La artista gráfica, coreógrafa, bailarina y gestora cultural Patricia Marín ve muchas afinidades entre su compañía Danza Visual con las creaciones del brasileño Fernando Mello, para estrenar en Palacio de Bellas Artes Noyollo Opus 52, en única función el martes 14 de julio, con música de Johannes Brahms.
“Mello es uno de los coreógrafos con mayor relevancia internacional, tiene un trabajo muy específico con elementos escenotécnicos inusuales dentro de las coreografías; utiliza mucho espejo, madera, dispositivos para que los bailarines se muevan de distintas formas poco convencionales.
“Pero, sobre todo, él fue el director artístico de la Göteborgsoperans Danskompany, una de las compañías artísticas más importantes de Suecia, por lo que compartimos el gusto por la música y la interdisciplina”, añade Marín, que ahora produce Noyollo Opus 52 para la temporada 80 Movimientos.
Marín recuerda que la agrupación sueca tiene una sección de ópera y otra de danza que, aunque hacen espectáculos separados, hay una temporada en donde se unen y generan propuestas artísticas, muchas de ellas dirigidas por Mello, quien también ha trabajado con el Danish Dance Theater de Copenhague.
“Danza Visual tiene este corte también multidisciplinario. Claro, no a la escala de la Göteborgsoperans Danskompany, por supuesto. Pero, como la compañía es tricéfala, con Rogelio Marín, director vocal de Noyollo Opus 52 y codirector de la compañía; con Leonardo Beltrán, exbailarín de la Compañía Nacional de Danza y gestor cultural, como una servidora, que también es diseñadora, ilustradora y bailarina de danza contemporánea, compartimos esta fusión de disciplinas”, apunta Marín en entrevista.
Según la artista, que comparte la dirección con su hermano Rogelio, Noyollo Opus 52 reinterpreta de manera libre y contemporánea los Liebeslieder Waltzer Opus 52, de Brahms, para transformar su esencia romántica en un viaje sensorial que indaga en la vulnerabilidad, el amor y la empatía.
La obra despliega un escenario dinámico donde siete bailarines, cuatro cantantes y dos pianistas interáctuan ante un público que ve la pieza dispuesta en 360 grados, gracias a su dispositivo escénico.
El elenco se integra con Carina Herrera, Regina Morales, Nayelli Olvera, Jonathan Alaves, Diego Alcalá, Tlathui Maza y Nael de Anda (bailarines); Paola Danae Gutiérrez (mezzosoprano), Wendy Oviedo (soprano), Rogelio Marín (tenor) y Luis Felipe Losada (barítono); y los pianistas Karina Peña y Heriberto Cruz. El diseño de vestuario, iluminación y escenografía está a cargo de Mauricio Ascencio.
“Ascencio diseñó un dispositivo escénico de madera, que es una plataforma que gira 360 grados y que activan los bailarines de forma manual junto con unos páneles muy bellos también de madera, que se desplazan en el lapso de una hora, mientras se escuchan los Liebeslieder Waltzer, que aboran el amor.
“Esta fusión no está yuxtapuesta, como en algunos montajes donde los cantantes están ahí paraditos nomás observando y cantando mientras la pieza coreográfica se desarrolla de manera independiente. En Noyollo Opus 52, cantantes, escenografía y bailarines están integrados de manera bellísima con la música”, detalla Marín, que ya ha adaptado a Danza Visual Momo, el relato fantástico de Michael Ende, y la pieza El camino del colibrí, que mezcla ballet, teatro, circo y boleros cantados en náhuatl.
Agregó que el trabajo escénico de Ascencio en iluminación, vestuario y escenografía es espectacular, minimalista, con factura muy europea, muy precisa, para potenciar las partes visual y sonora de la obra.
Sobre el trabajo que hacen los siete bailarines con las maderas, Marín destacó el trabajo físico para ello.
“Los bailarines tienen que hacer un entrenamiento fuerte, sobre todo de brazos, porque cada panel pesa 25 kilos. Durante una hora los tienen que estar desplazando de unos pistones, conectando pinzas, poniendo y quitando seguros. Y eso hace que su conexión sea real, porque tienen que estar muy al pendiente de lo que sucede con la madera que, como elemento escénico, no está vivo, es inerte.
“Y lo que tienen que crear en el espacio es que parezca que éste está bailando junto con ellos, los paneles se desplazan. Nos han dicho que parece un mecanismo mecánico, pero no, todo es manual. Los bailarines están moviendo y desplazando los paneles a la sincronización perfecta con la música”, añade.
Reitera que el entrenamiento y la disposición coporal que necesitan son distintas a la danza tradicional.
“Sí bailan, pero su cuerpo tiene que estar conectado con la madera para generar lo que está buscando Mello, que es una conexión entre la música, los cantantes, los pianos en vivo y la misma escenografía. La disposición corporal es de una atención muy particular, porque como a veces los cues de movimiento los dan los pianistas y a veces los cues de música los dan los bailarines.
“Y todos los que están integrando la pieza en ese momento tienen que estar sumamente atentos y conectados para que todo funcione como lo está pidiendo Fernando. Es una sincronización impresionante, cosa que aquí en México es complicada de desarrollar, no porque no haya el nivel para hacerlo, sino porque los tiempos de ensayo son mucho más limitados”, sostiene la también bailarina.
Marín subraya que el coreógrafo brasileño aceptó que se integrara una palabra en náhuatl al título de su pieza, creada ex profeso para Danza Visual, y refiere que noyollo significa “corazón” en aquella lengua.
“Fernando Mello fue una elección muy positiva de Danza Visual, para crear esta pieza que tiene justo este corte multidisciplinario muy enfocado a la parte escenotécnica”, añadió la productora de la obra.
Noyollo Opus 52 comenzó a construirse durante la pandemia, en 2020, y tuvo su estreno mundial el 10 de julio de 2024 en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris y una temporada de 3 funciones en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM en agosto de aquel mismo año.
“Queríamos hablar de la conexión humana y cómo nos estaban separando, aislando por los muros, cerrándonos en nuestras casas. Y eso fue lo que detonó la construcción de los paneles y de la perspectiva, porque cuando hablábamos de la separación, pues hay dos personas y un muro que las separa. Y queríamos generar esa desconexión conectada por la danza, pero sí está la separación visual con los paneles. Y de ahí surge el nombre: Noyollo, la pulsación, el corazón”, subraya Patricia Marín.
La función de estreno de la pieza de Mello en Bellas Artes empieza a las 20:00 horas este 14 de julio.
PCL