Cultura

La Era que 'era' cuando el Estado no 'era' enemigo del libro

Teatro

Es curioso que en las páginas de Ediciones Era donde se criaron, ideológicamente, quienes habrían de construir su mundo ideológico y emocional buscando la justicia social, progresista y de izquierda, hoy se tilden de elitistas y burguesas

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Recuerdo a un periodista que dijo, respecto a una revista cultural a la que profesó manía, que si no podía mantenerse con la compra de sus propios lectores, no merecía vivir. Más allá de que ese personaje perteneció a algunas publicaciones periódicas, de que fracasó haciendo su propia revista subvencionada gracias a su influencia desde las izquierdas, habría que señalar que fue uno de los corruptos asesores en la cultura de ultraderecha del PAN, hoy acomodado en el nuevo statu quo. Ninguna revista, como ningún diario, vive de sus lectores sin publicidad comercial y estatal. Son simples matemáticas porque el lector no paga ni el papel que tiene en las manos. Las editoriales independientes tampoco viven de vender libros (aunque ese ingreso represente una o dos patas de la mesa) sino de hacer proyectos y coediciones con el Estado en el entendido de que su incidencia es vital para dinamizar el pensamiento en general o una cierta área especializada.

Es curioso que en las páginas de Ediciones Era donde se criaron, ideológicamente, quienes habrían de construir su mundo ideológico y emocional buscando la justicia social, progresista y de izquierda, hoy se tilden —en palabras de Lorenzo Meyer en entrevista con Julio Astillero— de elitistas y burguesas. La 4T salió de ahí, de ahí mamó y sustentó discursos y edificios ideológicos. Su rescate debiera convertirse en política de Estado extendida hacia el mundo editorial a menos de que lo que se busque sea retroceder a tiempos prevasconcelianos.

La crisis editorial en México, donde desaparecen librerías y editoriales independientes a una velocidad atroz, debiera encender las alarmas en el gobierno a menos de que sea uno de sus propiciadores o se sienta cómodo con ello. Sea consciente o no, el Paladín del libro ha resultado su sepulturero centralizando qué se edita y qué no en un país donde las múltiples plumas no pueden —ni deben— responder a un solo criterio ni tendencia ideológica o gusto artístico. México tiene hoy, lamentablemente, un índice de lectura de 0.5 libros leídos por año por sus ciudadanos. ¿Qué va a hacer, presidenta Sheinbaum?

Traspunte

Hay más proyectos librescos frustrados

Sólo en el terreno de las artes escénicas, en lo que va de la 4T, han desaparecido estas editoriales independientes: Escenología, Anónimo Drama, Libros de Godot, Teatro Sin Paredes y, que recuerde, Libretos de la Capilla. ¿No debiera haber una política de Estado que defendiera el libro en general y el especializado en particular para las personas que forman en sus escuelas? Efilibro, por lo pronto, es un despropósito.



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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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