Comunidad

Ser trans en Jalisco: el problema del rechazo familiar y la falta de apoyo que marcan vidas

Todavía persisten prejuicios que dejan en situación de vulnerabilidad a menores de edad que se identifican como parte de la comunidad arcoíris.

M+.- La diversidad sexual no se vive igual que hace 40 años. Hoy hay más información, espacios abiertos y se ha ganado terreno en el reconocimiento de los derechos para las personas de la población LGBTQ+. Pero, a pesar de que se ha avanzado mucho, todavía persisten prejuicios que dejan en situación de vulnerabilidad a menores de edad que se identifican como parte de la comunidad arcoíris, especialmente a las personas trans.

El abandono familiar sigue siendo una constante. La discriminación que se vive en el hogar empuja a muchas de estas personas a vivir en situación de calle y agrega otro factor de vulnerabilidad. La falta de garantías para reconocer la identidad de género también impacta en el pleno desarrollo de su vida pública.

Las deudas institucionales persisten, aunque poco a poco hay quienes se han acercado a colectivos como Impulso Trans, dirigido por Izack Alberto Zacarías, quien charló con MILENIO, para saber cómo brindar acompañamiento a familiares y estudiantes, una gran diferencia respecto a cómo él vivió su juventud.

“Ahora las familias son las que vienen. De: ‘Oye, ¿cómo le acompaño?, ¿qué información necesito para entenderle?’”. Un gran paso en este camino hacia el reconocimiento de la diversidad.

Búsqueda de identidad

Durante años, Izack creyó que estaba solo. Creció en Tequila, Jalisco, en la década de los ochenta, en una época en la que hablar de diversidad sexual o identidad de género era prácticamente imposible. No había internet, no había referentes cercanos y mucho menos información accesible para entender aquello que sentía desde la infancia: que el género que le habían asignado al nacer no correspondía con quien realmente era.

Mientras otros niños crecían dentro de las normas sociales esperadas, él intentaba entender por qué aquellas reglas le resultaban ajenas.

Sin herramientas para comprenderse, intentó adaptarse a lo que los demás esperaban. Más tarde dejó Tequila y se trasladó a Guadalajara. Pensó que al cambiar de entorno podría dejar atrás aquellas preguntas que lo acompañaban desde la infancia. No ocurrió.

Hasta que un día apareció una palabra que cambiaría su vida: trans. La descubrió gracias al testimonio de un hombre español llamado Moisés, quien compartía en internet fotografías de su transición y hablaba abiertamente de su experiencia: “Ahí fue donde yo digo: ah, ahora ya sé que soy una persona trans, soy un hombre trans”.

La diversidad sexual no se vive igual que hace cuarenta años.
Persisten prejuicios que dejan en situación de vulnerabilidad a la comunidad arcoíris (Archivo Milenio)

Saber quién era resolvió una parte del camino. La siguiente pregunta era dónde encontrar a otras personas como él. Durante años pensó que prácticamente estaba solo. La llegada de Facebook y de los primeros foros especializados le permitió descubrir que existían muchas más personas trans en México y América Latina. Ese encuentro virtual se transformó rápidamente en comunidad.

Movido por la necesidad de compartir información, creó un grupo público llamado Confesiones Trans. “Yo no lo hice secreto, yo lo abrí”. Lo que comenzó como un espacio para intercambiar experiencias pronto reunió a decenas y luego a cientos de personas que buscaban respuestas similares. A través de ese grupo conoció a otros hombres trans de Guadalajara, intercambió información sobre procesos de transición y acompañó a quienes comenzaban a recorrer el mismo camino.

En 2013 comenzó a tomar forma un proyecto colectivo que más tarde adoptaría el nombre de Impulso Trans. La organización quedó legalmente constituida en 2016. El objetivo era claro: demostrar que ser una persona trans no significa una condena.

“Sí, sí somos personas trans; sí, sí la pasamos mal, pero al final podemos resistir, podemos exigir y podemos salir adelante”. Actualmente, Impulso Trans trabaja principalmente en cuatro áreas: salud, reconocimiento de la identidad de género, acceso al empleo y educación.

La organización opera desde Guadalajara, cerca del Estadio Jalisco, aunque brinda acompañamiento en distintas partes del país mediante plataformas digitales. Cuenta con alrededor de siete personas voluntarias y ha acompañado a cerca de mil 500 personas trans a nivel nacional.

Deudas pendientes

La falta de acceso integral a la salud, la ausencia de protocolos especializados y las barreras laborales y educativas son parte de las deudas institucionales hacia la población trans.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (Endiseg) 2021, 4.6 por ciento de la población de 15 años y más en Jalisco se considera parte de la población LGBTI+, lo que equivale aproximadamente a 298 mil 270 personas. De ellas, 81.8 por ciento se identifica por su orientación sexual, 7.6 por ciento por su identidad de género y 10.6 por ciento por ambas condiciones.

Aunque en los últimos años las personas trans han ganado visibilidad y algunos derechos han sido reconocidos legalmente, para Izack una de las mayores deudas pendientes en Jalisco sigue siendo la protección de las infancias y adolescencias trans. Desde su experiencia al frente de Impulso Trans, asegura que los casos de jóvenes que enfrentan rechazo familiar continúan llegando a la organización.

Algunos son expulsados de sus hogares; otros viven violencia psicológica constante y muchos enfrentan el abandono de las personas que deberían brindarles protección. Sin embargo, cuando esto ocurre, las alternativas prácticamente no existen. “En Jalisco no existe ningún espacio ni ningún albergue. De hecho, ni para personas menores trans o personas adultas, no lo hay”, afirma.

La diversidad sexual no se vive igual que hace cuarenta años.
Una de las mayores deudas pendientes en Jalisco sigue siendo la protección de las infancias y adolescencias trans (Archivo Milenio)

​La ausencia de refugios especializados deja a adolescentes y jóvenes en una situación de alta vulnerabilidad. En algunos casos, explica, la única alternativa es recurrir a familiares lejanos, amistades o redes comunitarias improvisadas que intentan evitar que terminen en situación de calle.

A lo largo de los años, la organización ha tenido que intervenir en distintos casos de adolescentes que se quedaron sin un lugar seguro donde vivir. En uno de ellos, recuerda, un joven de 15 años logró ser acogido por una tía tras la intervención de autoridades estatales. Sin embargo, reconoce que no siempre existe un familiar dispuesto a asumir esa responsabilidad.

La situación se vuelve todavía más compleja cuando las personas llevan meses viviendo en la calle o enfrentan problemas de salud mental, adicciones o violencia acumulada. “Cuando ya tienen tiempo en situación de calle, cuando traen temas de adicciones, el tema se complica todavía más”, señala.

Ante la falta de infraestructura pública, organizaciones civiles y activistas han tenido que construir soluciones temporales. En ocasiones, Impulso Trans ha recurrido a redes de apoyo comunitarias, espacios compartidos, organizaciones de asistencia social e incluso oficinas de la propia asociación para brindar refugio provisional. Para Izack, esta realidad evidencia una ausencia histórica de políticas públicas dirigidas a la población trans.


Derecho a la identidad

Entre las asignaturas pendientes también ubica el reconocimiento y la protección de las infancias y adolescencias trans. El tema ha generado debate político en Jalisco durante los últimos años, particularmente en torno al reconocimiento legal de la identidad de género para menores de edad. Sin embargo, desde la perspectiva de quienes acompañan diariamente a esta población, el problema va mucho más allá de los cambios legislativos.

Izack señala que las escuelas continúan careciendo de herramientas suficientes para atender las necesidades de estudiantes trans. Aunque algunos docentes buscan información y capacitación por iniciativa propia, no existe una estrategia integral que garantice acompañamiento, atención psicológica o protocolos claros de actuación.

“La administración pasada trabajó una guía de un protocolo en temas de educación. Ahí está atorado, el secretario no lo quiso sacar y ahí se quedó archivado”.

La falta de capacitación también impacta directamente en adolescentes que enfrentan violencia dentro de sus hogares. En muchos casos, explica, los profesores detectan situaciones de riesgo, pero tienen pocas herramientas para intervenir.

“Cuando los docentes detectan que tienen un alumnado trans que necesita apoyo emocional, apoyo psicológico, apoyo psiquiátrico, porque tiene violencias en su familia, pues no pueden hacer nada”, dice.

A ello se suma que muchos menores dependen legalmente de madres, padres o tutores que no reconocen ni aceptan su identidad de género. Por ello, considera que las adolescencias trans constituyen actualmente uno de los grupos más vulnerables dentro de la diversidad sexual. “Creo que los grupos que más complicada la tienen son las adolescencias trans y las mujeres trans”.

La diversidad sexual no se vive igual que hace cuarenta años.
La Ley de Infancias Trasn en Jalisco ha sido poco discutida en el Congreso. (Archivo Milenio)

A pesar de que Jalisco cuenta con el reconocimiento legal de la identidad de género, Izack considera que todavía existe una brecha importante entre los derechos reconocidos y su aplicación cotidiana. Las dificultades para acceder a servicios de salud especializados, la falta de protocolos médicos, la discriminación laboral, las barreras educativas y los obstáculos para actualizar documentos oficiales continúan formando parte de la experiencia de muchas personas trans.

“Ya nos quedó claro que ni con el acta de nacimiento tenemos acceso real a todos nuestros derechos”. Desde su perspectiva, el principal reto para los próximos años no es únicamente ampliar derechos, sino garantizar que estos puedan ejercerse plenamente.

MC

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