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La escena del arte

El México de la década de 1980 y el México de hoy tienen problemas similares sin resolver.

Un vistazo a los diarios y revistas de 1985 basta para trazar similitudes dolorosas a 30 años de distancia. El México de la década de 1980 y el México de hoy tienen problemas similares sin resolver, como puede leerse en las publicaciones resguardadas en la Hemeroteca Nacional. Figura, por ejemplo, la propuesta de crear una Secretaría de Cultura hecha por Fernando Gamboa, el director más brillante que ha tenido el Museo de Arte Moderno (MAM), quien aparece citado el 14 de septiembre de 1985: “Es hora de aferrarnos a la cultura […]. Ante el desorden actual tendrá que crearse la Secretaría de Cultura”. En ese momento, Gamboa recibió un homenaje por su “trabajo como museógrafo e impulsor de artistas plásticos en los últimos cincuenta años [y] se detiene a analizar la situación del arte y la cultura en este, nuestro país en crisis”, informaba Proceso, el semanario de Julio Scherer. Ese mismo 1985 se cuestionó el nulo avance de las autoridades tras el asesinato del periodista Manuel Buendía después de que denunciara los entretelones del narcotráfico; se hicieron públicos los nexos en Sinaloa entre traficantes y políticos; la impunidad en Veracruz, donde los caciques mataban pero deseaban la paz.

En el terreno del arte destacaban las columnas de Raquel Tibol y Teresa del Conde. Esta última iniciaba su conocida sección y apoyaba especialmente, como también lo hizo Juan García Ponce, a los cuatro hermanos Castro Leñero. Una anécdota refiere al pintor Roberto Parodi, cuya galería en la colonia Juárez quedó dañada por el temblor, según cuenta Mauricio Sandoval, ganador del V Encuentro Nacional de Arte Joven 1985. Se hacían visibles, además, los grupos feministas asociados al performance, como Polvo de Gallina Negra, fundado en 1985 por Mónica Mayer y Maris Bustamante. La comunidad gay se manifestaba en actos artísticos y marchas; morían Pedro Coronel y Rodolfo Nieto y surgía Julio Galán, de personalidad compleja, sin temor a presentarse como homosexual. La crítica argentina Lelia Driben comenzaba a escribir, apoyada por el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, Melecio Galván: el artista secreto. Ana Mendieta moría al caer de la ventana de su departamento. Se realizó la I Bienal de Poesía Visual, y Barro Rojo y otros grupos lanzaron la práctica de la danza urbana, hermoso y poético hecho callejero que a muchos nos resanó el ánimo. Colectivos de otras disciplinas surgieron con este objetivo, en especial en la colonia Roma, una de las más afectadas.

Arte y olvido

En su polémico Arte y olvido del terremoto, Ignacio Padilla, ganador en 2008 del Premio Luis Cardoza y Aragón de ensayo sobre arte, señalaría la breve y escasa manifestación del arte surgido del sismo. Según Padilla, pocos artistas reaccionaron ante el temblor y su exhibición descarnada de la corrupción a la mexicana: Antonio Luquín, Enrique Metinides, Gabriel Orozco, Rubén Ortiz, Eloy Tarcisio, Sergio Toledano y Germán Venegas, la mayoría menores de 30 años, además de la Compañía de Luz y Fuerza y Semefo. No sé si la discusión propuesta por Padilla sea acertada pues, a diferencia de la inmediatez de la gran crónica sobre el sismo —que Padilla no valora porque no tiene la sustancia de una obra de arte—, el arte refleja la angustia de una época que el periodismo, aunque sea literario, capta con menor profundidad.

José Chávez Morado

Solo un artista de la vieja generación realizó lo que podría ser el último mural de la escuela iniciada por José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. En 1989, José Chávez Morado terminó su mural sobre el sismo de 1985, iniciado en 1988. Creado para el vestíbulo del Centro Médico Nacional Siglo XXI, mostraba a los habitantes de la Ciudad de México empeñados en el rescate de los heridos. Algunos letreros señalaban la hora y día del terremoto —“7:19 Hs, 19 Sept. 1985” —, el número de gente salvada: “2300”. En otro fragmento, un grupo de manifestantes exhibe pancartas con reclamos: “Casa. Agua. Luz”, “Salud. Trabajo. Cultura”, “Escuela. Libros. Deporte”. A fines de de la década de 1990 no era raro que hubiera una espléndida obra de arte, como el mural de Chávez Morado, en una institución médica tan simbólica como el Centro Médico.

Fernando Gamboa y Siqueiros

La idea de “decorar” formalmente 112 hospitales y sitios médicos fue del imprescindible intelectual, museógrafo, diplomático y funcionario Fernando Gamboa, quien comenzó como profesor de dibujo y participó activamente en la vida pública y cultural de México desde la década de 1930 hasta su muerte en 1990. Como señala Ana Elena Mallet, curadora de la exposición en el MAM que en 2009 celebró el centenario de su nacimiento, el proyecto comenzó “Al darme cuenta quién había sido la figura polémica, el héroe nacional que rescataba obras artísticas en Bogotá o que se enfrentaba al golpe de Estado en Chile, rescataba obras y anteponía su vida antes que perder el patrimonio nacional; pero también estaba la figura del dictador artístico que determinó el rumbo de la política cultural que seguimos sufriendo o manteniendo hasta nuestros días”. En 1965 el escritor Agustín Yáñez, entonces secretario de Educación Pública, nombró a Gamboa director artístico del proyecto Mural en Instituciones Médicas. Solo 40 murales fueron realizados o incorporados, como el de David Alfaro Siqueiros, pedido en 1957 a un Diego Rivera ya enfermo de cáncer: Apología de la futura victoria de la ciencia médica sobre el cáncer (1958). Realizado en acrílico sobre tela plástica y triplay, de 70 metros cuadrados, fue protegido del sismo por el Centro Nacional de Conservación de Obras de Arte (CNCOA), que mandó desmontarlo en la colonia Doctores y colocarlo sobre bastidores, y que fue reinaugurado en 1988, en el Centro Médico. Renato González Mello y Leticia López Orozco, entre otros, han contado este episodio del arte nacional.

Una gran ironía

Recordemos que Siqueiros quería “pintura nueva en arquitectura nueva”. Como se sabe, el Centro Médico fue, en tiempos de Adolfo Ruiz Cortines, la “culminación de la primera etapa de la arquitectura nacionalista hospitalaria mexicana”. El artista quería crear conciencia social, e irónicamente, con sus falsas cifras mortuorias, el sismo provocó que su Apología… desapareciera por tres años.

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