A la Ma Baker de Tampico nada la detiene. Le raparon el cabello, la golpearon en plena calle, la llevaron ante un juez y la encerraron en prisión. Durante unos días pareció que, después de una década de robos atribuidos y 17 detenciones, María del Carmen finalmente había agotado sus oportunidades de escapar de la justicia.
Pero la historia no había terminado.
Apenas 22 días después de recuperar la libertad, la mujer de 51 años vuelve a aparecer en los señalamientos de comerciantes por al menos tres presuntos robos.
Esta vez cambió de escenario: dejó atrás las calles del centro de Tampico, donde su rostro se volvió conocido entre comerciantes y policías, para trasladar sus recorridos a Ciudad Madero.
Y en su nuevo territorio, una piñata terminó por poner nuevamente su nombre en circulación.
Anel estaba sola en una papelería de la calle 10, en la colonia Unidad Nacional, cuando una mujer entró para preguntar cuánto costaba una piñata. La atendió como a cualquier otra clienta, sin imaginar que horas después terminaría buscando desesperadamente el monedero en el que guardaba el dinero para sus pasajes.
"Mi monedero estaba abajo de la vitrina donde despacho. Cuando terminé mi turno, me percaté de que no estaba mi bolsa; empezamos a buscar y no la encontré. Traía dinerito que ocupo para mis pasajes de la semana", relató a MILENIO.
En ese momento no sospechó de nadie. Fue hasta el día siguiente cuando una empleada de otro establecimiento le contó que la mujer que había entrado a preguntar por una piñata era Carmen, conocida por los antecedentes de robos que le atribuyen comerciantes del sur de Tamaulipas.
Según le explicaron, la mujer había pasado antes por otro local y, al no encontrar movimiento de clientes, cruzó la calle hacia los negocios de enfrente.
"A mi compañera le comentaron que Carmen había entrado a este negocio, pero yo la atendí como cliente y no me di cuenta de que me robó", contó Anel, quien atribuye a aquella visita la desaparición de sus pertenencias.
No es el único señalamiento reciente.
En redes sociales también comenzó a circular un reporte sobre la presencia de Carmen en Coral, una tienda de cosméticos donde presuntamente aprovechó un descuido para introducir la mano en el bolso de una clienta y apoderarse de su cartera.
En conjunto, a la mujer se le atribuyen al menos tres nuevos robos desde que recuperó la libertad, aunque hasta ahora no se ha confirmado cuántos de estos señalamientos se han convertido en denuncias formales ante la Fiscalía.
La mujer que siempre encontraba una salida
A mediados de septiembre, la historia de María del Carmen parecía haber llegado a su último capítulo.
Originaria de Naranjos, Veracruz, y avecindada desde hace años en el barrio del Cascajal, en el sur de Tampico (sobre la ribera del río Pánuco), acumulaba una trayectoria de señalamientos por robos a comercios, mujeres y transeúntes que se remontaba por lo menos una década.
Su nombre terminó convertido en una advertencia entre comerciantes. Las fotografías circulaban en grupos de WhatsApp, aparecían en Facebook y llegaron incluso a imprimirse en lonas colocadas en Altamira para alertar sobre su presencia.
Fue así como surgió la comparación periodística con Ma Baker, evocación de la célebre figura del crimen estadunidense de los años treinta: no por la magnitud de los delitos, sino por la fama que adquirió una mujer cuya historia parecía construida alrededor de capturas, liberaciones y nuevas acusaciones.
Durante años, Carmen había encontrado una salida.
Los registros de Seguridad Pública documentaron 17 ingresos a instalaciones municipales entre 2022 y 2025. En 12 ocasiones terminó cumpliendo arrestos administrativos, mientras que en otras cinco fue puesta a disposición del Ministerio Público por señalamientos de robo a comercios o transeúntes.
Los expedientes no siempre avanzaron. Algunas víctimas recuperaban sus pertenencias y desistían de denunciar; otras aceptaban acuerdos para reparar el daño, mientras que varios procedimientos no llegaban a los tribunales.
El resultado era recurrente: Carmen recuperaba la libertad.
Hasta que el 15 de septiembre de 2026 todo cambió.
Ese día fue señalada por el robo de un teléfono celular en un comercio del centro de Tampico. La noticia se propagó entre locatarios y personas que aseguraban haber sido víctimas suyas.
Una multitud la persiguió, la alcanzó y la retuvo sobre la calle Juárez.
Lo que siguió fue una agresión colectiva que terminó por darle notoriedad nacional al caso.
La sujetaron de las manos, la golpearon, le cortaron el cabello con una máquina eléctrica y le desgarraron parte de la ropa. Durante más de veinte minutos, mientras llegaban los policías, la mujer permaneció rodeada por personas que exigían castigo por los robos que le atribuían.
La violencia no tenía justificación, por más antecedentes o acusaciones que pesaran sobre ella.
Al menos veinte personas aseguraban haber sufrido algún robo, pero únicamente cuatro acudieron a la Fiscalía. De ellas, solo la afectada por el teléfono celular presentó una querella formal por los hechos recientes.
Esta vez Carmen quedó a disposición de un juez de control, quien la vinculó a proceso y ordenó prisión preventiva mientras avanzaba la investigación.
Parecía el final de aquella larga sucesión de detenciones y liberaciones.
Tampoco lo fue.
Quince días en prisión; 22 días después, nuevas sospechas
Aunque inicialmente se había fijado un plazo de tres meses para la investigación complementaria, María del Carmen permaneció apenas quince días privada de la libertad.
Un acuerdo reparatorio con la víctima, mediante el pago del teléfono celular, permitió su salida del penal.
Así, la mujer que el 15 de septiembre había sido perseguida por una multitud regresó a las calles al terminar ese mismo mes.
La libertad, sin embargo, no significó el final de los señalamientos.
Veintidós días después, su nombre vuelve a aparecer entre las alertas de comerciantes. Solo que ahora el escenario es Ciudad Madero y las nuevas historias se cuentan entre vitrinas de papelerías, mostradores y tiendas de cosméticos.
Entre quienes aseguran haber sido afectados persiste la misma desconfianza hacia las instituciones encargadas de investigar los delitos.
"Luego, luego la sueltan. A ella se le perdonó lo que hizo en Tampico. Uno trabaja por necesidad y a ella se le hace fácil agarrar cosas que no son suyas", lamentó Anel.
La historia también deja al descubierto una dificultad que se ha repetido durante años: sin denuncias formales y elementos suficientes para sostenerlas, los señalamientos públicos difícilmente se transforman en procesos penales.
Por ahora, las nuevas acusaciones permanecen pendientes de esclarecimiento.
En Tampico, comerciantes llegaron a creer que habían visto el último capítulo de una mujer cuya fotografía circuló durante años como advertencia.
Pero Carmen salió de prisión, cruzó de municipio y volvió a aparecer en sus relatos.
La "Ma Baker" de Tampico no ha dejado de ser noticia. Solo cambió de escenario.
RCEH