Una vez concluido el Mundial de futbol es importante detenerse para reflexionar acerca de algunas enseñanzas que esta edición nos dejó. Todo el mundo pudo constatarlo: el futbol se ha convertido en mucho más que un simple deporte, en gran parte por el fervor que genera, el cual rima, en un mundo gobernado por el dinero, con grandeza. Y ese es precisamente el término adecuado: este torneo quiso ser grandioso, con un número récord de países participantes, de beneficios generados y de audiencia televisiva en los cuatro rincones del planeta. Entonces, ¿qué debemos recordar de este hecho deportivo? Destacaríamos cinco hechos característicos.
1. Tres países organizadores, una cultura futbolística completamente distinta y tres rostros bien diferenciados.
Canadá optó por la sobriedad, pero sin la eficiencia organizativa esperada, con una ceremonia de apertura malograda por problemas técnicos y desinterés del público canadiense. Esta falta de entusiasmo por el futbol se hizo obvia en las calles de Montreal el día de la victoria de su selección frente a Sudáfrica, en contraste con la algarabía que rodea a las noches de hockey sobre hielo de los Canadiens de Montreal.
Estados Unidos quiso trasladar su concepción del deporte a la americana, con una organización orientada hacia los ingresos generados por los partidos (boletos, hoteles y transporte a precios exorbitantes, sin olvidar las famosas “pausas de hidratación”). Los espectáculos al estilo americano en el medio tiempo son otro ejemplo de ello: su duración casi se duplicó durante la final (27 minutos en lugar de quince) para supuestamente atraer a aficionados en su mayoría europeos y sudamericanos. En realidad, estos últimos siempre han acudido al estadio para ver futbol y cantarle su amor a su selección nacional, no para escuchar los últimos éxitos de Madonna y Shakira, que quizá les importan poco en esos momentos.
México, por su parte, mostró una vez más (tercera edición en este país) al mundo entero lo que representa el futbol en esta nación: una gran fiesta teñida de música, tradiciones, apertura a los extranjeros y convivencia con gran algarabía.
2. Por primera vez en la historia de la Copa del Mundo, la nacionalidad se convirtió en un criterio de discriminación, e incluso de exclusión por razones geopolíticas. Como prueba de ello, ese árbitro somalí a quien se le negó la entrada al territorio estadunidense y que, por lo tanto, no pudo ejercer su oficio pese a sus reconocidas cualidades, habiendo sido elegido mejor árbitro africano por la CAF en 2025. O el trato infligido a la selección iraní por parte de la FIFA, que en ningún momento pudo beneficiarse de las mismas condiciones logísticas y de calendario, a pesar de la cálida y salvadora acogida que le brindó el pueblo mexicano. ¿Cómo no señalar el: Irán, hermano, ¡ya eres mexicano!?
3. Choques tan hermosos como inesperados, como Argentina-Cabo Verde en dieciseisavos de final, que le dio la razón a esta edición sobre la ampliación a 48 países participantes (contra 32 en las ediciones anteriores). Pero también partidos poco atractivos, siempre debido a este nuevo formato, con estadios a media entrada, como en Guadalajara para Corea del Sur-República Checa. El sentimiento, por lo tanto, está dividido respecto a este nuevo formato, cuyo interés deberá analizarse de manera objetiva, tanto desde el punto de vista deportivo como económico.
4. El futbol no es una ciencia exacta, ¡pero siempre ganan los mismos! Las selecciones cuyas federaciones, gracias a su cultura futbolística forjada a lo largo de más de un siglo, han invertido en infraestructura, centros de formación y detección de talento, cosechan los frutos. El número de equipos europeos en cuartos de final lo demuestra: seis de ocho posibles. Esto deja poco espacio para sorpresas en cuanto al vencedor final, con cuatro equipos en semifinales ubicados del primero al cuarto lugar en el ranking FIFA.
5. La cita de Oscar Wilde “El futbol es un deporte de caballeros practicado por rufianes y el rugby es un deporte de rufianes practicado por caballeros” se reveló, lamentablemente, cierta esta vez. El comportamiento del equipo argentino durante la final lo demuestra. No contentos con haber practicado un juego duro, al límite del reglamento, sancionado con una tarjeta roja que llegó bastante tarde, mostraron una verdadera mediocridad durante y después del partido, siendo que algunos de ellos son auténticos iconos en su país y admirados en el mundo. El juego apático que ofrecieron se explica en gran parte por el dominio técnico español. Pero sobre todo se recordará la mezquindad de Messi cuando el jugador español Cucurella le habló rozándose la boca con la mano, la reacción violenta de Paredes hacia dos jugadores españoles porque no soportó verlos expresar su alegría y finalmente el hecho de que los argentinos dieran la espalda al equipo triunfador durante la premiación, olvidando que se trata de un deporte donde se supone que el fair play es el rey. Este comportamiento de la Albiceleste refleja la imagen de quienes gobiernan ese país: el exceso, sin clase ni respeto. Se espera volver a ver pronto a esa selección magistral que tanto nos hizo soñar en el pasado, con jugadores increíbles como Maradona, dotados de un humanismo que se sumaba a cualidades futbolísticas fuera de serie —a imagen de ese maravilloso país que es Argentina y que siempre ha sabido triunfar ante la adversidad.
Para terminar, podemos decir que ganó el mejor. No solo el mejor equipo, sino la mejor actitud: la de los jugadores de Francia e Inglaterra, reunidos tras un partido delirante por el tercer lugar, celebrando juntos la decepción de no haber llegado a la final, después de haber ofrecido un espectáculo y emociones que solo el futbol puede brindar. También se recordará la fortaleza de la Furia Roja, que no cedió ante las múltiples provocaciones argentinas y se mantuvo fiel a su esquema de juego, con un profesionalismo ejemplar. Esta selección de España, reflejo de su país, ofreció la mejor versión de un esfuerzo colectivo al servicio del buen futbol y de causas justas, como su apoyo al pueblo palestino, expresado sin exuberancia. Finalmente, como bien lo resumió el diario deportivo español Marca, es la justicia la que triunfa en este torneo y nos devuelve las ganas de soñar con un mundo mejor, a pesar de una época en la que el afán de lucro tiende, con demasiada frecuencia, a imponerse sobre la razón. Gracias a la Furia Roja por haber triunfado sobre la mediocridad con elegancia y por habernos dado tanta alegría.
AQ / MCB