David Toscana (Monterrey, 1961) no escribe sobre lo que ya conoce. El ganador del Premio Alfaguara de Novela 2026 prefiere descubrir mundos en los clásicos y universos antiguos para compartir hallazgos e historias con sus lectores para que se sorprendan como él al escribir.
Para su nueva novela, El ejército ciego, se asoma a la Bulgaria del año 1014, donde reconstruye el destino de 15 mil soldados búlgaros a quienes les arrancan los ojos por órdenes del emperador bizantino Basilio II.
En entrevista con MILENIO, el columnista de Laberinto, suplemento cultural de este diario, revela cómo narra una historia que no existe: la de los ciegos volviendo a casa humillados, pero listos para una última batalla.
¿Por qué este empeño en mirar siempre hacia el pasado?
Porque ahí encuentro las historias que me interesan. Me siento como pez en el agua con los clásicos y los historiadores antiguos. Además, cuando comienzo con una novela, quiero que sea toda una aventura escribirla. Trabajar tres años en algo que ya conozco no me entusiasma tanto. Meterme a leer del Imperio Bizantino, de los búlgaros, del lenguaje y de las traducciones fueron cosas que me resultaron fascinantes mientras escribía la novela.
La historia relata que los ciegos vuelven a casa.
Entonces, el zar se muere al verlos y la historia ya no cuenta más. No hay ningún historiador que haya dado el siguiente paso. Como es terreno desconocido, es terreno para un novelista. Vamos a imaginar lo que pudo haber pasado y es lo que hice. Mi estímulo es el descubrimiento de nuevos mundos, y ya después digo: "Lo voy a compartir y ojalá los lectores quieran disfrutarlo tanto como yo lo disfruté al escribirlo".
El ejército ciego es una historia que se construye con muchas historias.
Es precisamente la historia de los ciegos no está escrita; los personajes dicen: 'Alguien debería escribir esto'. Es una novela que crea la propia leyenda de los ciegos y una leyenda se crea con distintas voces y con distintas versiones de un evento. Tenemos las voces de ellos, voces que llegan de atrás de mil años donde aceptan que nadie escribió su historia, y yo te escribo que no se escribió, y esta contradicción es viable porque la literatura te permite hacerlo.
Narras a hombres a los que les arrancan los ojos; es un hecho terrible y de alguna manera es poético y hasta humorístico.
Es que si algo tan horrible lo hago más horrible, entonces no hay escapatoria, ni para el lector, ni para nadie. Por eso uso humor negro, juego y tonos infantiles. El humor negro es reírte de algo que no tiene gracia; el humor blanco era el de Capulina. Yo no lo puedo evitar, ni siquiera lo diseño de alguna manera. Para mí es la manera natural de encontrar la magia del lenguaje. No es que esté creando a veces situaciones, llamémoslas graciosas. Es un humor a través de las palabras más que a través de los hechos.
La novela parte de un hecho histórico. Año 1014. Tras derrotar a los búlgaros en la batalla de Klyuch, el emperador bizantino Basilio II ordena arrancar los ojos de los 15 mil soldados del ejército enemigo, dejando tuerto a uno de cada cien hombres para que guíen a los ciegos de regreso a casa y, a partir de ahí, el lector entra al universo "toscaniano".
¿Te atraen los perdedores en tus novelas?
Hay gente derrotada, aparentemente pequeña, mediocre, y yo lo aprendí tempranamente leyendo a Ivo Andrić. Él tiene un personaje que es un auténtico pobre diablo y va a hacer algo que para el grupo, para los borrachos que salen con él, hará algo que es completamente heroico y ese personaje siempre me ha fascinado; es un héroe para sus amigos, pero por supuesto que no pasa a la historia y sí, hay pequeños heroísmos en algunas de mis novelas que tienen que ver con lo que dices.
Hay muchos personajes quijotescos.
A ratos pensaba que era un ejército de Sanchos; a veces estaba ahí don Quijote, pero también estaba Sancho, que tiene mucha capacidad para soñar que puede ser grande, que puede ser gobernador de una ínsula y que cuando se le presenta la ocasión es bastante valiente.
¿Para ti qué significa El ejército ciego?
Me lo estuve preguntando varias veces, pero al final, descubro que es un alegato a favor de la palabra. Existe la famosa frase de que una imagen dice más que mil palabras y esta es una novela donde las palabras dicen más que mil imágenes. Ver las palabras no significa que estás viendo. En la época de Homero ni siquiera se leía, se escuchaba. La literatura no se ve: se siente, se imagina, la captas y te provoca emociones. Algunos fragmentos te crean una imagen mental, pero muy esencial; pero la imaginación tiene ciertos límites y tú lo que terminas es captando la idea; la entiendes y te basta con entenderla para asimilarla, para sentir, para recrear, para hacer un montón de cosas con la literatura y para traer memorias. Mi estímulo es el del descubrimiento de nuevos mundos. Como escribió Alfonso Reyes (1889-1959): "La literatura debe descubrir nuevos mundos".
Como escritor, sin duda, ya tienes un sello propio… un estilo.
No te niego que me gusta cuando me topo con el término 'toscaniano' o 'toscanamente', como dice Roberto Pliego de Laberinto (risas), porque, claro, más allá de que alguien valore o no tu escrito, creo que un sello personal es bueno para un escritor, un músico o un pintor; para que cualquiera te identifique y para que no te repitas".
Dato
El escritor David Toscana presenta El ejército ciego en el Museo Memoria y Tolerancia el 16 de abril a las 19:00 horas.
hc