M+.- No necesitan esconderse, vender a puerta cerrada ni esperar a que caiga la noche. En León, Guanajuato, la comercialización ilegal de animales exóticos ocurre a plena luz del día, en plena vía pública y frente a cientos de personas que cada domingo recorren el tianguis conocido como la Línea de Fuego, en el norponiente de la ciudad.
Halcones, loros de cachetes amarillos, serpientes, pitones, lagartos y tarántulas se exhiben en jaulas, cajas de cartón y recipientes de plástico, con precios que pueden negociarse y una condición para cerrar el trato: el pago debe hacerse en efectivo.
La actividad está expresamente prohibida por la reglamentación municipal y federal, pero eso no impide que los vendedores se instalen en la calle Embudo, entre Canadá y Venezuela, en la colonia Chapalita, donde ofrecen los ejemplares como cualquier otra mercancía.
Durante recorridos realizados por MILENIO en varios domingos, a la misma hora, se contabilizaron más de 50 comerciantes dedicados a ofrecer animales de distintas especies, sin que durante las visitas se observara la intervención de inspectores o autoridades para impedir su comercialización.
No se trata de una operación clandestina ni de un mercado escondido. Los ejemplares permanecen expuestos ante los compradores, los precios se anuncian directamente y las negociaciones ocurren en la calle, a la vista de quienes transitan por el tianguis.
En un solo puesto es posible encontrar más de 15 contenedores con serpientes, entre ellas una pitón, además de lagartos de diferentes tamaños. En otros espacios se ofrecen aves, arácnidos y animales domésticos.
Las condiciones de exhibición también forman parte del problema. Durante los recorridos se observaron ejemplares confinados en recipientes pequeños, sin alimento ni agua a su alcance, mientras permanecían a la espera de un comprador.
El secretario general de la Línea de Fuego, Carlos Alfredo Téllez, sostiene que desde hace dos o tres años se reforzó la prohibición de vender animales y asegura que esa actividad no se registra en el mercado.
Por su parte, Carlos Alberto Anaya González, director de Comercio, Consumo y Abasto de León, reconoce que la comercialización de cualquier especie está prohibida en los tianguis, pero argumenta que los vendedores suelen retirarse cuando advierten la llegada de los inspectores.
Sin embargo, en la calle Embudo los animales continúan ofreciéndose sin ocultamiento, en una actividad que MILENIO pudo documentar durante varias jornadas.
Al mejor postor
Los precios permiten dimensionar la variedad del mercado que opera cada domingo en la Línea de Fuego.
Una pitón bola se ofrece en 2 mil 500 pesos, aunque el vendedor está dispuesto a negociar. Las serpientes de otras especies pueden adquirirse desde 600 pesos, mientras que los lagartos más pequeños tienen precios iniciales de 250 pesos, cantidades que pueden triplicarse dependiendo de las características del ejemplar.
Las tarántulas se comercializan desde 100 hasta 600 pesos.
Los reptiles y arácnidos se encuentran entre los animales solicitados por los compradores y son transportados individualmente en contenedores de plástico que también se utilizan para exhibirlos durante la jornada.
En uno de los puestos visitados por MILENIO se contabilizaron más de 15 recipientes con serpientes y lagartos de distintas especies y tamaños, colocados a disposición de quienes preguntaban por ellos.
Las aves también forman parte de la oferta. Entre los ejemplares observados se encuentran halcones y loros de cachetes amarillos, cuya comercialización requiere especial atención por las disposiciones federales que regulan el aprovechamiento y comercio de fauna silvestre.
La presencia de estos animales no permite determinar, por sí sola, su procedencia ni si los vendedores cuentan con autorizaciones federales. Sin embargo, la venta en el tianguis contraviene la prohibición municipal aplicable a cualquier animal vivo.
El comercio tampoco se concentra exclusivamente en la calle Embudo.
En otro puesto instalado sobre la calle Bolivia, en su cruce con Zacatecas, los reporteros observaron cangrejos, caracoles y tarántulas mantenidos en recipientes para su exhibición y venta.
En ambos puntos, los animales forman parte de la oferta comercial que encuentran los visitantes de la Línea de Fuego.
Perros de hasta 9 mil pesos, sin garantías sobre su origen
La venta también incluye perros y gatos de diferentes razas, ofrecidos sin que los comerciantes proporcionen certificados que acrediten la autenticidad de los ejemplares.
Un perro San Bernardo tiene un precio inicial de 6 mil pesos; un french poodle se ofrece en 4 mil 500 y un rottweiler alcanza los 9 mil pesos, aunque el costo puede negociarse.
Por un cachorro shih tzu, los vendedores piden 8 mil 500 pesos.
La oferta incluye chihuahuas con precios de entre mil y mil 500 pesos, mientras que los gatos identificados por los comerciantes como siameses cuestan 350 pesos y los de angora se ofrecen en 200.
En ninguno de los casos consultados durante el recorrido se entregaron documentos que acreditaran la autenticidad de las razas anunciadas.
Las condiciones sanitarias también generan dudas.
Al preguntar a uno de los comerciantes si el perro que ofrecía contaba con las vacunas correspondientes, su respuesta dejó en evidencia la falta de garantías para el comprador.
“Pues yo ahorita te puedo decir: ‘ah, sí está vacunado’, esa es la cartilla de vacunación”, dice, al considerar que corresponde al comprador revisar las condiciones de salud del animal.
Otro vendedor reconoció abiertamente que el perro que tenía a la venta no estaba vacunado y señaló que esa responsabilidad correspondería a quien decidiera adquirirlo.
Las respuestas reflejan que la comercialización se realiza sin que los compradores reciban necesariamente información documental sobre la salud, procedencia o características de los animales.
A ello se suman las condiciones en que permanecen los ejemplares durante su exhibición, algunos confinados en cajas o contenedores y sin acceso visible a agua o alimento.
La situación ocurre en un espacio donde la venta de animales vivos está prohibida, independientemente de que se trate de especies exóticas o domésticas.
El reglamento lo prohíbe expresamente
La comercialización observada por MILENIO contraviene una disposición específica del Reglamento de Mercados Públicos y Uso de la Vía Pública para el Ejercicio de la Actividad Comercial en el Municipio de León, Guanajuato.
Su artículo 8 establece cuáles son las mercancías cuya venta no está permitida en los espacios regulados por ese ordenamiento.
La fracción VI incluye expresamente a los animales vivos.
La prohibición abarca tanto a las especies domésticas como a las exóticas, sin que la posesión de permisos para criar o comercializar determinados animales autorice automáticamente su venta dentro de un tianguis.
En el caso de la fauna silvestre, también pueden intervenir disposiciones federales relacionadas con su procedencia legal, aprovechamiento, traslado y comercialización.
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) es una de las autoridades responsables de verificar el cumplimiento de la legislación ambiental federal en esta materia.
Sin embargo, la prohibición municipal es suficiente para impedir la venta de animales vivos dentro de la Línea de Fuego, aun cuando un comerciante pudiera acreditar autorizaciones para otras modalidades de comercialización.
La diferencia entre lo que establece el reglamento y lo que ocurre en las calles del tianguis constituye uno de los principales hallazgos del recorrido.
Líder de comerciantes asegura que esa venta no existe
Aunque la presencia de animales a la venta fue documentada durante varios domingos, la dirigencia del tianguis asegura que esa práctica está prohibida y que se han reforzado las medidas para evitarla.
Carlos Alfredo Téllez, secretario general de la Línea de Fuego, sostuvo que desde hace dos o tres años las organizaciones de comerciantes mantienen disposiciones estrictas para impedir la comercialización de animales.
“Para nosotros siempre ha sido un tema de los animales, siempre hemos prohibido la venta de animales. Cuando vemos o detectamos algún comerciante, se les hace el comentario de que no pueden vender el producto o el animalito”, aseguró.
Al preguntarle si existen excepciones para determinadas especies, su respuesta fue categórica:
“De ninguno, de ningún tipo”.
El representante explicó que la restricción forma parte tanto de las disposiciones municipales como de los reglamentos internos de las organizaciones que participan en el tianguis.
De acuerdo con su versión, cuando se identifica a un comerciante que ofrece animales, los representantes del mercado realizan el reporte correspondiente ante la Dirección de Comercio y Consumo para solicitar la intervención de sus inspectores.
“Cuando detectamos un comerciante que vende animales, nosotros hacemos el reporte a Comercio y Consumo, ya la dependencia municipal, tengo entendido, viene y, en la ocasión, si lo detectan, le quitan la mercancía, que vienen siendo los animales”, insistió.
Téllez explicó que algunos de los ejemplares retirados pueden ser trasladados al Zoológico de León, donde permanecen en cuarentena mientras las autoridades determinan su situación.
También advirtió sobre los riesgos de adquirir animales sin conocer su procedencia ni las condiciones en que fueron criados o mantenidos antes de su comercialización.
“Lo más sano es que el consumidor no consuma ese tipo de animales, porque no sabemos en qué condiciones vengan”.
Las declaraciones contrastan con los recorridos realizados por MILENIO en las calles Embudo, Bolivia y sus alrededores, donde la oferta de animales fue observada de manera reiterada.
Mientras la dirigencia sostiene que la venta no está permitida, los comerciantes continúan ofreciendo ejemplares frente a los visitantes del mercado.
La autoridad asegura que los vendedores huyen al ver inspectores
El director de Comercio, Consumo y Abasto de León, Carlos Alberto Anaya González, reconoció que la comercialización de animales está prohibida en los tianguis y espacios de comercio en la vía pública.
Sin embargo, atribuyó parte de las dificultades para controlar esta actividad a que los vendedores abandonan sus puestos cuando detectan la presencia de inspectores municipales.
De acuerdo con el funcionario, durante los operativos algunas personas levantan rápidamente su mercancía y se retiran antes de que las autoridades puedan realizar una inspección y proceder al aseguramiento de los ejemplares.
Esa explicación contrasta con lo observado durante las visitas de MILENIO a la Línea de Fuego, donde los animales permanecían expuestos y las negociaciones se realizaban sin ocultamiento.
Vecinos de la colonia Chapalita consultados durante los recorridos aseguraron, además, que desde hace años no observan una presencia regular de policías o inspectores en la zona.
Anaya González explicó que la Dirección de Comercio, Consumo y Abasto realiza operativos para detectar la comercialización prohibida y que, cuando encuentra a vendedores en flagrancia, procede al retiro de los ejemplares y a la aplicación de las sanciones correspondientes.
El funcionario subrayó que los permisos expedidos para la crianza o venta de determinadas especies no facultan a los comerciantes para instalarse en los tianguis.
“Por ejemplo, en el tema de los pajaritos, que muestran un permiso, ellos tienen un permiso para poder vender, pero no dentro de un tianguis. Pueden demostrar que son criadores y que pueden vender, pero dentro de un tianguis es algo que está prohibido”, insistió.
De esta manera, la regulación municipal no depende de que se demuestre si un animal procede de una actividad de crianza autorizada o si pertenece a una especie protegida.
La restricción se aplica a la comercialización de animales vivos dentro de esos espacios.
No obstante, los recorridos muestran que la prohibición no ha impedido que la actividad continúe desarrollándose abiertamente en la Línea de Fuego.
Animales asegurados terminan en Control Animal, Profepa o el zoológico
El destino de los animales retirados durante los operativos depende de la especie y de las autoridades competentes para atender cada caso.
Anaya González explicó que los perros y gatos son puestos a disposición de las áreas municipales de control animal, mientras que los ejemplares de fauna exótica o silvestre pueden ser canalizados a la Profepa.
“Lo que son perros y gatos los ponemos a disposición de Control Animal y lo que son otro tipo de especies, como alguna especie exótica, lo ponemos a disposición de Profepa”, señaló.
En algunos procedimientos, los ejemplares también pueden ser trasladados al Zoológico de León para recibir atención y permanecer temporalmente en cuarentena.
El destino definitivo depende de la especie, su estado de salud y las determinaciones de las autoridades correspondientes.
Sin embargo, el director reconoció que el municipio enfrenta limitaciones para atender a los animales asegurados.
Las instalaciones de la dependencia no están diseñadas para mantener durante periodos prolongados ejemplares que requieren cuidados especializados.
“Muchas veces nosotros lo resguardamos por cuestión de horas, porque no tenemos dónde resguardar los animales, no tenemos cómo alimentarlos, cómo darles esos cuidados”, explicó.
La situación obliga a establecer mecanismos de coordinación con otras instituciones para garantizar el traslado y resguardo de las especies retiradas de la vía pública.
El funcionario reiteró que los operativos buscan evitar la comercialización dentro de los tianguis, aunque reconoció que la movilidad de los vendedores dificulta su detección.
Multas de hasta mil 760 pesos por vender animales
La comercialización de animales en los tianguis de León puede derivar en sanciones administrativas.
De acuerdo con los montos señalados por el director de Comercio, Consumo y Abasto, las multas que aplica su dependencia van de ocho a 15 Unidades de Medida y Actualización (UMA).
Con el valor diario vigente en 2026, establecido en 117.31 pesos, las sanciones equivalen aproximadamente a entre 938 y mil 760 pesos.
El funcionario considera que este rango se encuentra entre las multas más elevadas de las disposiciones aplicadas por su dirección.
El contraste económico resulta significativo: mientras una pitón bola se ofrece en la calle Embudo por 2 mil 500 pesos, la sanción municipal descrita por el funcionario puede alcanzar mil 760 pesos.
Lo anterior no excluye otras posibles sanciones previstas en la legislación de protección animal o ambiental cuando se acrediten infracciones adicionales.
Anaya González reconoció que uno de los obstáculos para aplicar las multas es que algunos comerciantes se retiran cuando advierten la llegada de los inspectores.
Por ello, pidió a los ciudadanos reportar cualquier punto donde se detecte la comercialización de fauna exótica.
“Yo invitaría a la ciudadanía que cuando empiece a ver que hay animales, ahora sí que exóticos, animales no muy comunes, por favor nos reporten para nosotros avisar a Profepa”, dijo.
Los reportes pueden realizarse ante la Dirección de Comercio, Consumo y Abasto, a los teléfonos 773 2074, 773 2092 y 773 2093, o mediante el número de emergencias 911, para solicitar la intervención de las autoridades correspondientes.
Tráfico de fauna silvestre puede castigarse hasta con nueve años de prisión
Pero no sólo a nivel municipal hay castigo. También a nivel federal. La venta de animales silvestres en México está sujeta a disposiciones federales que regulan su captura, posesión, transporte y comercialización, con sanciones que pueden llegar hasta nueve años de prisión cuando se acredita el tráfico ilegal de especies protegidas.
La principal legislación es la Ley General de Vida Silvestre, que obliga a demostrar la procedencia legal de los ejemplares y establece restricciones especiales para determinadas especies.
El artículo 51 de esta ley dispone que la procedencia de los animales silvestres mantenidos fuera de su hábitat natural debe acreditarse mediante los documentos y mecanismos previstos en la legislación, como facturas, notas de remisión, marcas de identificación y autorizaciones de aprovechamiento.
Esto significa que no basta con tener un animal en una jaula o exhibirlo para ofrecerlo al público: su origen y comercialización deben cumplir los requisitos legales correspondientes.
Las restricciones son especialmente estrictas para los loros, pericos y guacamayas nativos de México. El artículo 60 Bis 2 prohíbe su aprovechamiento extractivo con fines comerciales o de subsistencia, por lo que no pueden capturarse de su hábitat natural para venderlos.
También prohíbe su importación, exportación y reexportación, con las excepciones y condiciones expresamente establecidas para actividades de conservación e investigación científica.
En el caso de serpientes, pitones, lagartos, tarántulas y otras especies silvestres, la comercialización no está prohibida de manera general por el solo hecho de tratarse de animales exóticos. Sin embargo, los vendedores deben acreditar su procedencia legal y cumplir las autorizaciones y restricciones correspondientes.
La situación puede agravarse cuando los ejemplares pertenecen a especies amenazadas, en peligro de extinción o sujetas a protección especial, conforme a la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010 y los tratados internacionales aplicables.
El artículo 420, fracción IV, del Código Penal Federal contempla penas de uno a nueve años de prisión y multas de 300 a 3 mil días cuando se realizan ilícitamente actividades de tráfico, captura, posesión, transporte o acopio de especies silvestres comprendidas en los supuestos de protección señalados por la legislación.
Cuando estas conductas se realizan con fines comerciales, pueden imponerse hasta tres años adicionales de prisión y mil días multa más.
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) tiene facultades para inspeccionar y verificar la legalidad de la posesión y comercialización de ejemplares de vida silvestre y, cuando corresponda, asegurar animales y dar vista a las autoridades ministeriales.
La venta sigue, a la vista de todos
Los recorridos realizados por MILENIO exhiben una actividad comercial que no requiere esconderse para funcionar.
En la calle Embudo, los vendedores colocan jaulas, cajas y contenedores frente a los visitantes del tianguis. Las personas se acercan, preguntan por las especies, conocen sus precios y pueden negociar directamente la compra.
La oferta no se limita a un solo puesto ni a una sola especie. Incluye aves, reptiles, arácnidos, perros y gatos, comercializados en diferentes puntos de la Línea de Fuego.
La dirigencia del mercado asegura que la venta está prohibida y que se realizan reportes cuando se detectan irregularidades. La autoridad municipal sostiene que existen operativos, pero argumenta que algunos vendedores escapan antes de ser inspeccionados.
En las visitas de este medio, en cambio, los animales fueron encontrados a la vista del público, sin que se observaran acciones para impedir su comercialización.
La prohibición está escrita en el reglamento municipal y en la legislación federal. Los dirigentes aseguran que se cumple y los funcionarios sostienen que la vigilan. Pero cada domingo, en plena calle, bajo la luz del día y frente a los ojos de todos, los animales siguen teniendo precio en el tianguis de la Línea de Fuego.
