Guanajuato cerró 2025 como el estado del país donde la fiesta termina más veces en bata hospitalaria. Con 2 mil 412 personas ingresadas por intoxicación aguda por alcohol, la entidad se colocó en el primer lugar nacional de los llamados malacopa, aquellos que no supieron decir basta y acabaron la noche bajo luces blancas y suero intravenoso.
El promedio es contundente: seis personas al día cambiaron la música por una sala de emergencias.
De esos casos atendidos en hospitales, 79 por ciento correspondió a hombres y 21 por ciento a mujeres. En ambos casos, el común denominador fue el exceso. La cifra no sólo lidera el país, también creció 9 por ciento respecto a 2024, de acuerdo con el Boletín Epidemiológico, de la Secretaría de Salud federal.
Guanajuato, campeón nacional del exceso
A nivel nacional, durante 2025 se reportaron 21 mil 373 casos de intoxicación aguda por alcohol. De ese universo, 11.2 por ciento tuvo sello guanajuatense. Detrás quedaron Jalisco, con 2 mil 297 casos; el Estado de México, con 2 mil 035; la Ciudad de México, con mil 694, y Veracruz, con 983.
En el otro extremo del tablero, Baja California Sur y Colima figuraron como las entidades donde menos se pierde el control: apenas 101 y 112 casos, respectivamente.
Más “crudas médicas” que el año pasado
El liderazgo de Guanajuato no es circunstancial. En el último año, el número de personas hospitalizadas por intoxicación alcohólica también aumentó respecto a 2024. El cierre de 2025 dejó 202 casos más que los 2 mil 210 acumulados el año anterior.
Con corte a la semana epidemiológica 52, la última del año, de los 2 mil 412 casos registrados en Guanajuato, mil 917 fueron hombres —79 por ciento— y 495 mujeres que bebieron más de la cuenta y terminaron con diagnóstico de intoxicación en el hospital.
En Jalisco, segundo lugar nacional en esta tendencia, se reportaron mil 603 hombres y 694 mujeres, para un total de 2 mil 297. En el Estado de México, mil 498 hombres y 537 mujeres; mientras que en la Ciudad de México la cifra fue de mil 378 hombres y 316 mujeres.
A los 13 años, edad promedio del primer trago en Guanajuato
En Guanajuato, el primer contacto con el alcohol llega temprano: a los 13 años, en promedio. Así lo reconoció Gabriel Cortés Alcalá, secretario de Salud del estado, al advertir que el inicio ocurre más en la sala de la casa que en la calle.
“Hemos identificado que desde los 13 años empiezan a tener contacto con alcohol, la mayor parte de las ocasiones dentro de casa; pensamos que se los ofrecen en otros lugares y la verdad es que es dentro de casa”, explicó.
A esa edad, los adolescentes suelen cursar la secundaria, por lo que el funcionario lanzó un llamado urgente a madres y padres de familia para cerrar la llave desde el hogar y evitar que los menores entren en contacto temprano con sustancias tóxicas como el alcohol.
Aunque personas de todas las edades llegan intoxicadas a los hospitales, el grupo que más concentra la atención médica es el de jóvenes adultos, entre los 18 y 35 años.
Pocos menores, pero una alerta que no se ignora
Cortés Alcalá aseguró que los casos de menores intoxicados son poco frecuentes, pero subrayó que, cuando ocurren, no pueden minimizarse.
“Uno que sea, debemos atenderlo, porque desde ahí ya estamos teniendo una dificultad con este menor”, comentó.
El funcionario explicó que la línea entre la ebriedad y la intoxicación es la conciencia. Mientras el ebrio aún conserva cierta noción de sí mismo, la persona intoxicada pierde el tiempo, el espacio y el control.
“Cuando la persona pierde el estado de conciencia o está a punto de perderlo es cuando ya hablamos de un proceso de intoxicación por alcohol”, precisó.
Liderazgo por registro, no por descuido
Ante el primer lugar nacional de Guanajuato en hospitalizaciones por alcohol, el funcionario aclaró que el dato también refleja una diferencia en la forma de reportar.
“Nosotros registramos los casos y los reportamos como tal, ese es el punto número uno; dos, no ha habido un incremento importante en la detección con respecto a años anteriores”, sostuvo.
Añadió que los municipios con más casos son, inevitablemente, los más poblados.
“León debe estar en los primeros lugares, Irapuato, Celaya; son los que más casos presentan, pero por un tema de población más que de incidencia”, explicó.
También señaló que muchas intoxicaciones se detectan de manera indirecta: el paciente llega por una caída, un choque, un golpe o una fractura, y en el parte médico quedan asentados tanto el trauma como la intoxicación.
Sólo por hoy… Víctor cumple 11 años sobrio
Mientras las estadísticas siguen creciendo, Víctor es la prueba de que también hay historias que van a contracorriente. Cumple 11 años de sobriedad y asegura que Alcohólicos Anónimos (AA) le devolvió la vida. En 1999, con 28 años, tuvo una recaída, pero retomó su recuperación en enero de 2015. Hoy, a sus 54 años, afirma que no ha vuelto a probar una gota de alcohol.
“Indudablemente el alcoholismo sigue creciendo; el consumo en los jóvenes, y a edades cada vez más tempranas, va en aumento. Eso no podemos esconderlo. El alcoholismo como enfermedad no debe ocultarse, debe tratarse como un tema de salud y buscar ayuda”, dijo.
Reconoció que enero y febrero son los meses con mayor afluencia de personas que buscan apoyo, quizá porque el año nuevo llega con la promesa de cambiar hábitos y dejar la bebida.
Llegan muchos, se quedan pocos
Víctor explicó que en su grupo llegan en promedio ocho personas nuevas entre enero y febrero, mientras que el resto del año la cifra rara vez supera las cuatro. Actualmente, unas 25 personas integran el grupo, de las cuales cerca de 15 apenas luchan por alcanzar su primer año de sobriedad.
“Tenemos un compañero que lleva 44 años en Alcohólicos Anónimos, y el que menos tiempo tiene apenas unos 12 días de haber llegado”, compartió.
También reconoció que han recibido a menores de 12 y 13 años con problemas serios de salud derivados del alcoholismo, así como a adultos de hasta 75 años que aún batallan con la enfermedad.
Aunque el grupo recibe constantemente gente nueva, muchos recaen y regresan tiempo después. En promedio, dijo, sólo una persona al mes logra quedarse y sostener la decisión de no volver a beber.