Cultura

Emmanuel Carrère: entre el pudor y el narcisismo

Café Madrid

La visita de Emmanuel Carrère a la UNAM ofrece una mirada a las tensiones entre la experiencia propia y las vidas ajenas.

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Ahora que lo pienso, mis aficiones literarias se dividen en etapas. Hubo un tiempo en el que toda mi admiración era para Ryszard Kapuscinski. Pero cuando su biógrafo, Artur Domoslawski, demostró que el autor de Ébano “arreglaba” sus historias para que tuvieran un “mayor efecto literario” se me cayó el mito. Luego idolatré a Gay Talese y volví a tropezar con la misma piedra: The Washington Post reveló que el último sobreviviente de la generación del Nuevo Periodismo reprodujo una sarta de mentiras en su libro El motel del voyeur (y quién sabe si también en otros). Así que después de tan enormes decepciones, para una nueva etapa me refugié ya no en uno, sino en dos escritores de realidades (la verdad es que ya leo poca ficción).


Me refiero a Patrick Radden Keefe (ahora mismo estoy sumergido en su nuevo y magistral libro, El hijo del oligarca) y a Emmanuel Carrère. El primero es la actual estrella de la revista The New Yorker (donde realizan una exhaustiva verificación de datos y a eso me aferro para no tener otra desilusión) y el segundo es uno de los escritores franceses del momento que narra la vida de otros y la de sí mismo con una prosa seductora y enervante (aunque a veces me da la impresión de que echa mano de algunos “artificios literarios”, es decir, que su apego a la verdad puede llegar a ser cuestionable). Llevo un tiempo leyendo todo lo que escriben y todo lo que se escribe acerca de ellos.

Hace unas semanas, por ejemplo, terminé Koljós, el relato familiar de Emmanuel Carrère que arranca con el funeral de Estado de su madre, Hélène Carrère d’Encausse, primera mujer al frente de la Academia Francesa y especialista en la historia de Rusia. Al reconstruir su genealogía, el también cineasta se adentra en algunos conflictos del siglo XX, de Tiflis a París, de Rusia a Ucrania. Pero, claro, dada la importancia de su madre en la vida intelectual francesa, lo más interesante es la descripción de su severa y polémica personalidad, así como su historia conyugal y la de sus antepasados (su padre fue un colaboracionista de los nazis).

Emmanuel Carrère hizo una parada en México después de una intensa gira sudamericana (no se pierdan en YouTube el diálogo que tuvo en el enorme e imponente Salón de Actos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires con la periodista Leila Guerriero, o la sesuda entrevista que le concedió a CNN-Chile) y por eso el otro día me fui temprano al Centro Cultural Universitario de la UNAM para escuchar su conferencia. Hacía frío y llovía, pero eso no impidió que decenas de personas hicieran fila desde primera hora de la mañana. Eran estudiantes, profesores, periodistas, escritores consolidados (Enrique Serna, por ejemplo) o una señora que cargaba todos los libros de Carrère en una enorme bolsa. Sí, el autor francés es todo un rockstar en varios países de Occidente.

Ante una Sala Miguel Covarrubias repleta, el hombre enjuto y arrugado que en cada libro se debate entre el pudor y el narcisismo dijo que en sus obras se propone que su propia experiencia resuene en los demás. “En el fondo, hay libros que son más del orden de la exploración interior y otros que están volcados hacia afuera, hacia los demás, hacia momentos y fenómenos históricos”, señaló. Pero, ¿qué tiene que tener una persona para que decida ocuparse de ella? “Necesito que cuente algo, que toque alguna cuestión universal y que, al mismo tiempo, tenga un eco íntimo para mí”, dijo, y puso como ejemplo al que es tal vez su libro más famoso: El adversario, la historia de un hombre que mató a su familia cuando estaba a punto de descubrir que no era quien decía ser. “Tardé mucho en aceptar la idea de que aquello despertara semejante eco en mí. Me daba una especie de vergüenza. Pero comprendí que la impostura y el miedo son rasgos muy humanos”.

Llevo años asistiendo a sus conferencias, en este y en el otro lado del charco, pero es la primera vez que le he escuchado reconocer un fracaso. Resulta que a lo largo de un año se puso a investigar la vida del matemático británico Alan Turing, precursor de la informática moderna. “Es una figura fascinante, pero había muchas cosas matemáticas que, al no ser yo un especialista, se me hacían muy difíciles y, en el mejor de los casos, iba a tratarlas de manera superficial. Así que opté por abandonar el trabajo”, explicó. Eso también es algo muy humano.

AQ / MCB

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Víctor Núñez Jaime
  • Víctor Núñez Jaime
  • Es reportero y escritor. Sus trabajos, en todos los géneros periodísticos, se publican en los principales medios del mundo hispano. Es autor de libros como Los que llegan. Crónicas sobre la migración global (Debate) y ha sido galardonado, entre otros premios, con el Internacional de Periodismo “Mario Vargas Llosa”, el Premio a la “Excelencia Periodística” de la Sociedad Interamericana de Prensa o el “Rey de España” que otorga la Agencia EFE. Escribe en Laberinto desde hace dos décadas.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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