Pegar los dibujos de los hijos en el refrigerador parece un gesto cotidiano, pero detrás de esa costumbre hay una pregunta interesante: ¿qué percibe un niño cuando descubre que aquello que hizo merece un lugar visible en su casa?
La respuesta no está necesariamente en el dibujo, sino en la atención y el reconocimiento que recibe por parte de los adultos.
La evidencia científica sí ha encontrado una relación entre la participación infantil en actividades artísticas —como dibujar, pintar o hacer manualidades— y la autoestima.
Un estudio publicado en Child Development, que analizó datos de 6 mil 209 niños del Reino Unido, encontró una asociación positiva entre realizar estas actividades y los niveles de autoestima a los 11 años. La relación fue particularmente significativa entre quienes dibujaban, pintaban o hacían cosas con mayor frecuencia.
El dibujo no es lo único importante
Esto no significa que colocar una hoja en el refrigerador vaya a elevar automáticamente la autoestima de un niño. Lo que resulta relevante es el contexto en el que se desarrolla esa actividad: la oportunidad de crear, la participación de los padres y la manera en que los adultos responden a lo que hace el menor.
Una investigación publicada en Learning, Culture and Social Interaction desarrolló un instrumento para estudiar el apoyo de los padres al dibujo infantil. Los investigadores identificaron cuatro dimensiones: proporcionar recursos, dibujar junto con los hijos, acompañarlos durante el proceso y ofrecer elogios.
¿Qué puede representar para un niño?
- Reconocimiento: sus padres prestaron atención a algo que él hizo.
- Valoración del esfuerzo: el interés puede centrarse en el proceso y no únicamente en el resultado.
- Espacio para crear: dibujar permite experimentar y expresar ideas sin que exista una única respuesta correcta.
- Participación familiar: cuando los padres se involucran, la actividad puede convertirse en un momento compartido.
- Motivación: recibir una respuesta positiva y adecuada puede animar al niño a continuar explorando.
De hecho, investigaciones más recientes sobre dibujo infantil señalan que el apoyo social de padres, profesores y compañeros puede relacionarse con la participación de los niños en actividades artísticas, aunque también advierten que un apoyo excesivo o percibido como controlador puede tener el efecto contrario.
Cuidado con el tipo de elogio
Aquí aparece una diferencia importante. No es necesario decirle al niño que su dibujo es “perfecto” o que es “un gran artista” cada vez que termina una hoja.
La investigación sobre los elogios infantiles ha encontrado que las alabanzas exageradas pueden ser contraproducentes, especialmente en determinados contextos. Un estudio longitudinal con 120 familias encontró que los elogios inflados de los padres durante la infancia se asociaron con una menor autoestima posteriormente.
Otros trabajos han estudiado específicamente la diferencia entre elogiar la capacidad y reconocer el esfuerzo. En una investigación publicada en Child Development, el elogio al esfuerzo durante los primeros años se relacionó con una orientación posterior más enfocada en que las capacidades pueden desarrollarse mediante el trabajo y el aprendizaje.
Por eso, ante un dibujo infantil puede ser más útil preguntar “¿cómo hiciste esto?”, “¿qué parte te gustó más?” o reconocer el trabajo que puso en hacerlo, en lugar de limitarse a decir que es “el dibujo más bonito”.
Al final, el refrigerador es solamente el lugar donde termina pegada la hoja. Lo que puede hacer la diferencia es el mensaje que recibe el niño: que alguien vio lo que hizo, se interesó por ello y valoró el esfuerzo detrás de su creación.
JCM