Cultura

Con cualquier otro nombre | Un relato de Dorothy Dean Walton

Historias del cafetín del barrio

El Little Tokyo Café es una isla de tranquilidad, una estampa mágica japonesa que impone orden en el caos, tan lejos del bullicio de los restaurantes de la calle a dos cuadras de distancia.

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Little Tokyo Café, Río Niagara 32, Colonia Cuauhtémoc, Ciudad de México.

“Estás en un barrio llamado Little Tokyo”, me dice la dueña del café, sin saber que llevo más de 25 años viviendo en la zona. Entré soñando con comer un delicioso ramen —caliente, salado, suave.

No sirven ramen. Sin embargo, puedo comer unos chilaquiles verdes, tomar un café late servido en una delicada taza de cerámica sin asas, o saborear un pastel de té matcha espolvoreado con diminutos pétalos de rosa.

“Tienes restaurantes japoneses y coreanos de primera calidad por aquí”, dice Ana, la dueña, “la embajada japonesa al final de la calle, un ambiente oriental”.

Cierto, sobre todo ahora que todo lo japonés o coreano —incluido el K-pop— se ha puesto de moda en la Ciudad de México. Y ahora, a la vuelta de la esquina de mi casa, este encantador lugar, amigable para el trabajo fuera de casa, ideal para cualquier sibarita, tanto los que vivimos por aquí como los que son nómadas digitales.

Pero siempre había conocido mi barrio como la colonia de los ríos, cada calle con el nombre de un río distinto del mundo. Río Niágara, la que está paralela, Río Nilo, luego el Ganges, y no muy lejos, en dirección opuesta, el Sena.

En 1999, llegué a una isla en medio de ellos y me refugié. El Café del Arrabal, un local uruguayo en Río Lerma, el primer café de estilo europeo del barrio, me acogió durante los últimos estertores de un matrimonio que se desintegraba.

Me mudé a la zona para estar cerca del café. Me sentaba a pensar durante horas bajo los ficus gigantescos, en una de las mesas de granito. El silencio me tranquilizaba y, más tarde, la música de tango, en el interior, mientras los años pasaban, casi sin que me diera cuenta.

El tiempo —y la competencia— barrieron esa cafetería. Río Lerma ahora bulle de taquerías y marisquerías, cantinas, bares deportivos a todo volumen, mujeres con pantalones cortos color naranja haciendo publicidad en sus puertas.

El Little Tokyo Café es una isla de tranquilidad, una estampa mágica japonesa que impone orden en el caos, tan lejos del bullicio de los restaurantes de la calle a dos cuadras de distancia como el propio Japón.

La paz aquí es muy parecida a la que recuerdo de antaño. Pero podría haber conocido mi barrio con cualquier otro nombre que no fuera Little Tokyo.

Posdata: El Little Tokyo Café cerró poco después de ocurrida esta historia.


*Dorothy Dean Walton formó parte del consejo editorial de poesía de la revista The Chicago Review. Escribe ficción, guiones para cine y no-ficción creativa.

** Estos relatos también pueden encontrarse, tanto en inglés como en español, en el blog Third Place Cafe Stories (https://www.thirdplacecafestories.com).

AQ / MCB

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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