el mero corazón de estar
rojo alzado sobre el viaducto
para fildear un orden de nueve posiciones musicales
la piedra de los jardines desiertos
bajo la pizarra de las cervezas tropicales
anuda las series indelebles
de un diablo niño
que hacia dentro y hacia afuera describe las curvas
madura en soledad
da oídos al vuelacerca en la radio de transistores de su padre
sube al primer piso del parque
cuando la tanda ya es legal
el mero corazón en una franela roja
para atajar la lluvia de pelotas de más de cien costuras
antes que el celaje paternal hasta el cráneo
disuada la ilusión por obrero mundial
hasta el cadalso de las lamentaciones
porque nadie le dio a la nariz a doña blanca
un solo cepillazo
que la audacia del mago
convirtió en jonrón
inaprensible
Este poema forma parte de un libro en preparación.
AQ / MCB