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  • Edgar Morin: una conciencia crítica

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Edgar Morin, 1921-2026. (AFP)

Testigo de los grandes conflictos del siglo XX y crítico de las simplificaciones ideológicas, Edgar Morin dedicó su vida a comprender las contradicciones humanas.

La desaparición de Edgar Morin marca el fin de una fascinante trayectoria intelectual. Pocos pensadores encarnaron de manera tan profunda las contradicciones, tragedias y esperanzas de su tiempo. A los 104 años Edgar Morin deja una obra inmensa, traducida a decenas de idiomas y estudiada en universidades de todo el mundo, pero también un ejemplo de compromiso ético que atravesó toda su vida.

Nacido en París en 1921 bajo el nombre de Edgar Nahoum, en el seno de una familia judía originaria de Salónica, Morin fue testigo y protagonista de algunos de los acontecimientos decisivos del siglo XX. Muy joven se comprometió con la lucha antifascista durante la Guerra Civil española y más tarde participó en la resistencia francesa contra la ocupación nazi. Militante comunista en su juventud, rompió con el dogmatismo estalinista y fue expulsado del Partido Comunista Francés en 1951.

A partir de entonces inició una fecunda carrera intelectual que lo convertiría en una de las grandes figuras de la sociología y la filosofía contemporáneas. Su principal aportación fue la elaboración de la teoría de la complejidad, una propuesta para superar las fragmentaciones del conocimiento y para comprender la realidad en su totalidad, sus interdependencias y sus contradicciones. Esta reflexión alcanzó su expresión más acabada en El Método, una obra monumental de seis volúmenes en la que buscó articular las ciencias naturales, las ciencias sociales, la filosofía y la reflexión ética en una misma visión del mundo.

Morin defendió siempre la necesidad de un diálogo entre disciplinas y culturas, convencido de que los grandes desafíos de la humanidad no podían comprenderse desde perspectivas aisladas. Su influencia trascendió ampliamente el ámbito académico. Recibió innumerables distinciones internacionales y su pensamiento inspiró programas de investigación, cátedras universitarias e instituciones educativas en numerosos países.

Pero Edgar Morin no fue solamente un gran intelectual. También fue una conciencia crítica. A lo largo de su vida tomó partido por las víctimas de la injusticia, los pueblos sometidos y quienes sufrían las consecuencias de la violencia y la dominación. Entre las causas que defendió con mayor vehemencia se encuentra la del pueblo palestino.

En 2002 publicó, junto con Danièle Sallenave y Sami Naïr, un artículo en el diario Le Monde que denunciaba la represión ejercida por el gobierno de Ariel Sharon contra los palestinos y reflexionaba sobre las contradicciones morales que podía generar una memoria histórica convertida en instrumento de legitimación política. Cito un párrafo del texto: “Es la conciencia de haber sido víctima lo que permite a Israel convertirse en opresor del pueblo palestino. El término Shoah, que señala la victimización judía y trivializa a todas las demás (las del Gulag, los gitanos, los negros esclavizados, los indios de América), se convierte para los palestinos en la legitimación del colonialismo, del apartheid y de la guetización. [...] Al inicio del sionismo, la formula ‘un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo’ ocultó el poblamiento de dicha tierra por el pueblo palestino. El derecho de los judíos a una nación ocultó el derecho de los palestinos a su nación”. Los autores comentan que, en ese contexto, “la falsa asimetría oculta la evidencia de que el derecho y la justicia están del lado de los oprimidos. Pone en el mismo nivel a los dos campos, cuando uno hace la guerra al otro que no tiene los medios de defenderse y no opone más que actos esporádicos de resistencia o de terrorismo”.

El texto provocó una intensa polémica. Las organizaciones Francia-Israel y Abogados sin Fronteras (Francia) los acusaron de difamación racial y de apología del terrorismo. Sin embargo, numerosas personalidades francesas salieron en su defensa, subrayando que sus palabras formaban parte de un legítimo debate político e intelectual. Tras un largo proceso judicial, la condena pronunciada inicialmente por el Tribunal de Apelación de Versalles fue anulada por el Tribunal de Casación, máxima instancia judicial francesa. Durante el juicio, Edgar Morin no tomó la palabra para defenderse y esperó el veredicto. Más tarde confesó el profundo dolor que le produjo haber sido acusado de antisemitismo. La acusación resultaba particularmente absurda para quien, siendo judío, había combatido el nazismo en la resistencia francesa y había dedicado su vida a combatir todas las formas de odio, racismo y exclusión.

Hasta los últimos años de su vida, mantuvo intacta su preocupación por el destino de la humanidad y su compromiso con las víctimas de la injusticia. Frente al genocidio abierto que el Estado de Israel comete en Gaza desde octubre de 2023, reafirmó que no tomaba partido por un campo nacional o religioso, sino por los que sufren. En una época marcada por la polarización, los fanatismos y las visiones simplificadoras, su legado recuerda que la complejidad constituye una exigencia intelectual indispensable.

Con la muerte de Edgar Morin desaparece una de las grandes conciencias del siglo XX y del primer cuarto del XXI, pero queda su obra y el ejemplo de su vida para seguir iluminando a quienes se resisten a aceptar un mundo gobernado por el racismo, el odio y la indiferencia.

Laila Porras

Autora de los libros ‘La odisea rusa. Una historia económica de Rusia de la revolución a la guerra en Ucrania’ (Penguin Random House, 2023) y ‘Palestina/ Israel. Una mirada a la historia’ (Penguin Random House, 2025).

AQ / MCB​

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Laila Porras
  • Laila Porras
  • Profesora en el Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales (Francia) y autora del libro: La Odisea rusa. Una historia economica de Rusia de la Revolución a la guerra en Ucrania, Aguilar, 2023.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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