Cultura

La elasticidad de una idea

Desde el desierto

Todo espacio que se abre por amor al pensamiento, al ejercicio corporal, se acerca al amor que surge al entrelazar fronteras, rostros y pensamientos distintos.

A José Luis Martínez S.

El cuerpo, ese que permanece sembrado en una habitación, buscando en páginas signos y razones incorpóreas, que examina el prisma de cada palabra objeto de su interés; es el mismo cuerpo que al alba, desea correr de nuevo diez kilómetros y subir rítmicamente pendientes de montañas. El mismo que añora enredarse en las barras asimétricas y ver la magnesia desparecer en cada vuelta en las palmas de las manos que sujetan la estabilidad. Eso es en parte la flexibilidad del deseo, de un ideal. Todo espacio que se abre por amor al pensamiento, al ejercicio corporal, se acerca al amor que surge al entrelazar fronteras, rostros y pensamientos distintos. Su respeto y su no manipulación.

La metamorfosis del entendimiento de la diferencia es saberse agilidad y, al mismo tiempo, atarse a una silla y escribir. Escribir y aceptar las consecuencias a las que lleva la lectura de la filosofía y de la palabra psicoanalítica. Y de la palabra ética que no pierde de vista a su propia sombra.

Pienso también en la particular forma de unir el mundo a través de esa mirada que lo abarca todo: abre finamente, con el filo de la observación, los espacios de este país en sus cuatro puntos cardinales y, desde ahí, acude a los distintos espacios del mundo. En consecuencia, podemos ver cómo esas esferas de múltiples patrias se movilizan en lo real e irreal de la imagen estética-reflexiva. Las señales de lo que dentro de ellas se expande, de lo que se flexibiliza, solo puede reconocerla un cuerpo afín, capaz de dialogar con lo distinto, percibe sus vientos entrecerrando/afinando ojos, callando la voz. Ese cuerpo es el mismo que, cuando toma una encomienda, la conduce hacia el agua y la vuelve flor. Toda labor que se le dé o tome ese cuerpo, deviene en miel, en movimiento; no en agua estancada.

En ese pensar, surge el cuadro Los filósofos (The Philosophers), pintado por Dorothea Tanning (1952). En él se aprecia una mesa, una ¿cena? Nada está quieto. Los cuerpos y rostros parecen no encontrar límites: se desbordan, se prolongan, pierden sus bordes claros, como si el pensamiento no cupiera en la piel ni en la mirada, El gesto cotidiano se vuelve raro: un vaso con agua —o cristal, quién sabe— pasa de mano en mano y, en ese tránsito, el mundo se afloja. Los rostros no sostienen una máscara estable, sostienen su vibración. Y ahí ocurre algo decisivo: el pensar filosófico pierde su ritualidad y su seriedad para volverse elástico, inaprensible, dinámico. El brazo femenino alargado —que reina al centro— no es solo forma, es una frase extendiéndose; una idea que se estira hasta tocar lo imposible. Como si el cuadro dijera que el pensamiento es músculo que se contrae, fatiga y vuelve a intentar.

Y después de contemplar el cuadro pienso: “imagen, por favor extiéndete más en el tiempo, juega con el color que tensiona, con ese brillo que viene de un artefacto extraño. Juega con la esencia que brota de los cuerpos y le transfieren la elasticidad del brazo a la idea; como la elasticidad del amor, que todo alcanza sin llegar a ser dominio ni imposición, es expansión”.

Silencio y amor, como lo refleja el siguiente fragmento del poema titulado “Aproximaciones” de Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 1956-1958): El amor dibuja en mis ojos el cuerpo anhelado / como un lanzador de cuchillos / tatuando en la pared con temor y destreza / la desnudez inmóvil de la que ama. Y eso es —exactamente eso— lo que se busca: la elasticidad de un cuerpo traducida en palabra; lucha por la libertad y vida de una idea. Idea que cruza y se mantiene rítmica, circulando en una esfera, donde los amaneceres del cuerpo, del editor que corre, de la “poeta que corre”, se cruzan. Así como las albas y las nubes de narradores, fotógrafos y cineastas, ideas palpables que conforman la corporalidad elástica del arte, de los creadores que se reconocen, sin necesidad de decirlo, que se saben dentro de un mismo camino de la creación.

Pienso, también, en los hombres y mujeres N’dee, en su silencio, elástico y púrpura, nos guían de regreso al camino de la belleza y la armonía ancestral.

La elasticidad es, entonces, una espía del propio cuerpo, se convierte en idea incontrolable por su viveza, por su deseo. La elasticidad es vida y lucha constante de la creación libre de dogmas, sabe que, una idea se va oscureciendo si se aniquila esa destreza de la mirada. De esta forma una idea proveniente del amor que enseña a respirar distinto, a correr distinto.

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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