El hombre delgado de lentes, chamarra guinda, unos 50 años y casaca anaranjada camina de un lado a otro a la orilla de la cancha de Cubitos. Es integrante del viacrucis de la colonia. La gente lleva cerca de una hora en las gradas, las jardineras y en la fuente.
Son las ocho de la noche, jueves santo y la representación aún no inicia. La cita era a las 20 horas, según el programa. Alguien en el público desespera, comienza a chiflar, lo sigue otra persona, los chiflidos cesan.
El hombre delgado de lentes dice que ya va empezar y pide a la gente que abra un espacio a un costado de la cancha. Una voz al micrófono anuncia la primera llamada. Luego la segunda. "Ahí viene", dice una mujer. "A un lado", dice el hombre delgado. "Ahí viene”, repite un niño. Tercera llamada, 8:30 de la noche.
Jesús, acompañado de sus apóstoles llega a la cancha de Cubitos. Comienza la representación, la gente aplaude. Es la edición número 56 del viacrucis de Cubitos. Jesús no es Jesús. Es Moisés Quintero y por tercer y último año representa al hijo de Dios. Jesús se sienta sobre la cancha.
Judas Iscariote se acerca a los soldados. Lo llevan ante sus sumos sacerdotes. Una vez frente a ellos dice que entregará al hijo del Mesías si le pagan bien. Dice que le tiene un odio grande y da la dirección donde se encuentra su maestro. Judas pide 30 monedas de plata para entregar a Jesús.
Los sumos sacerdotes de deliberan, acuerdan pagar las 30 monedas y entregar a Jesús a Caifás una vez que Judas Iscariote se los entregue. Judas pide unos soldados para acompañarlo, los sumos sacerdotes le piden una señal para identificar a Jesús. Judas Iscariote les dice que a quien salude y bese en la mejilla ese es Jesús.
El fondo de la cancha de Cubitos ahora es el escenario de la última cena de Jesús junto a sus 12 apóstoles. Ahí Jesús les lava los pies, les dice que alguien lo va a traicionar. Los apóstoles se preguntan si será alguno de ellos. Jesús sabe quién es: “lo que has de hacer Judas, hazlo ya”.
"Wow, se ve chido ¿no?", dice un niño al momento en que se apagan las luces de la cancha y queda iluminada solo la mesa de Jesús y sus apóstoles. "Es la última noche", vuelve a decir el niño. "Es la última cena", lo corrige su hermana.
Las luces de la cancha de Cubitos se encienden. Jesús y sus apóstoles se dirigen al cerro de los Olivos, el cual queda a un costado de la cancha. Jesús hace oración, sus apóstoles duermen.
Entonces viene la traición. Judas llega, lleva las 30 monedas de plata consigo, saluda a Jesús y le da un beso. Los soldados apresan a Jesús, el hijo de Dios el maltratado por los soldados romanos. Lo llevan a un calabozo para presentarlo ante Poncio Pilatos este viernes en su juicio, sentencia y calvario. Ha pasado hora y media, termina la representación, la noche es fresca y la luna brilla en el cielo de Cubitos.