El mexicano Adrián Makala padeció discriminación desde niño, incluso en situaciones tan en apariencia inocentes como las pastorelas o festejos escolares del 6 de enero, Día de los Reyes Magos.
“Siempre querían que yo fuera el Rey Mago (Baltazar) por mi color de piel”, comparte a MILENIO el actor de series y telenovelas como El Señor de los Cielos, Capadocia y Café con aroma de mujer.
Después de tres décadas en cine, teatro y televisión, Makala diseñó el curso en línea gratuito “Teatro afromexicano. Memoria, resistencia y cultura viva”, con la pedagoga Georgina Diédhiou Bello, del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), en colaboración con el Centro Cultural Helénico y el Centro Nacional de las Artes (Cenart), a impartirse del 31 de agosto al 6 de noviembre.
“Me interesó dar el curso porque soy una persona afrodescendiente nacida en México, de padres de origen panameño que llegaron a estudiar hace 50 años a México. Y desde que nací he sufrido en mi país toda clase de discriminaciones y racismos, tanto físicos como emocionales y económicos.
“Este tema me ha atravesado desde la punta del pelo hasta la punta del pie. Detesto la palabra activismo, pero es la que más se acerca a lo que he hecho de mi vida como actor para decir: 'Aquí estoy, aquí existo', al igual que cientos de miles de personas que se reconocen como afromexicanos”.
De padres médicos, Adrián Berthram McCalla Rivera (Adrián Makala) nació en Ciudad de México en 1975, estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y obtuvo una maestría en Teatro y Artes Escénicas en la Universidad Internacional de la La Rioja con la tesis “Hacia un teatro afroamericano: uso de la escenificación como herramienta de reconciliación”.
A instancias del Helénico y con base en su tesis de maestría de 2023 en la que plantea que el teatro, afroamericano, “al igual que la identidad nacional, aún se encuentra en construcción”, diseñó el curso con la finalidad de que se reconozcan y valoren los aportes de la riqueza afrodescendiente como parte del patrimonio cultural nacional y de la diversidad étnica de México, y se fomente la inclusión de los afromexicanos en las formas dramatúrgicas del teatro mexicano para contar historias hoy silenciadas.
“Según el más reciente censo, somos más de 2 millones de personas que nos declaramos afrodescendientes en el país. Y cada vez somos más aquellos que consideramos que el sentimiento de vergüenza durante muchas y muchas décadas ha sido parte de este racismo internalizado a través del sentimiento antinegro y antiindio, que va en contra de la felicidad humana”, expuso el actor y modelo.
El curso “Teatro afromexicano. Memoria, resistencia y cultura viva” tendrá 20 horas de duración, a razón de 4 por semana. El registro es en línea también, con cupo para 500 personas, gratis. El temario está planteado: “Hacia un teatro afromexicano”; “Dos Méxicos, tres repúblicas”; “Teatralidades africanas y sus resonancias en América” y “Posibilidadses escénicas en el México contemporáneo”.
Sobre qué es para él el teatro afromexicano, Makala explica que es un concepto que se busca definir.
“Tenemos una tradición aristotélica, tradicional, una conceptualización del teatro como algo que tiene que ocurrir en un escenario, con textos sofisticados. Eso no necesariamente es el caso del teatro afromexicano. Hay tradiciones culturales, como la Danza de los Diablos, y muchas otras, que en México nos permiten acercarnos y asomarnos a lo que podría ser un teatro afromexicano.
“Precisamente el trabajo de este curso es decir de qué manera, más allá de las tradiciones musicales y dancísticas, construimos un texto para darle un aspecto escénico parecido a algo que reconozcamos como teatro afromexicano”, expone el actor que ha tenido papeles en filmes de Hollywood como Antes de que anochezca (Schnabel, 2000), Pecado original (Cristofer, 2001) y Fidel (Attwood, 2002).
Makala expone que el curso se preparó en varios bloques junto con un equipo de sociólogos, pedagogos y diseñadores de cursos para compartir todo lo que se sabe hasta la actualidad, en términos técnicos, prácticos, académicos y artísticos, para la construcción de un teatro afromexicano.
Añadió que se hablará de la historia afromexicana en el país para colocar las bases teóricas necesarias.
“Podemos remontarnos a Hernán Cortés y la primera llegada de personas colonizadoras a este continente. Desde antes de que México fuera conocido como México, ya había presencia africana que llegó y que más tarde formó parte de las comunidades, no exclusivamente en condición de personas esclavizadas. Hay una serie de mitos culturales en torno al racismo, producto de la ignorancia”, añade.
Reitera que el curso será virtual y asincrónico; es decir, que cualquier gente registrada podrá acceder desde un dispositivo digital, a cualquier hora, a toda la información y material que se ofrece en él. Está dividido en cuatro módulos: el primero sobre la historia afrodescendiente; el segundo sobre las teatralidades coloniales; el tercero sobre el Atlántico negro o la manera en que se utiliza el océano como una metáfora de todas las culturas que impactaron a México, entre ellas la africana; y, el último, sobre el trasvase escénico o de qué manera las experiencias humanas individuales pueden ser utilizadas para la construcción de un texto que más tarde puede convertirse en un montaje escénico.
“También vamos a hablar de qué manera nos han impactado aspectos de la cultura que no reconocemos como necesariamente afrodescendientes. Por ejemplo, el bolero. Cuando escuchamos una canción, no la consideramos de un género afrodescendiente; sin embargo, en el curso meciono —y los músicos no me dejarán mentir— que es precisamente la síncopa originaria del continente africano, que llegaba primero a Cuba y más tarde a México, lo que ayuda a contar muchas de las historias de los ritmos que hoy amamos y reconocemos, y que, tal vez por ignorancia o falta de curiosidad, porque fue el entrenamiento que recibimos, no estamos conscientes del aporte afrodescendiente en ello”, dice.
Makala, quien interpreta al personaje de José Palacios, mayordomo de Simón Bolívar en la serie de Netflix Bolívar, subraya la importancia del lenguaje que se usa en el material del curso que diseñó con Georgina Diédhiou Bello, activista contra el racismo, especialista en derechos humanos y directora de Educación y Programa Editorial del Conapred, con raíces senegalesas, mixtecas y zapotecas, e integrante de las asociaciones Afrodescendencias Mx, Investigación e Incidencia y de México Negro.
“La palabra 'negro' no es ofensiva en sí misma, porque lo único que describe es un color; pero es verdad que ha sido utilizada en el pasado para asignarle características morales a los seres humanos. Por ello no utilizamos las palabras 'negros' o 'negras' como parte del lenguaje en este taller.
“Lo que sí hacemos es llamarles 'personas esclavizadas', porque es el término que actualmente es el más correcto y que académicamente explica de la manera más concisa que estas personas, hombres y mujeres y niños (y millones que no llegaron porque terminaron en el fondo del océano) fueron raptadas y esclavizadas en contra de su voluntad. Por ello usamos “personas esclavizadas”, precisa.
Agrega que es la primera vez que impartirá un curso como “Teatro afromexicano. Memoria, resistencia y cultura viva” y aceptó porque en el Helénico le explicaron que no se trataba de formación académica, sino para que cualquier persona pudiera acercarse al tema sin importar bagaje.
—Sus padres son médicos. ¿Por qué no siguió sus pasos? ¿Por qué se enfocó en el teatro?
Comencé como bailarín; más tarde quise ser cantante mientras estudiaba la carrera de Ciencias de la Comunicación en Monterrey, pero me di cuenta que me hacía falta voz. El teatro es el escenario para mí preferido. Si bien todas las otras artes son necesarias, me parece que solamente en el teatro hablamos a estos tres lugares del ser humano: complacer la vista, los sentidos y el intelecto.
—¿Cómo vivió el racismo y la discriminación en la actuación? ¿Cuándo tuvo conciencia de ello?
Recuerdo muy bien que durante la escuela secundaria era casi siempre seleccionado para participar en todos los espectáculos, porque siempre me ha gustado bailar y eso ha ayudado a conservar la cordura. Sin embargo, te cuento esta anécdota, hubo un momento donde me rehusé a participar en más pastorelas, porque siempre querían que fuera yo el Rey Mago (Baltazar). Y esta frustración más tarde me hizo decir: Yo necesito ser capaz de que las cosas que se muestren en escena no solamente tengan que ver con este mito de los Tres Reyes Magos. Más tarde me desarrollé en el teatro musical, hice Fama, La casita del placer, con Julissa; Bésame mucho... Y también participé en Cosas de niños, una obra que habla sobre la discriminación y el bullying. El año pasado hice en Panamá Luna nueva, de Édgar Soberón Torchia. Y llevo décadas trabajando en series, telenovelas y cine también.
—Sobre esos papeles que tuvo por su color de piel, ¿se ha reconciliado con esa parte?
Estoy reconciliadísimo. El hecho de ser capaz a mis 50 años de hablar de esto públicamente, de mostrarme vulnerable frente a todos estos temas, y gracias a mucho trabajo personal y terapia y la capacidad que tiene el arte para sanar junto con el amor de mi hijo, me hace sentir un adulto funcional y capaz de levantar la voz con respecto a este tema que me atraviesa como si fuera una espada.
—¿Usted sufría racismo, clasismo, o ambos? Lo digo porque la pobreza influye mucho en la discriminación de las personas afromexicanas o afrodescendientes. Me parece que no es lo mismo vivir en Polanco que en la costa de Guerrero o en Veracruz siendo afrodescendiente.
Sobre todo, mi madre sufría mucho cada vez que sabía que yo tenía que transportarme por tierra. Más de una vez le llamé porque me tenían detenido en un retén carretero donde no les valían mis documentos de identidad. Y más de una vez tuve que poner querellas en la Comisión Nacional de los Derechos Humanos por maltrato. Y más de una vez recibí gritos y bofetadas por parte de agentes migratorios y soldados del Ejército, que querían sacarme a fuerza una mentira: que dijera que era de cualquier otro país, menos de México. Y nunca les di gusto. Cuando llegaba el momento de cantar el himno nacional, lo cantaba muy bien, me sabía todas las estrofas. Y mi mamá sufrió mucho, mucho.
“Y respondiendo a cómo he vivido la discriminación, creo que el racismo y el clasismo están entrelazados, uno no puede existir sin el otro. Si nos detenemos en cualquiera de los dos, estamos perdiendo de vista el problema estructural, que ha sido llamado por varios autores: la supremacía blanca, que a través de un lavado de conciencia, no sólo a personas de origen africano sino también indígenas o personas de bronce, nos ha perfilado racialmente. Esto solamente se puede entender en un universo donde nos han hecho sentir que no pertenecemos, que no merecemos estar aquí. Conocedores de estos temas lo resumen con el concepto de la gran mentira de la supremacía blanca”.
Información sobre el curso:
Teatro afromexicano. Memoria, resistencia y cultura viva | Educación en línea, Coordinación Académica del Centro Cultural Helénico soporte.academico.25@gmail.com Asunto: Teatro afromexicano. Tel: 41550900 ext.7422
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