Cultura

En su ingreso a El Colegio Nacional, Alejandro González Iñárritu asegura: “El cine es el arte más cercano a la vida”

El director mexicano ingresó de manera oficial al Colegio Nacional y lo hizo nervioso; lloró, se conmovió y confesó que se había resistido a la invitación de Juan Villoro “como gato boca arriba”.

Con la lectura del discurso La alucinación consensuada, Alejandro González Iñárritu (Ciudad de México, 1963) ingresó de manera oficial a El Colegio Nacional, convirtiéndose en el primer cineasta en lograrlo.

“La invitación para formar parte de este honorable Colegio Nacional no sólo me honra, me conmueve profundamente, mi voz lo denota, y también me asusta un poco. Confieso que durante un par de años me resistí, como gato boca arriba, a la generosa insistencia de Juan Villoro que aceptara siquiera proponerme como candidato”, dijo Alejandro González Iñárritu con una gran sonrisa.

El cineasta estuvo rodeado de su esposa María Eladia Hagerman, sus hijos Eliseo y María Eladia, colegas y miembros de El Colegio Nacional en un evento al límite de su capacidad.

Foto: Araceli López
Foto: Araceli López


“Pero el motivo de mi resistencia fue la prudencia, prudencia porque la sensación de sorpresa se mezcla con la humildad y uno debe de pensarlo dos veces antes de aceptar una responsabilidad así. Especialmente cuando acepté y me dijo Juan que tenía que dar este discurso de mínimo 40 minutos. Eso fue lo más difícil de todo. Es más difícil que escribir una película porque es muy difícil explicarse a uno mismo”, agregó.

Con sus lentes negros de pasta, cabello enredado, pero elegantemente vestido como siempre, reconoció a muchos de sus compañeros como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Luis Mandoki, Everardo González, Fernando de Fuentes y un largo etcétera.

“Aún hoy no estoy convencido de poseer los méritos necesarios para ocupar un lugar entre un grupo de mentes tan brillantes como las que tengo aquí adelante. Mis argumentos no se conjugan en verbos, no estoy dispuesto a de todo un nombre de palabras. Todo lo que digo yo es en imágenes, en planos, en encuadres y silencios incómodos. Ese es mi lenguaje y entiendo que es precisamente esa diferencia, esa anomalía la que motivó por primera vez en la historia de este honorable colegio la invitación a un cineasta”, señaló el director de Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades.

Durante el discurso habló de su amor al cine, dijo que México es una potencia visual; recordó sus inicios, a sus padres y el poder de la imaginación. Durante su discurso proyectó imágenes de sus películas.

“Quién hubiera pensado que a mi edad me iban a volver al colegio que me corrieron de casi todos (risas). Quiero pensar que al elegirme, más allá del reconocimiento a mi trabajo personal, ustedes han reconocido también a un oficio y a una tradición. Debemos continuar siendo cine mexicano, necesitamos exhibirlo, me da mucho gusto que haya una iniciativa para dar subsidios, para seguir produciendo lo que hacemos también”.
Foto: Araceli López
Foto: Araceli López

González Iñárritu también mencionó a su familia cinematográfica y amigos como el escritor Guillermo Arriaga, Martín Hernández y Rodrigo Prieto, entre otros.

Al hablar de los cientos de miles de desaparecidos en México, la voz se le quebró y estuvo a punto de llorar ante el tema: “Que puta tragedia. Es el terror mío de todos los que amamos a este país”, aseguró, y transmitió poderosas imágenes de Bardo, su película más personal.

El "negro" tuvo una noche que ni Hollywood le hubiera concedido; donde como niño, el cineasta, recordó la razón por la que se dedicò al cine; su país, los migrantes ; pero sus historias, trabajos para alzar sus películas y anécdotas fueron suficientes para que El Colegio Nacional vibrará en emociones y aplausos.

"El cine es el arte más cercano a la vida: ambos dependen de la luz y de avanzar a tientas entre lo que apenas alcanzamos a ver. Es una alucinación consensuada. Una luz que ha enriquecido y ha expandido nuestra experiencia humana al habernos permitido ser otra persona por un par de horas, vivir experiencias que no hemos vivido y llorar por gente que nunca hemos conocido, que jamás ha existido tampoco, ir al cine es pagar para que nos mientan, toda película es una mentira luminosa, es soñar con los ojos abiertos el sueño de otro”.

Finalmente, Alejandro González Iñárritu opinó que “la IA puede hacer y hará pirotecnias visuales de primer nivel, pero detrás, no hubo nadie que amara, sufriera, tuviera hijos, afectos, perdidas, ni se equivocara jamás. Es la belleza de un vacío aterrador. La ilustración de la banalidad muy representativa de una sociedad que apenas logra a ver la naturaleza como un mero recurso y al ser humano como un recurso de capital inferior y reemplazable. Qué soledad tan perfectamente producida. Sigamos, humanos, haciendo cine con humanos para humanos”.

Foto: Araceli López
Foto: Araceli López

Iñárritu, un expedicionario singular

Celebremos a un expedicionario singular. Alejandro González Iñárritu está con nosotros y con él llega el hechizo de la luna”, dijo el escritor Juan Villoro al responder al discurso de Alejandro González Iñárritu en su ingreso a El Colegio Nacional.
“En la formativa del Colegio Nacional me toca la placentera pero difícil tarea de responder al discurso de González Iñárritu. Voy a leer un texto que se llama El hechizo de la luna. Nunca acabaremos de entender lo mucho que nuestra especie le debe a la luna”, agregó el autor.

Durante la lectura, Villoro habló del trabajo de Iñárritu y de cómo los grandes autodidactas eligen un camino propio para ser maestros.

“Más complejo es este camino y más exigente que el de las academias. Ajeno a todo requisito escolar, González Iñárritu aceptó esta noche algo inusual: ingresar con entusiasmo a un colegio (risas)".

A lo que más tarde, Alejandro González Iñárritu respondería: “¡Hasta me dieron un diploma!”.

Juan Villoro abordó el tema de la película más personal del cineasta: Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades.

“González Iñárritu volvió a salir de su zona de confort cuando sintió el síndrome de Ulises. Podía seguir haciendo películas de éxito en Estados Unidos, pero asumió un riesgo superior: la odisea de volver a casa”.

Para el escritor, Bardo aborda “con excepcional sentido plástico algunos de los principales quebrantos del país: los desaparecidos, los migrantes, la indecisa identidad nacional. Obra a un tiempo testimonial e íntima, Bardo puso en tela de juicio a su creador”.

Y agregó que el protagonista de la película justamente es un cineasta que vive fuera del país, a quien le reprochan que solo regrese a recibir premios y cuestionan su derecho a hablar de una tierra que ya no es la suya.

“Como Fellini, González Iñárritu se retrata de cuerpo entero y no evade sus sombras. No vemos una ilusión en la pantalla, sino los entretelones necesarios para que esa ilusión exista. González Iñárritu se atrevió en Bardo a trasladar su tensión interna al protagonista. Como Orson Welles, Woody Allen, Ingmar Bergman o François Truffaut, cineastas que abordan sus contradicciones con creativa autorreferencia, se retrató para retratar su entorno. Ofreció sus señas particulares y el fresco de un país roto, en guerra consigo mismo, donde toda mirada, incluida la del cineasta, puede ser un agravio”.

Finalmente, Juan Villoro afirmó: “El 28 de diciembre de 1895, los hermanos Lumière presentaron diez documentales breves en el Grand Café de París ante un público no más numeroso que el que hoy se reúne en El Colegio Nacional. Lo que entonces era una innovación técnica se transformaría en el arte que esta noche llega por primera vez a nuestro recinto. A pesar de la legión de espléndidos cineastas mexicanos, El Colegio Nacional no había incluido en sus filas a la profesión que permite estar en la luna sin despegar de la tierra. González Iñárritu lo ha dejado claro en su discurso. En su nombre no ingresa una persona, sino un oficio”.


hc

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Vicente Gutiérrez
  • Vicente Gutiérrez
  • vicente.gutierrez@milenio.com
  • Periodista desde hace 25 años y especialista en temas culturales, la industria del entretenimiento y cinematográfica. Por su experiencia y conocimiento, también ha participado en temas de política y de negocios. Es reportero de cultura en Milenio y locutor en “La Taquilla”, programa de Radio Fórmula 104.1 FM.
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