Una propuesta innovadora llega a la Sala Experimental del Teatro de la Ciudad en Monterrey. Espiralmanía es una puesta en escena que fusiona la lucha libre con las batallas internas que enfrentamos en la vida cotidiana.
La historia se desarrolla en la ficticia Arena Espiral, donde seis luchadores suben al cuadrilátero no solo para enfrentarse entre ellos, sino para combatir aquello que los paraliza por dentro: el miedo, la traición, la presión y la duda.
“Como fanático de la lucha libre, decidí formar esta historia en donde cualquier persona que tenga la intención de luchar por su sueño se ha enfrentado a todo ese tipo de cosas; a un gremio corrosivo, a traiciones, a manipulaciones… Espiralmanía es eso, la lucha por los sueños, buscar alcanzarlos”, explica Tobías Rangel, director de la obra.
La puesta en escena respeta la esencia de la lucha libre mexicana como parte fundamental de nuestra identidad cultural. A lo largo de la obra, el público podrá presenciar distintos tipos de combate, desde lucha callejera hasta modalidades más extremas, integrando las estipulaciones tradicionales de este espectáculo deportivo.
Pero más allá del espectáculo físico, el montaje tiene un trasfondo profundamente humano.
“Luchan contra ellos mismos, contra el miedo a la muerte, a lo desconocido, a no ganar, a no ser suficiente”, agrega Rangel.
La experiencia comienza incluso antes de entrar al teatro. La obra arranca con una pelea callejera en la calle Zaragoza, en el Centro de Monterrey, sorprendiendo a los transeúntes y sumergiéndolos desde el primer momento en la historia.
“Vamos a iniciar la obra directamente con la lucha por el campeonato mundial… es una lucha callejera que literalmente va a iniciar en la calle. Se les invita a que griten, abucheen, hagan absolutamente todo”, comenta.
Detrás de cada llave, cada caída y cada silletazo hay meses de preparación física y emocional. El elenco inició su proceso desde septiembre, con entrenamiento profesional para aprender técnicas, caídas y movimientos propios de la lucha libre.
“Fueron varios meses de entrenamiento para saltar, aprender a caer y no lastimarse. Buscamos proteger al actor, pero no quitarle ese valor real”, explica el director, destacando que la obra mantiene la intensidad auténtica del deporte.
Espiralmanía no solo presenta un espectáculo visual y físico; también invita a la reflexión.
nrm