Cultura

De Abraham, Lot y Jesús | Tres minificciones de Carlos Martín Briceño

Ficción

Minificciones inspiradas en personajes bíblicos, retomados desde la irreverencia, es lo que en esta ocasión nos ofrece el escritor yucateco, autor de libros como ‘Los secretos vivos’.

Milenio M logo
Únete al canal de Milenio  

Abraham

“Toma ahora a Isaac, tu único y amado hijo, ve a la tierra de Moriah y ofrécemelo allí en holocausto sobre uno de los montes que te señalaré”.

Abraham, siguiendo el mandato de su Dios, se levantó muy de mañana, enalbardó a su asno, tomó consigo a dos siervos suyos y al inútil de Isacc que yacía inconsciente en su lecho con una desconocida —otra más—, tras la tremenda juerga del día anterior, ignorante de lo que le esperaba.

Aunque confundido, Abraham marchó gustoso pensando, ilusamente, que por primera vez aquel caprichoso Dios que todo lo manipulaba, le había dado, al fin, una orden justa.

Lot

…que por nada del mundo ni él, ni su familia, mirasen hacia atrás, bajo pena de convertirse en estatuas de sal, le ordenaron los ángeles.

Por eso cuando en medio del caos por la lluvia de fuego que caía a raudales, lograron huir al monte alto, lo primero que Lot hizo fue preguntar a su mujer que si no le daba curiosidad saber qué sucedía a sus espaldas.

Ya libre, Lot miró a sus hermosas hijas —vírgenes, rozagantes— y las conminó a secar sus lágrimas porque de ellos tres, dijo, dependía la continuidad de los siervos de Dios en la tierra.

Jesús

Jesús era un hombre nuevo. La cárcel lo había transformado. Durante los diecisiete años que pasó tras las rejas por haber matado en riña al líder de una banda rival, tuvo la oportunidad de conocer la palabra de Dios. Al principio se avergonzaba de este hallazgo, pero la calma que le producía era superior al efecto de cualquier porro nevado. Así, con el paso del tiempo, tuvo la certeza de haber escogido el camino correcto.

—Dios no ha venido a llamar a justos, sino a pecadores arrepentidos —repetía con insistencia el cura durante sus homilías dominicales.

Y Jesús, que nunca se perdía una misa, estaba seguro de que este mensaje iba destinado especialmente para él. Por eso, el día en que creyéndose otro abandonó finalmente el penal, mientras se dirigía a su barrio para anunciarle a su familia la buena nueva, la ráfaga de metralla que acabó con su vida la sintió, quizás, como una lluvia de bendiciones caídas directamente del cielo.

AQ / MCB

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.
Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto