La intensidad del amor —sus rupturas y traiciones— se concentra en la voz de Lila Downs. Cuando canta, todo se vuelve real.
La gente dice que La cantina, formada por canciones rancheras y corridos clásicos, es su mejor disco. Dama del folk mexicano y de la música tradicional. Cantante que fusionó todo. Mexicana-estadunidense: su bilingüismo surge entre tradiciones e innovaciones musicales. Arreglos rockeros, sonidos electrónicos de guitarra para canciones rancheras de Cuco Sánchez, como “Corazoncito tirano”, por ejemplo. En su versión a tono lento de “Fallaste corazón” la confesión, como el pájaro, encuentra su nicho.
El eco de México necesita la autenticidad, la profundidad y los interminables agudos de la voz de Lila Downs, vibrante y variada como la naturaleza mexicana. Placer en su música. Espíritu festivo. Voz evocativa y poderosa. De tan auténtica, resulta intimidante. Me atraen su indumentaria y su sensualidad. Trajes regionales y modernos. Su ropa se apropia de la mexicanidad, pero la hace suya transgrediendo lo pintoresco y dándole vida propia con sus creativas intervenciones de lo actual y callejero. Sonido para el sentimiento.
Lila Downs es el falsete melódico de México. Voz para desfallecer de sufrimiento: José Alfredo Jiménez representado en “Pa’ todo el año”, “Amarga Navidad”, “La noche de mi mal”. Entonación alegre en “Solamente un día”, que me recuerda de inmediato a “Solamente una vez”, de Agustín Lara; en el tema de Lila Downs y de Paul Cohen el día se vuelve eterno. Su interpretación de “Paloma negra” tiene una versátil y potente voz, y arpegios latentes en el corazón que la guitarra estremece. Fuerza y presencia en su canto hacen sentir todas las emociones.
AQ / MCB