Seguro te ha pasado: alguien bosteza frente a ti y, casi sin pensarlo, terminas haciendo lo mismo. Lo curioso es que no necesariamente estás cansado.
Este fenómeno, conocido como bostezo contagioso, ocurre de manera automática y ha llevado a los científicos a estudiar qué sucede en el cerebro cuando observamos a otra persona hacerlo.
Una investigación publicada en 2005 en la revista Brain Research Cognitive Brain Research llamada Contagious yawning and the brain, analizó precisamente esta respuesta. Los investigadores utilizaron imágenes de resonancia magnética para observar la actividad cerebral de personas que veían bostezar a otros participantes.
¿Qué ocurre en el cerebro?
El estudio, disponible en PubMed, encontró actividad en regiones cerebrales relacionadas con el procesamiento de uno mismo y de los estados mentales de otras personas, entre ellas áreas vinculadas con la percepción de señales sociales.
Los investigadores plantearon que esta respuesta podría estar relacionada con mecanismos cerebrales involucrados en la empatía y la percepción de los estados de otras personas, aunque el trabajo no demostró que bostezar cuando alguien más lo hace sea una prueba de empatía.
De hecho, el fenómeno es más complejo de lo que parece.
El contagio puede producirse incluso sin observar directamente a una persona. Una investigación publicada en 2005 en Biology Letters encontró que escuchar un bostezo también podía desencadenar la respuesta. Otros estudios han documentado que incluso leer o pensar en un bostezo puede aumentar la probabilidad de que ocurra.
¿Por qué algunas personas se contagian más que otras?
No todos reaccionamos de la misma manera. Un estudio publicado en PLOS ONE analizó a 328 participantes y encontró diferencias individuales en la susceptibilidad al bostezo contagioso.
Los investigadores también analizaron factores como la edad, el sueño y la empatía, pero ninguno explicó por completo por qué algunas personas bostezaban después de observar a otra y otras no.
La cercanía social sí parece tener algún papel. Una investigación publicada en PLOS ONE encontró que el contagio era más frecuente entre familiares y amigos que entre conocidos o desconocidos.
Sin embargo, esto tampoco permite concluir que una persona que se contagia más del bostezo sea necesariamente más empática. Una revisión publicada en Neuroscience & Biobehavioral Reviews encontró que la evidencia sobre esa relación es inconsistente.
Entonces, ¿por qué se contagia el bostezo?
La explicación más aceptada apunta a que nuestro cerebro detecta automáticamente una acción realizada por otra persona y puede activar una respuesta similar. Se trata de un comportamiento relacionado con la percepción social, pero su función exacta todavía no está completamente resuelta.
Así que la próxima vez que alguien bostece frente a ti y sientas que también tienes que hacerlo, no significa necesariamente que estés cansado ni que tengas un nivel particular de empatía: simplemente podrías estar experimentando uno de los comportamientos sociales más curiosos del cerebro.
JCM