El Museo del Palacio de Bellas Artes (MPBA) marca un hito histórico al abrir Aztlán, túnel del tiempo, la primera exposición dedicada exclusivamente al arte chicano en sus salas.
Curada por Rubén Ortiz Torres y Jesse Lerner, con Joshua Sánchez como curador asociado y la asesoría de Rita González del LACMA, la muestra reúne obras de 33 artistas y colectivos principalmente de Los Ángeles.
Dividida en cuatro secciones en las Salas Nacional, Diego Rivera e Internacional, conecta el mito mexica de Aztlán con la urbe contemporánea de L.A. (SLA en jerga chicana), desafiando estereotipos y llenando vacíos historiográficos en medio de tensiones migratorias bajo la presidencia de Donald Trump.
Joshua Sánchez, curador en jefe del MPBA y asociado en el proyecto, describe la exposición como una provocación intencional pero con límites geográficos y conceptuales: “Decidimos acotar específicamente a los artistas en esta exposición que están produciendo en el sur de California y sobre todo en la ciudad de Los Ángeles”.
La exhibición responde a la pregunta global ¿qué es lo mexicano? desde una perspectiva binacional, pensada en México para públicos locales e internacionales ya que se presenta hasta el 23 de agosto, coincidiendo con el Mundial.
Bases míticas e históricas
El recorrido consta de cuatro secciones: East Side Stories, Varrio, Desmuralismos y Transtemporalidades. Arranca con un espacio introductorio que traza una línea del tiempo “que no necesariamente es exhaustiva, más bien busca sentar algunas bases para lo que será esta aproximación en específico sobre el movimiento chicano”.
Incluye un facsímil de la Tira de la Peregrinación (Códice Boturini) y litografías del siglo XIX sobre la invasión estadunidense, lo que sentó las bases míticas e históricas para el chicanismo.
East Side Stories presenta caricaturas del chicano como pandillero: “Sobre todo esta sección busca salir de los estereotipos y muchos de los prejuicios con los que se ha caracterizado al movimiento chicano, tanto en la cinematografía como en los medios de comunicación, pues es hipnotizante este movimiento”, detalla Sánchez.
Resistencia insólita
“En Varrio, variante fonética chicana de barrio, vamos a poder ver un conjunto de piezas que abordan el territorio en la memoria el paisaje urbano, pero de estrategias posconceptuales”. Incluye fachadas vacías de Cristina Fernández (1996) que revelan el trabajo femenino invisible. De Raúl Baltazar hay un performance con hielo derretido aludiendo al fascismo y la transformación masiva.
El título Aztlán fusiona el mito náhuatl con L.A.: “Remite a dos espacios, el lugar mítico, y por otra parte a la palabra astral. También incluye la palabra LA, conectando dos ciudades donde hay una presencia hispana mexicana”.
Ante políticas antimigratorias, hay piezas que critican los autoritarismos: “Están subrayando los excesos en el autoritarismo de algunos grupos con respecto a la comunidad migrante”.
"Después de tres años de trabajo binacional y viajes a Los Ángeles, así como retos logísticos, Sánchez celebra la diversidad: “El arte chicano es un movimiento que abarca el campo de la estética, pero también el campo de la política, caracterizado sobre todo por una capacidad de resistencia insólita”.
Destaca el arte chicano contemporáneo que reúne el trabajo de Judy Baca, Rubén Ochoa, Guadalupe Rosales, Carmen Argote, John Valadez y Chaz Bojorquez.
La muestra se complementa con charlas, un ciclo de cine y un catálogo, diseñado por el artista visual Alejandro Magallanes patrocinado por la Fundación Jenkins.
Los horarios de visita en el Palacio de Bellas Artes son de martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas.
BSMM