“Yo percibo al zapoteco como una lengua muy triste. Es como cuando una madre consuela a su hijo; es un intento de continuar la vida desde el sufrimiento. También tiene su parte nihilista, no es solamente flor y canto, también es dolor y mortandad”, dice Guillermo Correa Lonche.
El historiador y profesor egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia presenta L’chul will’en / Sol eclipsado. Poesía en lengua zapoteca y español, que recibió mención honorífica en el Premio Antonio García Cubas 2026 en la categoría Libro en Lenguas Originarias.
Para Correa Lonche, la poesía también es una forma de preservar una lengua que considera amenazada. “El zapoteco es el miedo a desaparecer completamente, a perderse uno mismo o el miedo a perder a la gente querida. Es un discurso muy parecido a un consuelo constante”, agrega.
En 2024, el manuscrito Sol eclipsado recibió el Premio CaSa en poesía zapoteca en Oaxaca, y ahora está publicado por MC Editores.
“En esta obra me inspiré en los mitos que me transmitían de chico mi familia materna y lo que hice fue darles un toque poético. Está ambientada en el siglo XVI, en la cultura zapoteca, y tiene que ver con esta particular visión de la cosmogonía de la Sierra Norte de Oaxaca, particularmente en el pueblo de Yalalag”, cuenta.
Para él, muchas costumbres arraigadas en la mentalidad de los zapotecos de ese lugar preservan modos antiguos, ancestrales, previos a la Conquista.
“Hay un poema donde hablo de la inquietud de mis antepasados por relatar cómo había entrado una nueva era en la cosmovisión zapoteca: la destrucción del sol y la llegada de otro nuevo. Los habitantes de ese momento tuvieron que migrar hacia cuevas, lugares oscuros, porque no iban a soportar ver la luz de ese sol. Es una simbología que te traslada a las prácticas del mundo prehispánico zapoteca”.
L’chul will’en / Sol eclipsado destaca por sus imágenes, un flip book en sus páginas. “El editor Miguel Carranza tuvo mucho interés en proyectar ese pasado ancestral en un aspecto visual actual. En la portada y contraportada aparecen imágenes relacionadas con códices donde estamos viendo cómo el sol está jalando a la luna y, en la cosmovisión zapoteca, el sol se ciega totalmente y empieza una serie de augurios y preocupaciones en torno a qué es lo que va a pasar”.
Lengua en riesgo
Correa Lonche nació en la Ciudad de México, pero su lengua materna es el zapoteco, y comenta que el nacimiento de su hijo también lo llevó a escribir este libro y a pensar en la responsabilidad de preservar una lengua que, advierte, pierde palabras y hablantes.
“Mi mamá y mi abuela lo hablaban en casa. Incluso fui hace un año y quería comunicarme con muchos jóvenes que estaban haciendo una función de tequio y no me entendían. Mis acompañantes me decían que yo hablaba el zapoteco antiguo. Ha habido una evolución y publicar este libro es una responsabilidad porque eso nos va a ayudar a preservar estas palabras que se están perdiendo”.
El autor dice que en el zapoteco predominan cada vez más los préstamos del español, lo que considera riesgoso, “porque hay palabras que tienen su forma particular, y en las fiestas patronales en Yalalag es común encontrar personas que hablan en inglés. Son migrantes que saben algo de la lengua zapoteca, pero prefieren hablar en inglés”.
El escritor sostiene que su lengua está en peligro, “de perderse definitivamente, de perder las costumbres, ya que los jóvenes ya no la hablan. Uno de mis proyectos es presentar el libro en Yalalag y ver la reacción. Quiero llevarlo a todos lados, no limitarme a los lugares que tienen que ver con antropología o historia, sino proyectarlo en todos los ámbitos porque si el sol se eclipsa, todavía estamos a tiempo de recuperar la luz”.
El título de su poemario, Sol eclipsado, representa el fin de una civilización. “Si lo traducimos literalmente, es como ese momento sombrío que existe en las generaciones actuales. Hay una de chicos ávidos por recuperar la lengua, pero mucha esencia de ella ya se ha perdido: palabras, formas de conjugación, sustantivos que refieren cuestiones importantes”.
En el prólogo del historiador y antropólogo francés Christian Duverger se lee: “La obra poética de Guillermo Correa Lonche enfatiza el drama humano: habla de la lucha de los hombres contra el infortunio, contra la enfermedad, contra la muerte. Relata las ansias y las angustias, los miedos nocturnos, los deseos de paz y de vida eterna”.
Correa Lonche también defiende el rigor técnico de la poesía y cuestiona la idea de trasladar cualquier pensamiento al papel y considerarlo un poema.
“Me enfoqué en hacer un verdadero trabajo escrito en octosílabos, en versos, para no poner cualquier cosa. Nadie puede negar que lo que yo escribo es un poema porque, técnicamente, está perfectamente elaborado para cumplir gramaticalmente, y tuvo un cuidado muy especial en los tonos”.