La inteligencia artificial ha abierto un nuevo debate en el mundo editorial: ¿cómo distinguir una obra escrita por una persona de otra creada con ayuda de herramientas generativas? Ante las polémicas por el supuesto uso de esta tecnología, iniciativas en Europa y Estados Unidos impulsan sellos que buscan garantizar a los lectores el origen humano.
El tema cobró fuerza durante la Feria del Libro de Fráncfort, considerada la mayor del mundo, donde se presentaron distintos sistemas de certificación para transparentar los procesos de escritura y responder a la creciente desconfianza entre autores, editoriales y lectores.
¿Cómo funciona la etiqueta de “escrito por un humano”?
En Francia, la plataforma de autoedición Librinova creó un sello de “creación humana” que exige a los escritores someter sus obras a un programa de detección de inteligencia artificial y, posteriormente, participar en una entrevista con un auditor que examina su proceso creativo.
Hasta ahora, alrededor de 200 obras han obtenido esta certificación. Según Charlotte Allibert, cofundadora de la empresa, cada vez más escritores, especialmente quienes publican por cuenta propia, temen que sus libros sean señalados por un supuesto uso de IA.
En Reino Unido, la iniciativa Books By People también ofrece una certificación para distinguir la llamada “literatura orgánica”. Su propuesta permite usos limitados de inteligencia artificial, como la corrección ortográfica y gramatical, siempre que la escritura del libro corresponda al autor.
En Estados Unidos, el Authors Guild, asociación que representa a escritores, lanzó el sello “escrito por un humano”, basado en una declaración de los propios autores. Hasta el momento, unos 6 mil 500 libros cuentan con esta etiqueta.
Polémicas que sacudieron al mundo editorial
La discusión se intensificó tras las acusaciones contra el escritor haitiano-canadiense Thélyson Orélien, de 38 años, señalado en redes de utilizar IA para escribir su primera novela, C'était ça ou mourir (Era eso o morir).
El autor negó las imputaciones y denunció ataques motivados por el racismo. La controversia tuvo consecuencias para su trayectoria: su obra quedó fuera de la selección del prestigioso premio Goncourt de Francia.
Otro caso involucró a la escritora Mia Ballard. La editorial Hachette canceló la publicación en Estados Unidos de su novela de terror Shy Girl y retiró el libro de la venta en Reino Unido después de las sospechas sobre el uso de IA. Ballard negó haber recurrido a la tecnología, aunque señaló que una persona contratada para editar la obra sí la utilizó.
Persisten dudas
Pese al interés por estas iniciativas, persisten las dudas. Los detectores de IA pueden ser cuestionados y los criterios de certificación dejan margen a interpretaciones sobre qué usos de la tecnología son aceptables.
Sebastian Guggolz, presidente de la Asociación de Editores y Libreros de Alemania, advirtió que el problema no puede reducirse a dividir los libros entre aquellos hechos con IA y los que no la utilizan.
El desafío, planteó durante la feria, consiste en abrir una discusión más profunda sobre la transparencia de las prácticas editoriales en una industria que busca adaptarse a la inteligencia artificial sin perder la confianza de los lectores.