M+.- A finales del siglo XIX, cuando en México la educación infantil apenas era una idea en construcción, una maestra nacida en Ciudad Victoria tomó una decisión inusual: enseñar a los más pequeños a través del juego.
Se llamaba Estefanía Castañeda Núñez de Cáceres. Con ella comenzó una historia poco contada: la de los tamaulipecos que ayudaron a cimentar el sistema educativo nacional.
En una época en la que la enseñanza formal iniciaba años después, su propuesta rompía con lo establecido. Inspirada en las ideas del pedagogo alemán Friedrich Fröbel, impulsó un modelo basado en el juego como herramienta para desarrollar habilidades físicas, morales e intelectuales. No era solo una innovación pedagógica; era una nueva forma de entender la infancia.
“Tenemos aportaciones muy importantes de tamaulipecos ilustres. Hay un ejemplo muy paradigmático que es la maestra Estefanía Castañeda, una pionera de la educación preescolar; instituyó un jardín para las infancias en México”, relata Arturo Rodríguez Castrejón.
Educación y pensamiento liberal
Pero la construcción de la educación en Tamaulipas no ocurrió únicamente en las aulas. También se libró en el terreno político.
El maestro Juan B. Tijerina lo entendió así. Además de educador, fue periodista y legislador. En pleno auge del gobierno de Porfirio Díaz, se convirtió en una figura singular al ser el único diputado que votó en contra de una iniciativa que buscaba restringir la libertad de prensa.
La decisión le costó el exilio, pero lo colocó como una voz crítica en un momento en que disentir tenía consecuencias.
“Impulsó la educación laica y el pensamiento liberal; como docente promovió la enseñanza de la gramática y literatura, siendo reconocido su compromiso con la formación intelectual y su lucha contra la influencia religiosa en las escuelas”, subraya el funcionario del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes (ITCA).
Lauro Aguirre y la educación rural
Esa mezcla entre educación y compromiso público continuó con Lauro Aguirre, quien llevó esa vocación a las instituciones. Desde espacios de decisión, contribuyó a consolidar políticas educativas en un país que comenzaba a estructurar su sistema de enseñanza.
“Lauro Aguirre fue alumno de Juan B. Tijerina y logró ocupar importantes cargos dentro del sistema educativo nacional, convirtiéndose, con el tiempo, en uno de los principales promotores de la educación normalista rural y de la democratización de la enseñanza en México”, explica Rodríguez Castrejón.
Mientras gran parte de la población rural permanecía excluida de la educación durante el Porfiriato, el tamaulipeco impulsó un modelo pedagógico que buscaba llevar las aulas más allá de las ciudades y ampliar las oportunidades de aprendizaje para los sectores populares.
En la década de 1920 participó activamente en la reorganización educativa impulsada tras la Revolución Mexicana. Desde la dirección del Departamento de Enseñanza Primaria de la Secretaría de Educación Pública y en la Escuela Normal de Maestros, promovió campañas de alfabetización y fortaleció la formación docente como parte del proyecto nacional de reconstrucción social.
Olivia Ramírez y la educación comunitaria
Tras la Revolución Mexicana, el reto ya no era solo impulsar ideas, sino reconstruir un país. La educación se convirtió en una herramienta clave, especialmente en comunidades alejadas.
Ahí aparece la figura de Olivia Ramírez Pérez. Maestra rural, directora y promotora cultural, su labor trascendió el salón de clases.
En 1925, fundó en Ciudad Victoria el Centro Cultural Obrero para Mujeres, antecedente de los actuales programas de educación extraescolar en Tamaulipas.
“Está el centro que ella dejó para la educación extraescolar, el Cedex, que lleva su nombre. Realizó trabajo social en ejidos y comunidades rurales, donde impulsó escuelas nocturnas, cooperativas de producción y consumo, molinos de nixtamal y capacitación para mujeres y trabajadores”, comenta Rodríguez.
Olivia Ramírez defendió la educación y la autonomía económica de las mujeres en una época donde la participación femenina en la vida pública era limitada.
Mujeres que abrieron camino
Rodríguez Castrejón señala que otras mujeres tamaulipecas también ampliaron los límites de lo posible.
Esther Chapa Tijerina realizó importantes aportes en la educación, aunque su figura suele recordarse más por el activismo feminista, la medicina y la defensa de los derechos de las mujeres.
“Nacida en Tampico en 1904, fue una de las primeras mujeres médicas del país y desarrolló una intensa labor educativa y social. Dejó huella al promover la alfabetización, la divulgación científica y el acceso femenino a la formación profesional en México”, menciona.
En un entorno dominado por hombres, estudió medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México y más tarde se convirtió en la primera mujer en obtener por oposición una cátedra de microbiología en la Facultad de Medicina, donde formó profesionales de la salud durante más de cuatro décadas.
Una pionera dentro de la SEP
Amalia González Caballero de Castillo Ledón también dejó huella en la educación, aunque su legado suele asociarse más a la diplomacia, la cultura y la política.
“Su contribución fue relevante como maestra normalista y licenciada en Letras. Impulsó la creación de la Oficina de Educación y Recreación Populares del entonces Departamento Central, donde promovió programas educativos y culturales para sectores populares”, detalla Rodríguez Castrejón.
Además, fundó centros culturales en colonias populares y defendió la formación intelectual y política de las mujeres mediante organizaciones culturales y feministas.
“Durante el gobierno de Adolfo López Mateos se convirtió en la primera mujer subsecretaria de la Secretaría de Educación Pública”, destaca.
El impulso institucional
Detrás de muchas de estas historias también hubo decisiones de gobierno. El impulso a la educación en Tamaulipas no puede entenderse sin figuras como Guadalupe Mainero.
Entre sus principales aportaciones destacan la fundación, en 1896, del primer kindergarten del país en Ciudad Victoria, nombrando a Estefanía Castañeda como directora; además de la creación de la primera Escuela de Jurisprudencia y el impulso a las escuelas rurales y a la formación de maestros.
Un legado poco conocido
Sin embargo, pese a la profundidad de estas contribuciones, muchos de estos nombres permanecen fuera del conocimiento general.
Su legado vive en instituciones y espacios educativos que llevan sus nombres, pero rara vez forman parte de la conversación cotidiana sobre la historia de la educación en México.
“Tenemos figuras muy importantes; quizá sí faltaría hacer una mayor difusión para que se conozcan sus aportes y el papel que tuvieron estos educadores, precisamente de ser pioneros y fundadores de políticas educativas tanto a nivel estatal como nacional”, reconoce Rodríguez Castrejón.
En un país donde el sistema educativo se construyó entre esfuerzos individuales y decisiones colectivas, reconocer a quienes lo hicieron posible también es una forma de entender los desafíos actuales.
Más allá de las fechas y los cargos, lo que dejaron estos tamaulipecos fue una idea persistente: que la educación no solo transmite conocimiento, también transforma vidas.
JETL
