“A los mexicanos nos quieren escribiendo acerca del narcotráfico, de nuestras costumbres, de los antiguos mexicanos, de tantas cosas, y se sienten un poco ofendidos cuando salimos a escribir sobre Europa y otros lugares; como si no tuviéramos derecho a esa misma universalidad que tienen los franceses, los alemanes, los gringos, que escriben sobre cualquier lugar que se les antoje en el mundo”, dice el escritor David Toscana.
El ganador del Premio Alfaguara de Novela 2026 con El ejército ciego, que presentó el miércoles, ha escrito sobre Polonia, Rusia y ahora Bulgaria.
“Tengo una novela sobre Polonia y los polacos siempre me han dicho: ‘¿Tú qué, eres mexicano y no nos interesa tu novela?’. Es un punto que hemos tenido muchas veces los latinoamericanos, para tener el derecho de la universalidad; a veces nos consideran periferia. He tenido editores que me publican mis libros sobre México, pero no les interesan los que he escrito sobre Europa”.
Pero el autor asegura que no solo le pasa a él, sino también a varios escritores.
“Esto es un centralismo cultural, porque sabemos que hay escritores franceses que vienen a escribir sobre México, y hasta les dan el Premio Nobel. Pero nosotros no podemos escribir sobre Francia. Pero esto tiene que ver sobre todo con los editores, que suelen ser los peores lectores del mundo, porque no están viendo tus historias, tu literatura, tus personajes. Están siempre preguntando si se va a vender o no”.
Toscana explica que “yo puedo pensar a veces que soy regiomontano, a veces que soy mexicano o latinoamericano, pero muchas veces pienso que la literatura me lleva a ser un ciudadano del mundo. Tiene que ver con que he vivido muchos años fuera de México y he comprendido ciertas cosas”.
En los próximos días, Toscana viajará a Bulgaria para promocionar El ejército ciego, novela que casi de inmediato fue traducida a ese idioma.
“Era la traducción que más ambicionaba y que los propios búlgaros me leyeran, que vieran un mundo donde esta historia que ellos conocen pasara a la literatura y con cierta imaginación, con dignidad, con fuerza. Quisiera saber que piensan de mí los críticos en Bulgaria, pero necesito teclear mi nombre con caracteres cirílicos para que Google me dé alguna información y no lo he hecho (risas)”.
Tras el Premio Alfaguara, el escritor vive una etapa de viajes, presentaciones y encuentros con lectores como la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni), en la UNAM, que se inaugura el martes 25 de agosto.
“Siempre ha sido bonito tener lectores jóvenes, porque es una edad en la que se lee mucho. Después pasan a tener profesiones, obligaciones y piensan toda esta excusa de que ya no tienen tiempo para leer. Me interesa y agrada mucho estar en la UNAM; es una de estas universidades que uno siempre mira con mucha admiración y, sin embargo, la he visitado mucho como escritor. Mi mujer sí estudió ahí”.
El columnista de MILENIO dice que disfruta el premio y hasta le sorprende verse en promocionales y campañas en las librerías.
“Soy un escritor que tiene lectores muy cariñosos, pero no se cuentan por muchos miles; difícilmente agoto las primeras ediciones y nunca me había visto en una sección donde estuviera entre los más vendidos (risas) como ahora”.
Con la gira por el Premio Alfaguara 2026, el autor revela que no ha tenido tiempo de trabajar en algún nuevo proyecto.
“Tengo algunas ideas, pero no me he sentado a trabajar. Uno no descubre la novela hasta que la va escribiendo. En la imaginación pasan muchas cosas, pero es muy difícil que haya una correspondencia entre la imaginación y el papel. Más bien, el papel es el que te hace descubrir las ideas. Una frase te lleva a otra, y siempre que termino una novela me doy cuenta de que es muy distinta a la que había imaginado antes de escribir”.
Y agrega: “A veces me preguntan: ‘¿Qué hay que hacer para escribir?’, y la respuesta es muy obvia: escribir, porque en verdad las ideas pueden ser grandiosas o no tan buenas, pero la escritura es exactamente el proceso que necesita el cerebro para la creatividad. La imaginación no es tan creativa como el propio proceso de la escritura”.
Finalmente, David Toscana habla sobre su responsabilidad como escritor frente a los problemas de su país.
“Escribo en MILENIO y, aunque hay mucha oportunidad para tratar lo político, termino tratando lo literario, lo artístico, la lectura. Y a veces escribo mucho de manera alegórica, sin hablar directamente de lo que está pasando. Si hablamos de ciertas situaciones políticas, de violencia y demás, siempre hay modo de traer algún clásico para que hable de eso mismo y el propósito final, más que hablar de este asunto, es invitar a leer los clásicos que nos siguen hablando hoy”.
PCL