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Estacionarse en el Bosque

Merde!

La escena siempre es la misma. La entrada en auto al estacionamiento de los teatros del Centro Cultural del Bosque para tener acceso a los edificios de El Granero, Julio Castillo, Orientación o Villaurrutia: primero demuestras que tienes boleto de entrada y entonces podrás ingresar, pero solo si hay lugar. Como es un servicio gratuito, las condiciones las ponen las autoridades. Si no hay lugar, no entras y te pierdes la función.

El Auditorio Nacional es diferente: con boleto de estacionamiento pagado entras al mar de autos, de gente que va al concierto en turno. Y los que no entran buscan por donde… Es por el Auditorio que los teatros del Bosque se han visto afectados, ni la duda cabe. La ley: el que paga, manda. Eso, cuando los dos servicios pertenecen al Instituto Nacional de Bellas Artes. Realidad de dos filos.

Las quejas de quienes van al teatro en auto se han multiplicado porque son personas que no han podido entrar al estacionamiento gratuito porque “está lleno”, no por gente que va al teatro sino por automóviles de las autoridades y el sindicato que controla el área. Al crítico de teatro le ha pasado tres veces: ha tenido que dar vuelta atrás en el desempeño de un oficio. ¿Quién se hace responsable de esta situación?

Una obra, El funcionario bueno, de Alberto Lomnitz, realiza una ácida crítica a las dificultades de hacer teatro patrocinado por el Estado y escenificarlo en esos escenarios que son un paraíso de la cartelera teatral comercial, sean o no dignos de un resultado estético aceptable pero cuyas intenciones son que la esencia del teatro para pensar no muera. También aborda el problema del estacionamiento. Eso, por si alguien duda de lo escrito.

La atención al Auditorio Nacional —¿prioridad por su potencial comercial?— demeritó la que tendría que darse a espaldas del mismo. Auditorio es “espectáculo”, lo que teatro es “cultura”— dicen, no estoy seguro—. No es fortuito el tema ahora que van a crear la Secretaría de Cultura. No tendrían que esperar su ejecución para lograr que los espectadores de uno y otro rango tengan seguridad de llegar a su concierto o pieza escénica.

El INBA sabe que hay un grupo —sindical o burocrático, de la mano— que controla esos estacionamientos. No lo debe permitir. La crítica de teatro no es solo lo que pasa en el escenario sino los modos en que las autoridades han dado por imposible la solución al problema. Hay que enfrentar las presiones y disminuir concesiones que han dado a gente de la administración, en favor de un público que debería estar por encima de la burocracia.

Ir al teatro no debería convertirse en un conflicto al llegar. ¿Qué impide que en el Bosque se busque una solución? Sí, también se puede ir a pie, desde luego, pero esa no es una respuesta correcta de las autoridades. No, si la parte detrás del Auditorio tiene mala iluminación y se considera insegura. El espacio del estacionamiento lo ocupan las autoridades y el sindicato. Son ellos los que deben encontrar el camino para lograr que un teatrero tenga acceso al lugar.

El funcionario bueno, en serio. Punto.

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Braulio Peralta
  • Braulio Peralta
  • juanamoza@gmail.com
  • Periodista, ensayista y editor. Autor de Otros nombres del arcoíris, El poeta en su tierra, diálogos con Octavio Paz, De un mundo raro, un libro de crónicas de sus personales viajes como corresponsal en España, y El clóset de cristal. Publica todos los lunes su columna La letra desobediente.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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