Una distopía rusa gobernada por hologramas y mesianismo; la crónica de una redada hippie; un ensayo sobre posthumanismo; una celebración literaria del futbol; y una reflexión sobre imaginación y realidad… descubre los libros que recomienda Laberinto esta semana.
El Kremlin de azúcar
Un trozo de azúcar con la forma del Kremlin, símbolo del nuevo Estado ruso, es el fetiche que une a las quince estampas de este libro, publicado originalmente en 2008, del escritor que ahora vive en Berlín tras la invasión a Ucrania. La pared de fondo es el futuro distópico, 2028, de un país que se ha atrincherado tras una gran muralla y está gobernado por un líder que se cree tocado por la divinidad. Los hologramas y robots campean a su gusto por una sociedad “neomedieval”.
Redada en una fiesta hippie
Fue hace poco más de cincuenta años: un joven organizó una fiesta a la que acudieron estrellas del cine y el espectáculo, músicos, pintores, gente de teatro y del cotilleo social. Eran casi ciento cuarenta que de pronto se vieron sorprendidos por la policía, que decomisó mariguana y LSD mientras aún sonaba un rock estruendoso. Esta es la crónica de aquella noche y el retrato de una generación que quería burlar los candados morales impuestos por el autoritarismo y las buenas conciencias.
La herencia de Nimrod
El narrador y ensayista define al posthumanismo como “una corriente filosófica que pretende indagar si el ser humano es una mera etapa en la evolución”. Al amparo de esta noción, convoca a seis escritores cuyas obras parecerían heraldos de una era en la cual lo humano se hace a un lado para darle paso a su heredero, una fusión de máquina y carne o la pura inteligencia artificial: Lovecraft, Mishima, Jünger, Houellebecq, Joyce Carol Oates y Pablo Soler Frost. El viaje es intelectualmente perturbador.
Puro futbol
El aficionado ideal al futbol debería ser como Galeano cuando pide simplemente “Una linda jugadita, por el amor de Dios” y gozar un buen partido sin importar quiénes se enfrenten. Pero, en fin, el llamado juego del hombre no está libre de pasiones. El libro se divide en los dos tiempos de rigor, el entretiempo, el alargue y los penales y en sus páginas el autor uruguayo recuerda la historia del futbol, que también es un negocio, y ofrece retratos de jugadores célebres.
La tiranía de la realidad
Durante el siglo XIX la filosofía positivista, que está indisolublemente unida al capitalismo, implantó que solo lo real es lo que existe y ese principio sigue vigente hasta nuestros días. La “realidad” es un buen punto de arranque para planear nuestra vida, pero debe serlo de un modo flexible. La imaginación y los sueños ayudan a equilibrar el principio de realidad y eso es lo que expone Chollet apoyándose en Flaubert, Bachelard y Stevenson, entre otros.
MCB