Comunidad
  • Molcajetes guanajuatenses hechos a cincel y martillo le ponen sabor a las cocinas de China y EU

Heriberto Olalde, artesano originario de Guanajuato. | Daniela Béjar

La fabricación de los molcajetes en el municipio de Comonfort se realiza con piedra volcánica, que se extrae de las minas localizadas en los cerros y que se talla de manera completamente manual.

En el cerro del Ejido Camacho, entre tierra negra y formaciones de piedra, trabaja Jaime Olalde González, artesano de Comonfort, municipio del oriente de Guanajuato —casi en los límites con Querétaro—, quien desde hace más de 35 años se dedica a la fabricación manual de molcajetes, un proceso que realiza con herramientas tradicionales.

La actividad la heredó de su padre, quien inició esta labor hace más de siete décadas, cuando la elaboración de piezas de piedra era la opción disponible para sostener a una familia de 16 hijos: ocho hombres y ocho mujeres. 

Desde temprana edad, Jaime y sus hermanos participaron en el trabajo, lo que permitió que el oficio continuara en la comunidad.

Menos molcajeteros, más fábricas

Sin embargo, se trata de un oficio que está desapareciendo. Hace dos años había más de 80 molcajeteros en Comonfort y actualmente quedan solo 27. Muchos decidieron dejar esta actividad para emplearse en fábricas de Celaya, Querétaro o San Miguel de Allende, donde obtienen prestaciones de ley como seguridad social, aguinaldo y vacaciones pagadas, además de un trabajo menos demandante físicamente, por lo que cada vez hay menos molcajeteros.

A esto se suma que, de acuerdo con Jaime, los apoyos del gobierno para el sector también son cada vez más limitados.

Piedra volcánica, la base del molcajete

La fabricación de los molcajetes en el municipio de Comonfort se realiza con piedra volcánica, que se extrae de las minas localizadas en los cerros y que se talla de manera completamente manual.

El proceso inicia con la búsqueda de la piedra de la que saldrán varias piezas, cuya venta da sustento a sus familias. El hallazgo de este material puede llevar hasta una semana, ya que debe ser volcánica para obtener un producto de calidad.

La fabricación de los molcajetes en el municipio de Comonfort que se realiza con piedra volcánica, son productos que ya se exportan a otras países como China.
El proceso inicia con la búsqueda de la piedra de la que saldrán varias piezas, cuya venta da sustento a sus familias. | Daniela Béjar

En las minas, los bloques originales suelen medir aproximadamente 10 metros de largo por 1.5 metros de ancho y tres metros de altura. Conforme avanza la extracción, donde también se hace uso de pólvora, las rocas se fragmentan hasta quedar en piezas de alrededor de un metro por 50 centímetros de ancho y 2.5 metros de altura, aunque las dimensiones varían entre cada veta.

A partir de una piedra de cuatro toneladas se obtienen cerca de 500 molcajetes de ocho pulgadas, la medida más comercializada.

La fabricación de los molcajetes en el municipio de Comonfort que se realiza con piedra volcánica, son productos que ya se exportan a otras países como China.
piedraA partir de una piedra de cuatro toneladas se obtienen cerca de 500 molcajetes de ocho pulgadas. | Daniela Béjar

Producción y exportación

De acuerdo con la Dirección de Economía Municipal de Comonfort, los artesanos elaboran en promedio mil 600 molcajetes por semana, equivalentes a 6 mil 400 piezas al mes.

Una parte de esta producción se exporta principalmente a Estados Unidos y China, mercados donde se ha mantenido una demanda constante de utensilios elaborados con piedra volcánica de Comonfort.

Paso a paso de una pieza artesanal

Jaime, quien también es presidente de los molcajeteros de Comonfort, y su hermano Heriberto mostraron paso a paso cómo elaboran una pieza de forma totalmente artesanal.

Ellos viven en la comunidad de San Carlos; a unos 13 kilómetros se ubica el Ejido Camacho. Jaime explicó que identifican la tierra volcánica por su color negro y que, en esa región, localizarla es un proceso rápido debido a la abundancia de este material.

Aunque en esa área aún hay presencia de piedra volcánica, existe la posibilidad de que en aproximadamente 30 años el recurso comience a escasear en lugares como el Ejido Camacho o el rancho La Morita.

“Para un molcajete de calidad se tiene que elegir una buena piedra”

Atacar la piedra, como ellos llaman al golpearla con un cincel y martillo, les llevó 20 minutos. Cada impacto los obligó a mover el cincel apenas unos milímetros para guiar la grieta por donde necesitan que pase.

“Tenemos que agujerar unos 35 o 40 centímetros para que truene bien. Puede fallar porque, al estar arreglándola, le ponemos pólvora, le ponemos la mecha. Entonces, al momento de estar atacando, se puede apachurrar y se quiebra, se mocha y tenemos que hacer otro agujero para poderla quebrar”, describió.

La explosión fragmentó una piedra de alrededor de cuatro toneladas en siete piezas de distintos tamaños. Tres de ellas seguían siendo demasiado grandes para moverlas, por lo que volvieron a utilizar la cuña y el martillo para seguirlas partiendo. Tras ese proceso obtuvieron un total de diez piedras transportables. Este procedimiento les llevó otros 25 minutos.

“Hay que atacarlo, prepararlo, le ponemos pólvora, lo prendemos y explota la piedra para quebrarla”, dijo.
La fabricación de los molcajetes en el municipio de Comonfort que se realiza con piedra volcánica, son productos que ya se exportan a otras países como China.
Uno de los procesos de la elaboración del molcajete implica "explotar la piedra", explican artesanos. | Daniela Béjar

​​Del cerro al taller

Casi tres horas después lograron su objetivo: acomodar las diez piedras trabajadas en la caja de su camioneta y llevarlas a su taller, donde se convertirán en molcajetes listos para la venta.

El taller donde Jaime trabaja está al aire libre, justo afuera de su casa, en un terreno rocoso sin pavimentar. Alrededor hay ocho viviendas. Bajo la sombra de un árbol, elige una piedra de aproximadamente 60 centímetros de largo por 30 de ancho para comenzar la elaboración del molcajete.

Utiliza el martillo para definir la forma. Luego trabaja las orillas y el contorno con golpes menos fuertes que los usados en el cerro. Ese moldeado inicial tomó alrededor de 15 minutos.

Posteriormente, enciende una pulidora para detallar la pieza: forma las tres patas, da forma al interior y afina los bordes. Tras varias pasadas logra darle la estructura final.

La elaboración final del molcajete tradicional les llevó 45 minutos. De los restos sobrantes se selecciona un fragmento adecuado y se trabaja hasta convertirlo en el tecolote, la pieza que acompaña al molcajete.

Una vida entre molcajetes

Jaime Olalde tiene 44 años, es originario de Comonfort, está casado y tiene un hijo de 13 años. Su familia está integrada por 15 hermanos; siete de ellos también se dedican al oficio, aprendido de su padre.

Contó que desde los cuatro años acompañaba a su padre al cerro a buscar piedra volcánica y que a los nueve comenzó a practicar con piezas pequeñas. Estudió hasta tercer grado de primaria y después decidió dedicarse de lleno al trabajo artesanal.

Recordó que a los 13 años logró tallar su primer molcajete de 13 pulgadas con todas las características necesarias; desde entonces decidió que ese sería su oficio.

Aclaró que actualmente elaboran principalmente molcajetes de ocho pulgadas, que son la medida más comercial.

Ocho molcajetes a lomo de burro

Por su parte, Heriberto Olalde González, también artesano, contó que tiene más de 50 años dedicándose a la elaboración de molcajetes.

La fabricación de los molcajetes en el municipio de Comonfort que se realiza con piedra volcánica, son productos que ya se exportan a otras países como China.
Heriberto Olalde, artesano originario de Guanajuato. | Daniela Béjar

A diferencia de su hermano, no cuenta con camioneta, por lo que depende de su burro para trasladar las piedras que necesita.

El trayecto hasta el Ejido Camacho le toma aproximadamente una hora, un recorrido que Jaime realiza en apenas 15 minutos en su vehículo.

“Yo tengo un burrito y le echo unos ocho molcajetes porque está feo el camino por donde voy”, dijo.

Utiliza la misma técnica que su hermano para colocar la pólvora y golpear la piedra volcánica. Para cargar el material, improvisa mantas o lonas.

“Hago unas mantas con costales de plástico donde viene el azúcar y ahí le echo las piedras de manera horizontal, porque si las traigo así ‘piedrudas’ nada más les caben unas cuatro en cada lado y están bien pesadas también”, explicó.

Heriberto produce alrededor de 15 piezas por semana. Vende cada una en 180 pesos y solo elabora molcajetes de manera tradicional.

Su hermano Jaime produce alrededor de 20 piezas por semana y las vende en 350 pesos cada una. Las temporadas más fuertes son Navidad y Semana Santa.

La fabricación de los molcajetes en el municipio de Comonfort que se realiza con piedra volcánica, son productos que ya se exportan a otras países como China.
Jaime y Heriberto Olalde, artesanos de Comonfort. | Daniela Béjar

Asegura que desde 2017 las redes sociales han ampliado su alcance: antes vendía entre siete y ocho molcajetes semanales y ahora, con su local establecido desde 2010, recibe clientes de diversas partes, incluidos visitantes de Estados Unidos.

Además de los modelos tradicionales, realiza piezas con diseños personalizados, como figuras conmemorativas, calaveras, puercos o sapos, según la solicitud de cada comprador.


Google news logo
Síguenos en
Christian Ortiz
  • Christian Ortiz
  • Reportero en Milenio desde 2023. Licenciado en Psicología y originario de León, Guanajuato. Mis temas de interés son: arte, sociales, activismo y política.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.