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¿Por qué una madre abandona o mata a su bebé? El drama que nadie cuenta detrás de la extrema soledad materna

Doce de cada cien mujeres presentan síntomas de depresión durante el embarazo o el posparto. A escala nacional, la cifra oscila entre 13 y 15 por ciento.

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M+.- La nota decía que una mujer había matado a sus hijos y luego se había quitado la vida inhalando gas. Ocurrió en Tlajomulco, en una de esas colonias de Jalisco donde el boom inmobiliario levantó lejos de todo: sin servicios, sin transporte y sin nada que les diera sentido de existir, salvo el bajo precio de los terrenos. La mujer estaba sola. Iban a desalojarla. Tenía dos o tres hijos.

Las notas que circularon cargaron todo el peso sobre la crueldad del hecho. Lo que no dijeron fue cuánto tiempo llevaba esa mujer sobreviviendo sola, física y psíquicamente, antes de llegar a ese punto.

Socorro Gálvez Landeros recuerda ese caso. Es psicoanalista y socióloga, integrante del Círculo Psicoanalítico Mexicano A.C., y durante años trabajó como voluntaria en el Hospital Materno Infantil Esperanza López Mateos, la institución pública de salud más grande de Jalisco, donde nacen alrededor de cinco mil niños al año.

“Poco se leía de las condiciones de supervivencia cotidiana que llevaba a cabo esta mujer para poder alimentar a sus hijos y para poder mantenerse sobreviviendo física y psíquicamente”, dice a MILENIO.

Son dos cosas distintas. Una mujer puede tener qué comer y, al mismo tiempo, encontrarse al límite de lo que puede sostener psíquicamente. El sistema de salud en Jalisco no distingue entre ambas.

Ese caso de Tlajomulco no es el único. En los primeros dos meses de 2026, la Zona Metropolitana de Guadalajara registró cuatro casos de bebés abandonados o encontrados sin vida: uno en un bote de basura, en Valle de Tejeda; otro dentro de una bolsa de plástico, en San Juan de Dios; uno más entre basura, en Bosques de San Gonzalo; y un feto abandonado en las escaleras de un mercado.

¿Cuántas notas se escribieron? ¿Cuántas de ellas preguntaron qué le había pasado a esa mujer antes de llegar hasta ahí?

Ninguna.

Acompañamiento nulo

Las notas de este tipo comienzan con el hallazgo: la bolsa, el bote, el callejón. La mujer que llegó a ese punto no existe en el texto o aparece únicamente como el dato final, como la autora del crimen, como la desnaturalizada.

Lo primero que plantea Gálvez Landeros es otra pregunta: “¿Quién estaba con ella? ¿Quién la acompañaba? ¿Qué sucedía en la maternidad de esa mujer, en las formas de los cuidados maternos que le fueron posibles y en los que no?”.

Eso es precisamente lo que la nota nunca cuenta.

El psicoanálisis parte de una premisa que parece sencilla, pero cambia por completo la perspectiva: un bebé no existe solo. La idea proviene de Donald Winnicott, el psicoanalista inglés. Un bebé sin alguien que lo cuide no es un bebé: es un organismo que muere.

“Que una mujer llegue a eso significa que ha estado sufriendo mucho. No únicamente en el momento en que ocurre el acto, sino que es una mujer que ha estado sola, que ha tenido un sufrimiento muy grande, que posiblemente ha vivido una profunda melancolía, o una enorme tristeza, o ha sido muy maltratada”, explica la especialista.

Lo que la nota policiaca registra como un crimen es, en realidad, el final de un trayecto. Ese trayecto nadie lo siguió.

El ideal de la buena madre tampoco ayuda.

“Hay muchos videos, hay mucha información en las redes, pero el efecto que tienen es culpabilizar a las mujeres. Porque existe el ideal de la buena madre y ese ideal cada vez es más alto”, explica Gálvez.

Una madre siempre disponible; que amamanta a libre demanda; que interpreta cada llanto sin equivocarse; que nunca está agotada ni tiene días malos.

Vecinos logran sepultar a-bebé abandonada-y-vencer-a-autoridades
Altar para bebé abandonado en Tlajomulco | Gabriel Vigueras

Ese ideal no existe en ninguna mujer real, pero sí funciona como la medida con la que se juzga a todas. Las que no alcanzan ese estándar —que son todas— cargan con esa distancia como si fuera un fracaso personal.

El sistema de salud, en lugar de desmontar esa idea, la reproduce.

El recuerdo de la vida propia


Lo que el psicoanálisis de la perinatalidad documenta es que, cuando una mujer recibe a un bebé, se activa de manera inconsciente su propia historia: la relación con su madre, sus experiencias de desamparo, aquello que recibió y aquello que le faltó.

Gálvez Landeros tiene una forma de explicarlo difícil de olvidar: “Un bebé es desamparo puro. Y lo que hace una madre es donarle psiquismo, donarle tiempo, donarle narcisismo, inintencionadamente; todo aquello que lo va volviendo humano: hacerlo sonreír, interpretarle el mundo”.

El psicoanálisis tiene una expresión para describir ese proceso: la madre le enseña al bebé el mundo en pequeñas dosis. Pero, ¿Qué ocurre cuando nadie le ofrece a ella esas mismas pequeñas dosis de mundo?

“Si ella no tiene algo que le permita devolverle al bebé algo distinto de la angustia y del desamparo, pues, obviamente, esto no se fabrica en un día. No se despierta una mujer una mañana y dice: ‘Hoy me siento fatal; hoy le prendo al gas’. Es algo que se va construyendo. Es una trayectoria, un trayecto que se recorre”.

Ese trayecto es el que la nota policiaca no narra. Tampoco lo registra el sistema de salud, que debería ser capaz de detectarlo.

Situación incomprendida

Diego Víctor Flores, maestro en Psicoterapia por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), perdió a su bebé cuando su esposa cursaba el sexto mes de embarazo. Cuando ocurrió, la psicóloga del hospital se acercó para explicarles, a él y a su esposa, el procedimiento para recoger el cuerpo. Lo hizo con respeto, recuerda Diego, pero sin preguntarles cómo estaban.

“En ningún momento me preguntó cómo me sentía o si podía apoyarme en algo”.

Hoy acompaña a familias que atraviesan un duelo perinatal. Cuando reflexiona sobre las razones por las que una mujer puede llegar a abandonar o matar a su bebé, sostiene: 

“Para que una mujer llegue a abandonar, a matar o a quitarse a un bebé, antes ha tenido precisamente la experiencia de sentirse no querida, no aceptada, no acompañada, no valorada”.

Su esposa, también psicóloga y terapeuta, acudió sola a las consultas prenatales porque así lo establecían los protocolos. En los pasillos del Hospital Civil escuchó a médicos preguntar a mujeres con bebés que presentaban malformaciones:

“¿Y por qué tuviste este bebé?”.

O, directamente: “¿Por qué no te cuidaste?”.

Diego también recuerda haber visto en esa sala de espera a una adolescente de quince o dieciséis años. Cuando su madre intentó acompañarla, el personal le indicó que no podía hacerlo porque ella ya era madre y debía entrar sola.

“Es una niña”, dice Diego. “No tuvo que haber vivido eso”.

Más tarde, cuando su esposa permanecía hospitalizada tras la muerte de su hijo, fue instalada en una sala junto a mujeres cuyos bebés estaban vivos. Un enfermero se acercó para preguntarle por qué no había alimentado a su bebé. Ella respondió que no podía hacerlo porque su hijo estaba en el anfiteatro. Después le preguntó por qué no había leído el expediente clínico. El enfermero admitió que no lo había revisado.

Caso de madre que mató a sus hijos en Tlajomulco
Caso de madre que mató a sus hijos en Tlajomulco. (Usi Toledo)

Estado de la depresión perinatal


En Jalisco nacen aproximadamente 93 mil niñas y niños cada año. Doce de cada cien mujeres presentan síntomas de depresión durante el embarazo o el posparto. A escala nacional, la cifra oscila entre 13 y 15 por ciento, de acuerdo con la Secretaría de Salud.

La depresión perinatal no atendida puede derivar en infanticidio o suicidio. Además, constituye la principal causa de muerte materna durante el primer año posterior al parto.

Entre 2020 y 2024 se contabilizaron en México 5 mil 790 menores víctimas de abandono o negligencia, un incremento de 616 por ciento respecto de 2010, de acuerdo con la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim).

En ese mismo periodo, los bebés abandonados en hospitales de la Secretaría de Salud pasaron de 50, en 2020, a 107, en 2024.

Gálvez Landeros acompañó durante años, como voluntaria, a madres cuyos bebés permanecían internados en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital Materno Infantil López Mateos. Eran bebés prematuros, con compromiso neurológico o con diagnósticos que los médicos describen como incompatibles con la vida.

En otros países, explica, los padres pueden permanecer las veinticuatro horas junto a las incubadoras porque no son considerados visitantes.

“Aquí, en las instituciones públicas, pueden estar una hora en la mañana y una hora en la tarde. Únicamente”.

Dos horas al día con un bebé del que no saben si logrará sobrevivir. La angustia que eso genera en una madre no aparece en ningún expediente clínico.

Un paso en salud pública

El 20 de mayo, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, anunció la construcción del primer Centro de Salud Mental Perinatal del estado, el primero del país y el tercero de Latinoamérica. El proyecto se edificará junto al Hospital General de Occidente, conocido como Zoquipan, en Zapopan, contará con una inversión de 58 millones de pesos y tendrá capacidad para brindar entre 38 mil y 40 mil atenciones al año.

Lemus afirmó: “Habíamos atendido a las niñas, a los niños, a los jóvenes, pero necesitábamos la atención perinatal, la atención a las mamás durante el parto y posterior al parto”.

Sin embargo, Diego Víctor Flores matiza el anuncio.

“Todavía este centro, como tal, no está hecho; todavía no existe el edificio. Apenas están trabajando en el diseño de los protocolos que deberán seguirse y en el modelo de atención que se ofrecerá”.

Al final de la conversación, Gálvez Landeros hace una distinción que considera fundamental.

“No es lo mismo un embarazo que un hijo. Una cosa es tener un niño vivo, haberle dado un nombre, haber construido un vínculo con él, haberlo visto sentarse, caminar y haberle hecho un lugar en la vida. No es lo mismo un embarazo que un hijo. Son cosas radicalmente distintas”.

Esa diferencia desmonta la idea de que una mujer que abandona o mata a su bebé necesariamente había decidido no quererlo desde el principio, que el rechazo existía desde el embarazo y que el desenlace era inevitable.

La depresión post parto un problema de salud pública, todo va más allá del dolor físico.
La depresión perinatal no atendida puede derivar en infanticidio

Una mujer puede haber deseado profundamente a ese hijo y, aun así, llegar al límite. Lo que la llevó hasta ahí no fue, necesariamente, la ausencia de amor, sino la acumulación de la soledad.

“¿Por qué el padre casi nunca aparece en estas discusiones? ¿Por qué la naturaleza sigue ligada a la maternidad y a las mujeres, y no a los hombres?”, cuestiona Gálvez.

Nadie pregunta dónde estaba el padre del bebé encontrado dentro de una bolsa. Nadie pregunta qué hizo o dejó de hacer. En estos casos, la responsabilidad pública suele tener un solo género.

Opinar sin conocer

Fabián Acosta Rico, doctor en Antropología Social por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Occidente y profesor-investigador de la Universidad de Guadalajara, observa el mismo fenómeno desde otra perspectiva.

“Somos una sociedad de seres atomizados y egoístas”, afirma. “Todos estamos más preocupados por nuestros propios asuntos. Este tipo de casos provoca, más que una reflexión, un oprobio moral. Además, se presta para el sensacionalismo del que están tan ávidas las redes sociales. El juicio de los internautas es completamente superficial, amarillista”.

Para Acosta Rico, el problema trasciende el caso particular.

“Estas pobres mujeres son víctimas, precisamente, de las condiciones de la posmodernidad, donde todos opinan aunque no estén informados y donde todos esperan ser escandalizados”.

El escándalo ocupa el lugar de la pregunta. Y mientras el escándalo dure, nadie tendrá que preguntarse qué ocurrió antes.


MC

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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