En Jalisco, la violencia contra las mujeres no siempre deja moretones visibles. Muchas veces comienza en silencio, disfrazada de amor, protección o estabilidad económica. Inicia con frases aparentemente inofensivas como: “yo me encargo de todo”, “ya no necesitas trabajar” o “quédate en casa con los niños”.
Pero detrás de esas palabras, miles de mujeres terminan perdiendo algo más profundo que el dinero: su autonomía, su autoestima y, en muchos casos, hasta su red de apoyo.
La violencia económica es una de las formas más normalizadas y menos denunciadas de agresión dentro de las relaciones de pareja. Se manifiesta a través del control del dinero, la limitación de recursos, la prohibición de trabajar o el manejo absoluto de los ingresos familiares por parte de una sola persona. También se expresa cuando se minimiza el trabajo doméstico y de cuidados que realizan las mujeres dentro del hogar.
Así lo explicó a MILENIO Hitzi Solano, directora de la organización “La Manada de Asistencia en Resistencia”, una ONG que acompaña casos de violencia contra mujeres y familiares de personas desaparecidas en Jalisco.
“¿Qué es la violencia económica? En realidad es cuando te restringen el dinero, cuando te manejan el dinero como mujer, porque normalmente se normalizó mucho que el hombre tenía que ser el proveedor”, señaló Solano.
El control económico comienza de manera silenciosa
Desde la organización, señaló que han detectado que este tipo de violencia casi nunca aparece de golpe. Por el contrario, suele construirse lentamente, a través de dinámicas de control emocional que terminan aislando por completo a la víctima.
Para Solano, una de las principales señales de alerta aparece cuando una pareja le pide a la mujer abandonar su empleo bajo el argumento de que él cubrirá todos los gastos.
“Si a ustedes les dicen o a una amiga, a una familiar, le dicen: ‘deja de trabajar, yo me voy a encargar económicamente de todo’, normalmente, casi siempre, después va a haber este tipo de violencia económica”, alertó la activista.
Con el paso del tiempo, esa dependencia financiera comienza a convertirse en una herramienta de control. La mujer deja de tener ingresos propios, pierde independencia y termina dedicando todo su tiempo al hogar, al cuidado de los hijos y a las labores domésticas, tareas que históricamente han sido invisibilizadas y poco valoradas.
El trabajo doméstico también tiene valor económico
Sin embargo, la activista recordó que todo ese trabajo sí tiene un valor económico. Explicó que incluso la Procuraduría Federal del Consumidor cuenta con tabuladores para calcular el costo de las labores de cuidado dentro del hogar, que puede ir desde los 13 mil 226 pesos mensuales en la frontera norte hasta los 10 mil 274 pesos al mes en el resto del país, algo que actualmente ya se considera en procesos de divorcio y pensiones alimenticias.
“Las mamás que sufren esta violencia económica son mamás 24/7. No hay vacaciones, no hay días de descanso como a una niñera que se le pague”, dijo Solano.
Aun así, muchas mujeres terminan escuchando constantemente que “no hacen nada”, que “todo lo ha pagado él” o que “no serían capaces de sostenerse solas”.
“Naturalmente, los hombres siempre le dicen: ‘tú no sirves para nada, todo el dinero lo he metido yo y todo lo que he hecho es gracias a mí’, pero no se ve que es un trabajo de equipo”, mencionó.
El aislamiento como otra forma de violencia
La violencia económica rara vez llega sola. Generalmente viene acompañada de aislamiento social, manipulación emocional y violencia psicológica. Según Solano, muchas víctimas terminan alejadas de amistades, familiares y de cualquier persona que pudiera ayudarlas.
Ese aislamiento provoca que la única voz que las mujeres escuchen diariamente sea la del agresor. Una voz que constantemente repite mensajes destructivos hasta que terminan siendo interiorizados.
“Es que él dice que no voy a poder salir adelante. Él dice que me voy a quedar pobre. Él dice que no sirvo para nada. Él dice que estoy gorda, él dice que no sé hacer la sopa… Cuando están diciendo ‘él dice, él dice, él dice’, ojo, porque la única voz que estamos escuchando es la del violentador. Las dejan sin amigas, las dejan sin trabajo, las dejan sin beneficios económicos. Muchas veces sin otra red de apoyo y también sin la familia…”, reveló a MILENIO.
Las heridas emocionales que facilitan la dependencia
La directora de la organización señala que muchas víctimas terminan creyendo esos mensajes después de años de descalificaciones y humillaciones. Poco a poco, pierden seguridad en sí mismas, sienten miedo de salir adelante y creen que no podrán encontrar empleo, otra pareja o incluso apoyo de sus propias familias.
Solano, que también es terapeuta especializada en biodecodificación y antropóloga socioemocional, cuenta con una especialización en narcisismo y trauma complejo, temas que, asegura, están presentes en muchos de los casos que atienden.
De acuerdo con su experiencia, existen ciertos perfiles de mujeres que suelen ser seleccionadas por agresores con conductas controladoras: mujeres altamente empáticas o mujeres exitosas profesionalmente.
“Cuando son mujeres muy exitosas, lo que se llama esto es la doma, es decir, se sienten como en una película de los años 20, algo así como: ‘la voy a domar, esta mujer tiene que ser mía y la voy a domesticar’”, explicó.
En otros casos, afirmó, los agresores buscan mujeres emocionalmente empáticas para convertirlas en un soporte psicológico y emocional constante.
“El narcisista lo que necesita es quien lo sostenga emocionalmente y, sobre todo, quien se vea bonito en la foto. Necesitan esta idea de la familia bonita, la esposa con los hijitos, con la casita en la pradera y el perrito”, dijo Solano.
Aunque aclaró que no cualquier persona puede diagnosticar un trastorno narcisista, insistió en la importancia de acudir con especialistas y terapeutas capacitados en trauma y violencia.
Uno de los puntos más profundos de la conversación gira en torno a las heridas emocionales que muchas personas cargan desde la infancia y que terminan normalizando dinámicas violentas en la vida adulta.
Solano explicó que muchas mujeres crecieron en ambientes emocionalmente inestables y aprendieron desde niñas a tolerar el caos, el silencio, la humillación o el miedo.
Escuchar las señales de alerta del cuerpo
La activista habló también sobre la “nocicepción”, un concepto relacionado con la capacidad del cuerpo para detectar incomodidad, peligro o dolor emocional. Es un mecanismo esencial de protección del organismo que permite identificar estímulos que podrían causar daño.
“Cuando nosotros toleramos en la infancia caos emocionales en nuestra casa, eso se llama abuso reiterado… No se olviden de esa sensación, porque esa sensación es la que nos va a sacar de esas violencias”, reveló la especialista.
Puso como ejemplo la intuición que sienten muchas mujeres cuando algo “no está bien” dentro de una relación o un hogar, aunque todavía no exista violencia física visible.
“Si ustedes están sintiendo que esto que está pasando en casa no está del todo cómodo, por favor busquen un especialista, alguien que pueda ayudarles”, insistió.
La independencia económica como una vía de salida
Una de las mayores dificultades para abandonar relaciones violentas es la dependencia económica. Muchas mujeres no tienen dinero propio, trabajo, redes familiares ni un lugar seguro a dónde ir.
Por ello, organizaciones como La Manada trabajan en acompañamiento integral y capacitación económica para mujeres víctimas de violencia.
Entre las acciones que realizan se encuentran talleres de bisutería, cursos de cocina, ventas y capacitaciones para generar pequeños emprendimientos que permitan a las mujeres comenzar a recuperar su independencia financiera.
También brindan orientación para crear redes de seguridad, palabras clave con personas de confianza y estrategias para pedir ayuda sin alertar al agresor.
“Cuando las mujeres tenemos un ingreso, tenemos una salida y tenemos una forma de poder irnos… Algo que siempre les compartimos es: tengan una palabra de seguridad o una frase de seguridad donde otra persona de confianza sepa que ustedes están en riesgo”, recomendó.
Además, recordó que existen refugios e instituciones gubernamentales que pueden brindar protección y acompañamiento a mujeres en situación de violencia extrema.
Una cultura que ha normalizado los roles tradicionales
La directora de la organización considera que el contexto de Jalisco es especialmente complejo debido a factores culturales, religiosos y sociales que históricamente han reforzado los roles tradicionales de género.
Sin embargo, insistió en que el problema no es que una mujer decida quedarse en casa o dedicarse al cuidado de su familia, sino que no tenga la posibilidad de elegir otra vida.
“A las mujeres nos llevaron a ser tradicionalistas o a meternos a la cocina por una cuestión económica; la violencia se da cuando ya no tengo otra opción más que quedarme ahí”.
Cifras que evidencian la magnitud del problema
“Estamos hablando que, más o menos, de cada 10 mujeres, siete de ellas tienen violencia económica. Dos de ellas van a terminar en feminicidio o en intento de feminicidio. Nuestros números son enormes y terribles”, destacó.
También mencionó la doble jornada que viven millones de mujeres en México: trabajar fuera de casa y continuar realizando todas las labores domésticas sin corresponsabilidad de la pareja.
Para Solano, el cambio también debe darse dentro de los hogares, donde hombres, mujeres e hijos compartan responsabilidades de manera equitativa.
“El Inegi habla de que el 98% de las mujeres trabajamos una doble jornada… ahora ya no nos alcanza con un solo sueldo, todos tenemos que salir a trabajar, todos tenemos que hacer las labores del hogar. Todos. Y esto es simplemente ser un adulto funcional”, explicó.
La Manada de Asistencia en Resistencia mantiene atención y acompañamiento para mujeres víctimas de violencia y familiares de personas desaparecidas. La organización puede ser contactada a través del número 33 12 33 72 04 y mediante redes sociales como “La Manada 8 de Marzo” e “Hitzi Solano”.
Solano incluso lanzó un mensaje para las mujeres que actualmente viven situaciones de violencia y sienten que no tienen salida.
“Recuerden que no están solas. Aquí nadie está sola, se puede salir”.
Más de 70 por ciento de las mujeres han sufrido algún tipo de violencia
En la actualidad, las cifras sobre violencia económica o patrimonial son más limitadas o menos actualizadas que las relacionadas con otros tipos de violencia, como la familiar o los feminicidios.
Según la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), que recoge información sobre las experiencias de violencia contra las mujeres de 15 años y más en México, en 2021 se registró que más del 70 por ciento de las mujeres en Jalisco han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida.
El 71.9% de las mujeres de 15 años y más en Jalisco han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida (psicológica, física, sexual, económica, patrimonial o discriminación).
La violencia económica o patrimonial forma parte de este panorama. A nivel nacional, afecta al 27.4% de las mujeres a lo largo de su vida y al 16.2% en los últimos 12 meses previos a la encuesta.
Jalisco suele ubicarse por encima del promedio nacional en diversos tipos de violencia, incluida la económica.
En el ámbito de la pareja, uno de los espacios donde más se presenta este tipo de violencia, alrededor del 19.1% de las mujeres a nivel nacional han sufrido violencia económica o patrimonial por parte de su pareja a lo largo de la relación.
SRN