marca del jaguar nos transporta a uno de los mitos más interesantes del imaginario mexica: el fin del Quinto Sol y el Fuego Nuevo. La película toma como punto de partida la creencia de que los dioses otorgaron como regalo el sol a la humanidad. Sin embargo, al concluir un ciclo de 52 años, la oscuridad podía apoderarse nuevamente de ella; solo la renovación del fuego daría la posibilidad de que el mundo continuara existiendo y que el sol volviera a salir. Ahí aparece en escena —solo cuatro días antes de que la profecía se cumpla— el joven guerrero Xilactzin quien es acusado de robo y obligado a viajar al inframundo en busca de la reliquia ancestral y que decidirá el destino entre las fuerzas de la luz y las tinieblas.

Sus méritos cinematográficos son muchos: una película prácticamente hecha a mano, con escasos recursos financieros; una estética lograda sin excesos con formas estilizadas de los personajes y símbolos basados en los códices; colores vivos que magnifican los maravillosos paisajes de la gran Tenochtitlan; notas musicales que se entrelazan con el escenario visual. Pero más allá de estos méritos, la película consiguió plantear una muy importante reflexión sobre la industria del entretenimiento en México y sobre nuestra forma de acercarnos a nuestra propia historia.

Existen numerosos mitos en distintas partes del mundo relacionados con el fuego y su vínculo con la civilización humana, como Prometeo en la mitología griega, quien roba el fuego de los dioses para entregárselo a los humanos; Māui en la tradición polinesia, y en Mesoamérica el tlacuache y su robo del fuego para explicar cómo llegó a nuestras manos.

Víctor Mayorga rescata precisamente este elemento y lo convierte en el centro de una aventura fantástica. En una historia colmada por dioses y leyendas, el director recupera elementos que, pese a formar parte de uno de los patrimonios culturales más importantes de México, no siempre son reivindicados en su justo valor por la sociedad mexicana contemporánea.

Aquí se encuentra uno de los mayores valores de La marca del jaguar. La película toma un relato que podría encontrarse en un libro de historia o en un museo y lo transforma en una aventura para un público más amplio, donde el espectador no necesita conocer previamente quién es Tezcatlipoca o qué representa el Mictlán para poder seguir el argumento; puede simplemente sentarse frente a la pantalla y acompañar a Xilacatzin en su recorrido. Y descubrir a partir de ahí, que detrás de esta aventura existe una tradición cultural profunda y arraigada de nuestros ancestros.

Esto es sumamente significativo si observamos el lugar que otras mitologías ocupan actualmente dentro de la cultura popular en otros lares del mundo. La mitología griega o la nórdica han encontrado durante décadas un espacio en el entretenimiento y la cultura contemporánea. Zeus, Hércules, Odín, Thor y otros no pertenecen exclusivamente a textos mitológicos. Hoy en día son personajes reconocibles prácticamente en cualquier lugar.

No es difícil entender por qué. Las grandes industrias culturales han sabido encontrar en esas historias una fuente prácticamente inagotable de personajes y mundos fantásticos. De forma particular, podemos señalar la preponderancia que ha tenido la industria cinematográfica estadunidense para adaptar estas tradiciones mitológicas y enriquecerse al convertirlas en éxitos comerciales de alcance global, aun cuando estas adaptaciones no ofrecen una representación fiel a las tradiciones de las que toman sus elementos. Aquí podemos hacernos una pregunta sugestiva: ¿Por qué no se han explorado narrativamente —y desde una perspectiva propia— las mitologías de los pueblos mesoamericanos? Sin buscar afirmar la supremacía de unas tradiciones sobre otras, se debe reconocer la gran riqueza en la cosmovisión de nuestras culturas originarias, que han sido mucho menos exploradas en sus potenciales narrativos dentro del cine.

La marca del jaguar acerca a las infancias mexicanas y, en general, al pueblo de México a conocer quién fue Tezcatlipoca, qué era el Mictlán o por qué el jaguar ocupaba un lugar tan importante para los pueblos mesoamericanos. Resalta también, en comparación con mitos de otras latitudes, que este largometraje cuenta narrativas originarias desde una mirada mexicana, no desde una gran productora extranjera que retoma elementos de una cultura para construir una historia dirigida al mercado internacional. Víctor Mayorga es un cineasta mexicano decidido a contar una historia ambientada en el universo mexica y a construirla desde nuestras propias referencias culturales. Porque una cultura no solamente existe en sus monumentos, su arqueología o sus documentos históricos; también existe en las historias que cuenta sobre sí misma.

La película ya fue invitada a festivales tan importantes como el Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy (2025) y el Marché du film dentro del Festival de Cannes. Esperemos que esta importante acogida en el extranjero sea solo el preámbulo de la recepción que tendrá en las salas de nuestro país. En el Festival Internacional de Cine de Guanajuato su éxito se sintió en los aplausos vibrantes al final de la proyección, pero sobre todo en los niños que participaron entusiasmados con comentarios y preguntas al director y a su equipo.

Por todo esto, la calidad de La marca del jaguar no debería medirse únicamente por sus virtudes cinematográficas, que como comentamos son muchas, sino también en algo más allá de lo evidente: qué historias queremos que formen parte del imaginario mexicano de las próximas generaciones. Porque una cultura no permanece viva únicamente a través de los vestigios del pasado, sino también cuando ese pasado se integra en la manera de proyectar nuestro futuro.


*Con la colaboración de Marco Tulio Vázquez

​AQ / MCB

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Laila Porras
  • Laila Porras
  • Profesora en el Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales (Francia) y autora del libro: La Odisea rusa. Una historia economica de Rusia de la Revolución a la guerra en Ucrania, Aguilar, 2023.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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