M+. La ola de violencia registrada tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, en Jalisco impactó directamente en la percepción de inseguridad en la entidad, donde hasta nueve de cada diez personas no se sienten seguras, a menos de dos meses de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), cuya captación se realizó del 23 de febrero al 13 de marzo de 2026, los niveles de percepción ciudadana reflejan un deterioro significativo en la sensación de seguridad.
Actualmente, el municipio de Guadalajara ocupa el segundo lugar nacional con mayor percepción de inseguridad, sólo detrás de Irapuato, Guanajuato.
En entrevista con MILENIO, Francisco Jiménez Reynoso, investigador de la Universidad de Guadalajara y doctor en Derecho, atribuyó este escenario a la falta de una respuesta efectiva por parte de las autoridades y advirtió que la violencia deteriora la imagen internacional del estado ante la cercanía del torneo de futbol.
El día que la autoridad se achicó
El 22 de febrero marcó un punto de quiebre en Jalisco. El abatimiento del líder criminal no trajo la paz esperada; por el contrario, evidenció la capacidad operativa del crimen organizado, que paralizó al estado mediante narcobloqueos e incendios en distintos municipios.
“Muchos de los que vivimos aquí nos dimos cuenta de la logística y el poder de convocatoria de este personaje (El Mencho), que desafió a las autoridades durante años”, señaló Jiménez Reynoso.
La respuesta institucional, afirmó, fue insuficiente.
“Hubo pasividad de las autoridades, incluso de los tres órdenes de gobierno. En algunos municipios se observó una reacción federal, pero la autoridad municipal se vio rebasada en este desafío”, sostuvo.
El impacto no sólo se reflejó en los hechos violentos, sino en una sensación generalizada de vulnerabilidad que hoy se traduce en los indicadores negativos de percepción de inseguridad.
Puerto Vallarta, el mayor repunte
En Puerto Vallarta, la percepción de inseguridad registró un incremento alarmante de 27.9 puntos porcentuales, al pasar de 32 por ciento a 59.9 por ciento de la ciudadanía que no se siente segura en apenas tres meses, el mayor aumento en el estado.
Aunque el puerto se mantiene por debajo de Guadalajara en el ranking nacional, el crecimiento fue el más drástico del país, superando incluso el registrado en la capital jalisciense.
El contraste con la actividad turística es evidente. Mientras la percepción de inseguridad crece, los indicadores turísticos se han mantenido positivos desde 2024.
De acuerdo con el Sistema de Información Turística Estatal, Jalisco recibió 8.1 millones de turistas durante el primer trimestre de ese año: Guadalajara concentró 3.9 millones de visitantes y Puerto Vallarta, 1.5 millones.
La ocupación hotelera promedio en marzo fue de 59 por ciento, con una derrama económica de 19 mil 868 millones de pesos. De este total, Guadalajara generó 6 mil 790 millones, mientras que Puerto Vallarta aportó 11 mil 453 millones.
Para 2025, el turismo creció tres por ciento respecto al año anterior, con la llegada de 33.2 millones de visitantes, según la Secretaría de Turismo estatal; sin embargo, el crecimiento no fue uniforme: municipios como Lagos de Moreno, Ajijic, Mazamitla y San Sebastián del Oeste registraron aumentos de hasta siete por ciento, mientras que Puerto Vallarta se mantuvo sin variaciones.
El factor económico en zonas turísticas
El análisis apunta a que la dinámica del crimen no es homogénea. En destinos turísticos como Puerto Vallarta, el interés no es únicamente territorial, sino económico.
“Existe un nicho de mercado importante, lo que ha fortalecido a estos grupos criminales”, explicó el especialista.
Esto implica que la disputa en estas zonas responde a lógicas distintas, donde el flujo de recursos se convierte en un incentivo clave para la operación delictiva.
La legitimidad social del crimen
Otro factor que agrava el panorama es la percepción social que algunos liderazgos criminales han construido en ciertos sectores.
“Lo veían como una especie de Robin Hood, que ayudaba a algunos mientras perjudicaba a otros”, explicó el académico.
Esta narrativa distorsiona la figura del delincuente y debilita la legitimidad de las instituciones, al generar entornos donde la autoridad formal pierde peso frente a estructuras informales de poder.
La ciudad también construye inseguridad.
Más allá de la violencia, la percepción de inseguridad también se construye desde el entorno urbano.
El investigador señaló que factores como la falta de iluminación y el abandono de espacios públicos inciden directamente en la percepción ciudadana.
“Una calle mal iluminada es una calle insegura. La iluminación y el mantenimiento urbano inhiben la delincuencia y fortalecen la confianza del ciudadano”, afirmó.
Guardar el lujo y el Rolex
La inseguridad también se refleja en cambios en la vida cotidiana.
“Las personas han modificado sus hábitos. Antes era común portar joyas; hoy prácticamente nadie se atreve”, recordó Jiménez Reynoso.
Recientemente, una banda dedicada al robo de relojes de alta gama generó temor en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Su presunto líder, identificado como Francisco “N”, alias El Churras, fue detenido tras meses de investigaciones.
Durante su captura, autoridades le aseguraron diversas dosis de droga. A pesar de ello, los robos bajo la modalidad conocida como “robarrolex” continúan.
Futbol y miedo
Con la mirada puesta en el Mundial, el panorama es de incertidumbre. El reto para las autoridades será garantizar condiciones de seguridad en un contexto donde la percepción ya alcanzó niveles críticos.
“Espero que haya derrama económica y que se recupere la paz social, pero con lo que está sucediendo, es complicado”, expresó el académico.
Y concluyó con una advertencia que resume el clima actual: “Si algunos son creyentes, que vayan prendiendo veladoras para que no ocurran hechos trágicos”.
El diagnóstico es claro: Jalisco enfrenta una crisis de seguridad que exige coordinación, estrategia y resultados inmediatos.
A menos de dos meses del Mundial, la exigencia es contundente: no sólo contener la violencia, sino reconstruir la confianza de una ciudadanía que, hoy, mayoritariamente no se siente segura.
JVO
