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Lunes , 22.04.2019 / 23:34 Hoy

Revisa historiador el olor de Monterrey en siglos XVIII y XIX

Por medio de un libro, Enrique Tovar Esquivel explica cómo la ciudad ha sufrido por diversos tufos, generando toda clase de pandemias.
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¿A qué huele una ciudad?, quizá sea difícil imaginarnos que respiraban los regiomontanos hace poco más de 100 años, pero gracias a los archivos se advierte que los olores no eran nada agradables.

Si en la actualidad la contaminación atmosférica está generando enfermedades respiratorias, en los siglos XVIII y XIX la situación no era muy distinta para los habitantes de la ciudad.

En el libro Malos olores. Aromas corruptos, malsanos hedores y otros virulentos humores en la historia de los regiomontanos (Ed. UANL/INAH), el historiador Enrique Tovar Esquivel explica cómo la ciudad ha sufrido por diversos tufos generando toda clase de pandemias.

Pero ¿cómo se puede investigar el olor de una ciudad?, la respuesta está en los archivos, apunta el investigador del Centro INAH Nuevo León.

"Cuando algo huele bien nadie se queja, pero cuando se tratan de malos olores, los archivos municipales están llenos de datos. El olor en sí no puede ser documentado, pero sí los materiales que los producen, y ahí está la clave", señala Tovar Esquivel.

Historia de un olor

La historia comienza con el encuentro que tuvieron los colonizadores españoles y portugueses con los indígenas nativos, cuyos rasgos, incluido el olor, no pasaron desapercibidos para el cronista Alonso de León.

"Decían que los indios olían mal, pero era simplemente que tenían un olor distinto, como seguramente los nativos lo pensaron de los colonizadores", agrega el historiador.

Los mataderos de animales en pleno centro, acequias con agua estancada y el depósito de orina y excremento en las calles, hacían que el aroma en Monterrey no fuera el más agradable.

Un episodio histórico también quedó marcado en la memoria de los regiomontanos gracias al hedor.

La guerra contra Estados Unidos en septiembre de 1846 generó una peste a la que hoy podemos acceder gracias a los testimonios de soldados depositados en archivos.

"Por el fragor de la guerra no había tiempo de enterrar debidamente a los muertos. Los soldados norteamericanos dejaron testimonio del hedor en la ciudad, hay muchos relatos donde se menciona", indica el historiador.

En la actualidad, los regiomontanos padecemos de enfermedades respiratorias agravadas por la contaminación atmosférica. Aunque a otro nivel, no es la primera vez que esto sucede, situación que en años anteriores provocó la transformación urbana de Monterrey.

"La ciudad se fue transformando a causa de las quejas por los olores de los rastros, fábricas, las acequias abiertas al aire libre. No se trata de hoy perfumar el olor de los humos emitidos por las fábricas, sino que hay que luchar por reducir los contaminantes", expresa Tovar Esquivel.

El libro Malos olores. Aromas corruptos, malsanos hedores y otros virulentos humores en la historia de los regiomontanos puede ser adquirido en la Casa Universitaria del Libro UANL.

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