Cultura

“Rulfo, un autor de culto y, a la vez, masivo en el imaginario colectivo”: Roberto García Bonilla

Al margen

A 40 años de la muerte del escritor de ‘Pedro Páramo’, presentamos esta conversación con uno de sus estudiosos más destacados sobre lo que para él representaron la fotografía y el cine.

Autor de Un tiempo suspendido. Cronología de la vida y la obra de Juan Rulfo, que le llevó alrededor de diez años de trabajo, el doctor en Letras Roberto García Bonilla publicó también El siglo de Rulfo. Fotografía y cine en su vida y obra (Conahcyt, 2024), sobre el que conversamos con él en el marco de las conmemoraciones por el 40 aniversario luctuoso (murió el 7 de enero de 1986) del narrador que fue asimismo un destacado fotógrafo y un guionista sobresaliente en el cine mexicano, autor entre otros guiones de La fórmula secreta y El gallo de oro (que algunos especialistas consideran realmente una novela). Este es, pues, un diálogo sobre Rulfo con uno de sus lectores más acuciosos.

¿Cuándo y por qué comienza su interés por la vida y obra de Juan Rulfo?

Cuando leí los cuentos de Rulfo en la Preparatoria, me conmovieron. La novela la leí hacia los veinte años, y enfrenté una agitación contenida; entonces también la personalidad de Rulfo configuró, sin saberlo en ese momento, un modelo de escritor. Y fue en la Universidad que surgió mi interés ahondar en la obra, entender y explicar, sobre todo, la novela de una manera más formal, pero la verdad, me llevaría no pocos años en asimilarla. Creo que fue hasta que terminé la investigación Un tiempo suspendido. Cronología de la vida y la obra de Juan Rulfo (Conaculta, 2ª edic. 2009) que llegó la calma, antes leer sus textos me producía inquietud y azoro; distintos al sacudimiento que me produjeron autores como Dostoievski.

¿Cuánto tiempo le llevó investigar y escribir Tiempo suspendido? ¿Por qué decidió estructurarlo como una cronología?

Ocupé alrededor de diez años; desde que me propuse una cronología que mejorará las que había leído. La idea de una cronología surgió porque yo necesitaba, en el curso de un trabajo académico, datos precisos sobre la vida del escritor; la ambigüedad en torno a la vida de Rulfo, prevalecía. Aún no se habían publicado las seis biografías y los textos biográficos que aparecieron a partir de 2003. La cronología me interesó para estructurar acontecimientos, épocas, personas y personajes de ficción, a partir del tiempo medible en horas, manteniendo una secuencia escritural. Con la posibilidad de incluir hechos pretéritos en una narración circunscrita a la vida del escritor, sin perder la narración, consultable de manera, fragmentaria —en hechos y fechas concretas— o continua: como una biografía del personaje y su entorno. Una cronología, por lo demás, puede leerse desde diversos enfoques temáticos o disciplinarios; establece referencias en la Historia y su decurso. Hoy en día el tiempo se encapsula más y más; en esa misma proporción como sujetos pensantes y sociales, nos aislamos. Creo que la cronología en cualquier disciplina es necesaria; para empezar, contextualiza, nos sitúa en diversas realidades.

¿Cuánto tiempo le llevó realizar El siglo de Rulfo. Fotografía y cine en su vida y obra?

Realicé este libro en dos momentos: inicialmente tome una cuarta parte —los dos últimos capítulos, de mi tesis doctoral—, sobre la fotografía y el cine en Rulfo había leído en desorden diverso textos durante años, y para la tesis, en rigor, me ocupe unos dos años —entre supuestos y reales hallazgos—, entre otros textos y trabajos editoriales. Al transformar en esos capítulos en libro el texto se triplicó en extensión, me ocupó casi la totalidad de diez meses, además de los añadidos y reescritura en el proceso editorial, unos tres meses más. Trabajo con enorme lentitud, pero la entrega en fechas impostergables, me sirvió para no eternizarme, algo muy frecuente, a nombre del texto ideal, que es una ilusión o un engaño; solo se alcanzan aproximaciones. Solo unos cuantos, los verdaderos escritores, imposibles, llegan a la cima; ellos son la referencia.

Aclaro: este libro está lejos de ser un estudio exhaustivo. El mayor problema de la investigación no es escribir, sino alcanzar los registros, las extensiones, los ritmos, las conclusiones idóneas: una totalidad equilibrada. Estos aspectos son prescindibles para la academia universitaria, que prioriza los protocolos metodológicos, el “estado de la cuestión”, los “productos terminados”.

El siglo de Rulfo, libro de Roberto García Bonilla
Portada del libro ‘El siglo de Rulfo. Fotografía y cine en su vida y obra’, de Roberto García Bonilla. (Conahcyt)

¿Cuáles son las principales aportaciones o hallazgos en este libro sobre la relación entre Rulfo y la fotografía y el cine, tema que ha sido abordado en otros libros y ensayos?

Sin proponérnoslo, nos detenemos ahí, en el estado de la cuestión: en efecto, la fotografía y el cine en Rulfo se han abordado en múltiples textos, ensayísticos e investigaciones académicas, de manera creciente, en el último cuarto de siglo. Ha habido polémicas silenciosas, invisibles sobre los enfoques de análisis e interpretación. A lo largo de los años he tratado de estar al tanto de las novedades al respecto. Es imposible leer todo. En diversas partes del mundo se han publicado más y más textos —en particular, sobre la fotografía— consultables en internet. Y a partir de la pandemia (2020-2021) la accesibilidad de textos, en este caso académicos, aumentó de manera sustancial.

Yo no me propuse un texto total —abarcador sobre todas las vertientes—; quise dejar un panorama global sobre los temas centrales —fotografía y cine en Rulfo—. Hice un recorrido de la historiografía respectiva; es posible que no haya abarcado textos importantes y haya referido textos irrelevantes. Eso depende de los enfoques y las perspectivas. Incluso el azar entra en juego: en cierto momento, uno busca un tema y antes llega a otro que se impone, adquiriendo mayor relevancia que el original.

Aparecieron hallazgos para mí, que acaso no los son para usted u otras lectoras y lectores: en suma, creo que la fotografía de Rulfo como producto estético y antropológico puede apreciarse como un relato, entendido como una construcción (in)estable y versátil de cualquier imagen que rebasa lo visual, tornándose sensorial. Y la obra de Rulfo, entre tantos, tiene dos elementos que la caracterizan: la elipsis (la omisión de elementos y factores en la narración que se deducen por contexto…) y la sinestesia (percepción cruzada de sentidos). Es revelador como se puede percibir la presencia o el vacío del silencio en las entrelíneas de sus textos y en los claroscuros de sus fotografías. Sé que este aserto es abstracto y cuestionable…

La aportación de este título es que integro las dos disciplinas que abordo de manera complementaria, a la luz de enfoques críticos y opiniones diversos. Me aproximo a la integración del ensayo literario, siempre a partir de distintas voces que, de manera subyacente, pueden discrepar y conjugarse.

En su estructuración y estilo es un texto híbrido que dejó al final a un autor integral como creador diletante en el más profundo de los sentidos. Me propuse situar al escritor y fotógrafo en su entorno gremial y contexto sociocultural. Asumo que el prestigio de la literatura se impone al del cine; por ende, este siempre está en desventaja ante los críticos y las grandes audiencias. Muestro, asimismo, que la crítica, en especial, fue severa al apreciar las adaptaciones sobre los textos de Rulfo, un autor de culto y, a la vez, masivo en el imaginario colectivo.

Creo que casi todas las adaptaciones al cine contribuyeron a un mayor conocimiento de la obra literaria. El mejor ejemplo actual es el Pedro Páramo de Rodrigo Prieto; la crítica no ha sido, en particular, benévola con esta realización. Aun así, es innegable que Pedro Páramo ganó lectores dentro y fuera de México. Creo que Prieto optó por ceñirse al texto original, sin hacer una calca. Aun con los detalles en los que tuve reparos, en mi opinión esta realización es digna, escrupulosa y con una enorme producción, tomando en cuenta, además, la complejidad del estilo del escritor jalisciense. Y me sirvió, también, para revalorar la versión de Carlos Velo (1967). Finalizaré por el principio: establezco, de manera esquemática, la difícil relación histórica entre literatura y escritura cinematográfica y cine; han convivido entre la proximidad y el conflicto. Es natural: cada disciplina funciona con objetivos muy distintos. Establezco detalles básicos como el tipo de adaptaciones y desde ahí me sitúo frente a sus variables. No podemos olvidar que los recursos y medios de la literatura y el cine son distintos.

A lo largo del libro doy señales y detalles de la influencia vigente que Rulfo tiene en el cine. Se puede advertir como biografía, obra y entorno sociocultural están imbricados en el trabajo creativo de Rulfo: un ejemplo puntual lo encontramos en el trabajo documental de Juan Carlos Rulfo, al cual dedico un apartado. Una contribución de este texto, finalmente, es la inclusión de una filmografía sobre películas basadas en la literatura de Rulfo y su escritura cinematográfica; incluyo en el apéndice, asimismo, una extensa cronología sobre la obra y las publicaciones de Rulfo; la referencia fue Un tiempo suspendido.

Su libro se divide en dos partes, la primera trata de la afición de Rulfo por la fotografía. ¿Puede contarnos un poco cómo surge esta afición y qué piensa del trabajo fotográfico del escritor?

Creo que Rulfo fue un autor muy auditivo y desde el oído creó múltiples imágenes visuales; que alimentó cuando empezó a tomar fotografías en sus caminatas y su ascenso a cerros, por ejemplo, el Petacal, desde donde observaba el Llano Grande. El alpinismo y la fotografía fueron actividades inseparables para él. La fotografía de Rulfo, considero, se asienta en principios de creación estética, en una necesidad por recuperar vestigios del México rural (paisajes, personajes anónimos, arquitectura colonial, y la vertiente como un gran retratista). Y también encontramos al penetrante fotógrafo de la Ciudad de México con sus nacientes rascacielos; en sus fotografías en las estaciones de ferrocarriles funde una labor antropológica, una testimonio de la ciudad —donde el mundo rural y el citadino depauperados se encuentran— y un trabajo estético: por ejemplo, sus fotos de las vías de trenes, desde las alturas, pueden verse como cuadros abstractos; me parecen las fotografías más experimentales de Rulfo, quien con la cámara deja ver, también, su inclinación hacia el coleccionismo en diversos sentidos. El fotógrafo Juan Rulfo, en suma, integra: historia, creación, antropología y una profunda memoria afectiva.

La segunda parte de su libro habla de su paso por el cine mexicano. ¿Puede decirnos cómo comienza su relación con el cine y qué piensa de su trabajo como guionista en una industria que ha tenido grandes momentos, pero también caídas notables? ¿Qué piensa de “las películas” de Juan Rulfo?

De manera formal, Rulfo ingresa al mundo del cine en 1955 en la filmación de La escondida, invitado por Roberto Gavaldón a colaborar como supervisor de verosimilitud histórica (tomará fotografías a María Félix y Pedro Armendáriz). Todas las colaboraciones de Rulfo como escritor cinematográfico son atípicas: el primer texto que escribió fue para El despojo (1960). Jorge Ayala Blanco señala que las diez secuencias publicadas (1980) son una “reconstrucción” porque el texto jamás se escribió. Este cortometraje de Antonio Reynoso forma parte del cine experimental que emergió en medio de la decadencia de la época de oro. En ese momento la ebullición sociocultural era plena. Rulfo conocía bien el ámbito de los escritores cinematográficos como José Revueltas, Mauricio Magdaleno, Josefina Vicens, Juan de la Cabada, Matilde Landeta o Emilio Carballido. Dos personajes que trabajaron en guiones sobre sus textos literarios, son Carlos Fuentes y García Márquez. Rulfo ambicionaba ser colaborador de las adaptaciones de sus textos, así como desarrollar temas e ideas para el cine y, al mismo tiempo, ser remunerado en proporción a su prestigio.

El cine universitario e independiente, con algunas excepciones, ha sido el más idóneo para Rulfo como guionista: La fórmula secreta de Rubén Gámez es un hito, un ejemplo conmovedor del México profundo y de nuestra historia social afectiva, en medio del caos, la ternura y la violencia. La colaboración de Rulfo con Emilio “Indio” Fernández en Paloma herida entraña, todavía, algunos misterios y contradicciones. ¿Fue taquígrafo, coargumentista o adaptador? El guion, con todo, tiene resonancias rulfianas inocultables. La escritura cinematográfica de Rulfo aún está por resituarse en el contexto, global, de la historia de nuestro cine y de la influencia de Rulfo. Directores como Carlos Reygadas, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y González Iñárritu (quien incluye un homenaje a Rulfo en Bardo) han señalado la presencia de Rulfo en su trayectoria. Y fuera de México, realizadores como Werner Herzog han observado su admiración por el escritor y fotógrafo jalisciense.

¿El gallo de oro es, más que un guion, una novela, como han defendido algunos especialistas?

El gallo de oro es el texto cinematográfico más extenso que escribió Rulfo, a partir de la escritura de una novela que se llamaría El gallero; la desintegró para escribir el argumento que le pidió Manuel Barbachano. Rulfo dijo —a Luis Leal— que el mismo realizó el script, aunque le comentaron, el productor y el director, que mucho material no podría utilizarse. Recordó que “El material artístico de la obra lo destruí”. Lo cierto es que el original que Rulfo entregó no existe; puede inferirse que fue el que destruyó; mientras que el texto publicado en 1980 “sería la versión original —ha señalado José Carlos González Boixo—, que contendría ese material artístico”. Entre los detalles ambiguos en torno a El gallo de oro, es que Ediciones Era lo haya publicado como guion de cine, ante la aceptación tácita del propio escritor. La estructura del texto corrido —y no en dos columnas o con indicaciones técnicas y de parlamentos— manifestaba que no es un guion; Milagros Ezquerro, Heber Raviolo, Jorge Rufinelli y el propio González Boixo, señalaron —por separado, a principios de los ochenta— que la versión que el texto era una novela y no un guion, aunque en ese momento la crítica especializada de cine y de literatura no abundaron. Fue extraño ante la (re)definición del texto. Después de treinta años en 2010, el texto coordinado por la Fundación Juan Rulfo y publicado por RM, apareció como novela con previos estudios analíticos de José Carlos González Boixo (“Valoración literaria de la novela”), Douglas J. Weatherford (“Texto para cine”) y Dylan Brennan (La fórmula secreta). Mi sorpresa fue que al cotejar ambas versiones —la de ERA con la de RM— encontré cambios tipográficos —como espacios, puntos y aparte, asteriscos—, pero con excepción de unos tres cambios de palabras, el texto es el mismo.

¿Cómo ha sido su relación con la familia Rulfo al realizar sus investigaciones?

Con la familia Rulfo siempre he tenido un trato cordial; incluso llegué a tener un trato cercano con Juan Pablo Rulfo, quien llegó a invitarme a Jalisco cuando Juan Carlos estaba filmando el documental El abuelo Cheno y otras historias. Después, la Fundación Juan Rulfo tuvo diferencias conmigo, y no al contrario. Después de ciertas aclaraciones, me mantuve al margen. Reitero, con la familia Rulfo siempre he tenido un trato cordial y respetuoso, prueba de ello es que Juan Carlos Rulfo me facilito imágenes de sus documentales y de su padre para el encarte del libro que ahora nos ocupa.

¿Piensa continuar sus investigaciones en torno a Rulfo? Si es así, ¿cuál es el tema que ahora le interesa indagar?

Más bien quiero concluir investigaciones sobre Rulfo iniciadas, dos de ellas hace cerca de dos décadas. Realizo investigación de manera independiente, no estoy adscrito a ninguna institución académica o de investigación. Y por razones laborales y existenciales, he dejado suspendidos tres libros, que quiero concluir: uno es una suma de unas trescientas citas en torno a Rulfo, que son opiniones de críticos, académicos, personajes y contemporáneos del escritor: Voces encontradas. El segundo es una serie de entrevistas que realicé a especialistas sobre la obra de Rulfo, en México y España. La mayoría de esas entrevistas (que en diversos casos son textos escritos por los mismos estudiosos), están inéditas. Y, finalmente, quiero recuperar los capítulos de la tesis doctoral —centrados en la infancia, la juventud del escritor y en sus dos libros célebres— y convertirlos un libro con un tono y ritmo ensayísticos. Este es un propósito central; espero tener circunstancias para concluir estos libros, uno de los cuales ya tiene editor.

Hay otros temas que me interesan mucho, relacionados con la fotografía. Y en torno al cine me gustaría obtener el permiso para publicar un guion utilizado en alguna de las adaptaciones de textos de Rulfo, ahora que se está resituando el lugar de los guiones, los argumentos —incluso, los que no llegaron a filmarse—, ahora que se está considerando el guion, incluso, como género literario. Aunque no olvidemos que esta idea no es nueva: en 1949 la Comisión Nacional de Cinematografía publicó el guion de La otra, autoría de José Revueltas y Roberto Gavaldón.

AQ / MCB

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.
Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto