M+.– Especialistas en psicología educativa advierten en Jalisco sobre los retos que enfrentan los menores con altas capacidades, una población que, lejos de los estigmas de “niños genio” o “superdotados”, requiere atención específica tanto en el entorno escolar como familiar.
Un niño con altas capacidades puede pasar hasta 50 por ciento del tiempo escolar esperando a que sus compañeros comprendan los contenidos.
“Esto genera aburrimiento, frustración y, en muchos casos, conductas que son malinterpretadas como problemas de atención o disciplina”, señala a MILENIO María de los Dolores Valadez Sierra, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara.
Desde la psicología, estos menores se distinguen por un desarrollo adelantado respecto a su edad. Incluso pueden ubicarse por encima de 90 o 95 por ciento de los niños de su misma edad en diversas habilidades cognitivas.
Evangelina Arellano Martínez, directora de Ciencias Exactas y Habilidades Mentales, de la Secretaría de Educación Jalisco, subrayó que estas características no los eximen de enfrentar dificultades y bullying, pues no son las altas capacidades las que generan problemas emocionales, sino un entorno escolar que no está diseñado para atenderlas.
Entre el potencial académico y los retos emocionales
En el marco del Día del Niño, especialistas en educación y psicología coinciden en un punto clave: niñas y niños con altas capacidades no solo requieren reconocimiento por su talento, sino una atención integral que contemple tanto su desarrollo académico como su bienestar emocional.
En Jalisco, este sector ha comenzado a visibilizarse con mayor fuerza en los últimos años.
La directora de Ciencias Exactas y Habilidades Mentales señaló que actualmente existe una red estatal que agrupa a más de 5 mil estudiantes sobresalientes distribuidos en 107 municipios. Este modelo, conocido como Red Talento al Estilo Jalisco, surgió en 2022 como una evolución de programas previos que buscaban atender a esta población.
“El talento no está concentrado únicamente en la zona metropolitana. Hemos encontrado estudiantes sobresalientes en prácticamente todo el estado”, señala.
A diferencia de un enfoque clínico o psicológico, la Secretaría de Educación identifica a estos estudiantes a partir de su desempeño constante en áreas específicas como matemáticas, ciencias, lectura, ajedrez o emprendimiento.
Son alumnos que destacan de forma reiterada en concursos académicos, lo que permite integrarlos a una red de acompañamiento que incluye mentorías con universitarios, vinculación con instituciones académicas y acceso a oportunidades como becas nacionales e internacionales.
Este modelo, sin embargo, no sustituye la mirada psicológica. Desde la academia, la especialista María de los Dolores Valadez Sierra, del Centro Universitario de Ciencias de la Salud, de la UdeG, advierte que el término “superdotado” ha quedado atrás y que actualmente se habla de niñas y niños con “altas capacidades” o “aptitudes sobresalientes”.
“Son menores que presentan un desarrollo adelantado respecto a su edad en distintas áreas. Tienen un lenguaje más complejo, mayor razonamiento, aprenden más rápido y muestran una curiosidad constante por profundizar en diversos temas”, explica.
Uno de los principales retos se encuentra dentro del salón de clases. El sistema educativo tradicional, diseñado para avanzar a un ritmo homogéneo, suele quedarse corto frente a las necesidades de estos estudiantes.
De acuerdo con la especialista, un niño con altas capacidades puede llegar a invertir hasta la mitad de su tiempo escolar simplemente esperando que sus compañeros adquieran los mismos contenidos que él ya domina.
Esta situación, lejos de ser inofensiva, genera consecuencias profundas en su experiencia educativa: el aburrimiento constante y la frustración se instalan como compañeros de aula y, con frecuencia, derivan en conductas que se malinterpretan como problemas de atención o disciplina.
En este contexto, algunos menores son etiquetados como hiperactivos o conflictivos, cuando en realidad están desmotivados por la falta de estímulos adecuados. Incluso pueden recibir diagnósticos equivocados si no se realiza una evaluación integral.
A nivel social, persisten ideas erróneas sobre esta población. Una de las más comunes es asumir que, por ser “muy inteligentes”, no requieren apoyo emocional.
“La realidad es que tienen las mismas necesidades emocionales que cualquier niño”, afirma Valadez Sierra. “El problema surge cuando el entorno no se adapta a sus características y se generan expectativas irreales”.
La presión por destacar, el perfeccionismo y la alta sensibilidad que suelen presentar pueden derivar en ansiedad, estrés o frustración, especialmente si se enfrentan a entornos poco comprensivos.
Bullying, exclusión y la necesidad de pertenencia
Otro de los factores que inciden en su desarrollo es la interacción social. Tanto desde la psicología como desde la Secretaría de Educación se reconoce que estos estudiantes pueden ser blanco de burlas o exclusión.
Apodos como “sabelotodo” o “enciclopedia” son comunes en entornos escolares donde el talento no siempre es valorado. Esto puede provocar aislamiento o, en algunos casos, que los propios niños decidan ocultar sus capacidades.
“Muchos llegan con nosotros después de haber vivido bullying o de haber sido señalados como problemáticos”, reconoce Arellano Martínez.
Particularmente en el caso de las niñas, existe una tendencia a invisibilizar sus habilidades para encajar socialmente, lo que dificulta su identificación y atención.
Ante este panorama, la Red Talento al Estilo Jalisco busca ofrecer algo más que formación académica: un espacio de pertenencia.
A través de mentorías, encuentros y actividades, los estudiantes pueden convivir con otros jóvenes con intereses similares, lo que fortalece su identidad y autoestima.
“Queremos que encuentren un lugar donde se sientan comprendidos”, explica la funcionaria.
Talento jalisciense en el escenario internacional
Los resultados de este acompañamiento ya se reflejan en competencias internacionales. Estudiantes del estado han participado en olimpiadas de matemáticas, informática y ciencias en países asiáticos, donde obtienen altos porcentajes de medallas.
En algunos casos, hasta 80 por ciento de los participantes logra posicionarse entre los mejores, lo que evidencia el nivel académico que pueden alcanzar cuando cuentan con las condiciones adecuadas.
Sin embargo, detrás de estos logros también hay historias de esfuerzo familiar: padres que invierten tiempo y recursos en clases extracurriculares, traslados y acompañamiento constante.
Uno de los puntos en los que coinciden ambas especialistas es la importancia de la detección temprana. Aunque el sistema educativo suele identificarlos a partir de cuarto de primaria, desde la psicología se advierte que las señales pueden observarse desde preescolar.
El desarrollo temprano del lenguaje, la facilidad para los números o la curiosidad constante son algunos de los indicadores.
En este proceso, los padres juegan un papel clave. “Son los primeros en notar que algo es diferente. Lo importante es observar sin prejuicios y buscar orientación profesional”, señala Valadez Sierra.
Por su parte, los docentes requieren mayor capacitación para identificar estos casos y responder de manera adecuada, sin recurrir a etiquetas o diagnósticos apresurados.
A pesar de los avances, el desafío sigue siendo amplio. La cobertura de programas especializados aún es limitada frente a la cantidad de estudiantes potencialmente sobresalientes y el acceso a evaluaciones psicológicas puede representar un obstáculo económico para muchas familias.
Además, persiste la necesidad de articular de manera más efectiva los esfuerzos entre el sistema educativo y el ámbito psicológico para ofrecer una atención integral.
En el fondo, el reto no es solo formar estudiantes brillantes, sino garantizar que puedan desarrollarse plenamente en todos los ámbitos de su vida.
Porque detrás de cada niña o niño con altas capacidades hay algo más que talento: hay emociones, necesidades y una historia que, si no se acompaña adecuadamente, puede quedar tan rezagada como cualquier otra.
MC
