Formar nuevos lectores comienza desde los primeros años, cuando acercarse a un libro deja de ser una obligación y se convierte en una experiencia que despierta curiosidad.
“Si lo forzamos a hacer algo que no quiere hacer, a lo mejor sí pudiera perjudicarle en el futuro, que vea la literatura como una obligación, como algo aburrido, tedioso, y eso sí le va a afectar en su desarrollo personal, lector, escritor, psicológico y emocional”, explicó Valeria Odriozola, promotora de lectura.
En los clubes de lectura infantiles, las actividades se adaptan a cada etapa. Hay cuentos en voz alta, dramatizaciones, juegos y conversaciones que ayudan a comprender las historias y compartir opiniones.
A través de su proyecto Kinfold, Valeria Odriozola ha observado que este acercamiento también puede reflejarse fuera de los libros. Algunos participantes ganan seguridad para hablar frente a sus compañeros, hacen nuevas amistades y desarrollan iniciativa.
“La literatura no nada más es leer y escribir, es todo. Les da esta seguridad de que se pueden expresar, les da vocabulario para expresarse, les da seguridad de su persona, de conectar con gente y decir lo que piensan”, comentó Valeria Odrizola.
Además, leer no solo ayuda a mejorar la comprensión. También permite expresar ideas, conocer otras realidades y desarrollar una mirada más crítica sobre lo que ocurre alrededor.
La familia también tiene un papel importante. Leer en casa, dar el ejemplo y permitir que cada pequeño encuentre historias que despierten su interés puede ayudar a crear un vínculo positivo con los libros.
“Muchas veces los niños no se van a acercar al libro porque todavía están practicando. Si el papá lo agarra y lo lee, le está facilitando un poco ese proceso para que luego vaya practicando y pueda hacerlo solo”, señaló la promotora de lectura.
El reto es que la lectura encuentre un lugar en la vida cotidiana y que los libros sean vistos como una opción para aprender, imaginar y compartir, no únicamente como parte de las actividades escolares.
mrg