Cultura

Objetos que susurran historias: el viaje de Bruno Newman, creador del MODO

Entre tesoros y recuerdos, el Museo del Objeto del Objeto tiene más de 200 mil con los que organiza exposiciones temporales de distintas temáticas

Bruno Newman es mucho más que un coleccionista, es un guardián del tiempo, un viajero de la memoria que desde que tenía apenas ocho años comenzó a descubrir el poder que guardan los objetos. Fue en su hogar donde encontró esa chispa que encendió en él la pasión insaciable por coleccionar. De pronto ese gusto se extendió a la numismática y luego a su afición por piezas insospechadas, llenas de historias y secretos.

En el interior de su casa y en su jardín, algunas de esas obras descansan y susurran memorias de vidas pasadas y también del presente. Su enorme colección es producto de largos viajes por 80 países, incluidos los estados de la República Mexicana.

Cada pieza de su colección es un fragmento del alma de México. Más de 200 mil objetos, una cifra que veríamos solo en la imaginación, se ha convertido en el corazón palpitante del Museo del Objeto (MODO), ese singular espacio ubicado en la calle de Colima 145, en la colonia Roma Norte.

Bruno Newman, publicista, mercadólogo y filántropo, transformó el espacio en el que habitaba en un refugio donde el pasado revive para conmovernos y hacernos reflexionar.

Dice que más que coleccionar objetos, colecciona historias, emociones, nostalgias y aprendizajes. Su vida es un puente que une generaciones, una invitación ineludible para que los visitantes al MODO se detengan a mirar con atención las cosas que los rodean, porque en lo más insólito, lo nostálgico y lo inesperado late la esencia de la identidad.

En entrevista con MILENIO, Bruno Newman asegura que su legado está en las vitrinas del museo, y en el corazón de quien se deja maravillar y se atreve a comenzar un viaje a través del tiempo. Porque, afirma que en cada objeto, en cada pieza, está un pedazo del México que somos y del México que aún sueña.

Museo del Objeto del Objeto | Especial
Museo del Objeto del Objeto | Especial

Desde pequeño, la pasión de Bruno Newman por coleccionar tuvo su origen “en el ejemplo silencioso y tierno de mi madre, quien, aunque no poseía grandes colecciones, sentía un profundo amor por los objetos antiguos”.

Ese mismo amor que él reconoce como la raíz de su curiosidad: “De niño, salía con ella a los campos cercanos a Toluca, donde recogía piedritas de colores, pequeñas maravillas que despertaban mi asombro y me hacían soñar. Fue en una de esas excursiones cuando encontré un fragmento diminuto de obsidiana negra, un pedacito de historia prehispánica que para mí era un tesoro, como si se tratara de una joya para un museo”.

Con el paso del tiempo, esa pequeña pasión infantil fue creciendo. Empezó a coleccionar monedas que familiares y amigos le traían de sus viajes al extranjero, y poco a poco su fascinación “se extendió a objetos cotidianos con memoria; perfumeros y polveras que encontraba en La Lagunilla, esos rincones llenos de sorpresas y misterios”.

Incluso cuando su espacio se reducía, primero en su hogar, luego en el departamento que compró en la colonia Roma, su deseo de atesorar era más fuerte, hasta que tuvo que organizar cuidadosamente todos sus objetos en cajas y catalogar sus piezas con la ayuda de una joven colaboradora.

“Cada domingo era un ritual de búsqueda y encuentro en La Lagunilla. En tanto que mis viajes por diversos países del mundo se volvieron una costumbre, trayendo mis maletas llenas de nuevos y maravillosos objetos, de historias y pasado que invadían mi vida y la de mi familia”.
Museo del Objeto del Objeto | Especial
Museo del Objeto del Objeto | Especial

Recuerda perfectamente que “cuando viajaba con mi esposa por Europa, siempre llevaba tres maletas: la de ella, la mía, y una vacía para llevar todas las cosas antiguas o raras que se me atravesaban en el camino”.

Su propio museo de objetos

Cuando decidió comprar la casa contigua a la suya, porque vio que tenía un letrero de “se vende”, recurrió a Armando Torrent, esposo de su hija Paulina, quien estaba recién casada, para que gestionara la compra.

Reconoce que nunca imaginó que uniría dos inmuebles edificados en 1907 para crear un santuario y poder mostrar su colección, un refugio donde más de 200 mil piezas guardarían los ecos de tiempos lejanos y cotidianos.

Esa casa, que en un principio estuvo marcada por la resistencia del anterior dueño, se transformó por el amor de Bruno Newman en un hogar para la memoria y la nostalgia, con exposiciones que muestran la belleza de lo sencillo, de lo antiguo y que han sido capaces de comunicar sin palabras.

“A lo largo de los años seguí comprando, sorprendiendo incluso a mis propios vendedores; algunos de ellos me traen cosas de La Lagunilla, porque ya conocen mis gustos, así que me traen piezas que están seguros de que me pueden interesar. Mi colección no ha dejado de crecer ni un solo día”.

Continúa apreciando la magia escondida en cada objeto, y así, el MODO no sólo es un museo, que dirige su hija Paulina Newman, sino un abrazo al tiempo, un diálogo con la historia, un lugar donde cada pieza cuenta y emociona.

Bruno Newman convirtió un amor heredado en un legado inmenso, que ahora invita a todos a ser parte de esa memoria colectiva, a aportar piezas y a vivir la nostalgia que él experimenta cada vez que mira sus objetos.

Museo del Objeto del Objeto | Especial
Museo del Objeto del Objeto | Especial

Coleccionar para él no es sólo acumular cosas, sino conservar la belleza, la memoria y el significado de un pasado que vive, que emociona y que todavía nos habla con voz dulce y eterna.

Este relato de amor, memoria y pasión de Bruno Newman, regala la certeza de que las cosas, por pequeñas o cotidianas que parezcan, tienen el poder de ser gigantes en la historia de una vida.

jk

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Leticia Sánchez Medel
  • Leticia Sánchez Medel
  • letymedel@yahoo.com.mx
  • Reportera cultural, cursó la maestría en Periodismo Político, es autora de tres libros sobre la historia inédita del Cervantino.
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