Comunidad

México sigue avanzando y la ciudad sigue festejando

Entre un grupo de casi 200 aficionados, policías auxiliares y recolectores de basura, así amanece Paseo de la Reforma tras el triunfo de la selección mexicana.

Desvelados, desmañanados, pero con aires de triunfo. La selección nacional volvió a ganar; era el pretexto perfecto para no dejar de celebrar. Y Paseo de la Reforma, una vez más, la turba futbolera se la volvió a apropiar.

El partido contra Ecuador llegaba al segundo gol y la afición capitalina decretaba el ritual ya obligado: "De aquí al Ángel". Y lo cumplieron. Quienes no habían tenido la experiencia de la verbena triunfal, con camiseta recién comprada, ahora la vivían en carne propia. Envueltos en el México ganador, y se la amanecieron otra vez. 

El cuarto partido del Tricolor había que celebrarlo. Y qué mejor que con Banda Cuisillos en la glorieta del Caballito, que convirtieron el triunfo en un final de fiesta, con todo y baile.

El río de camisetas verdes ya tenía su camino marcado. Las caravanas deambularon sobre un Reforma encharcado. Vallas metálicas fueron instaladas alrededor de los escenarios, sin razón aparente, generando tropiezos entre la multitud.

La lluvia perdonó. Dejó que sonaran las porras y ondearan las banderas. Permitió que siguiera la fiesta de corneta y acordeón. Y como era de esperarse, el festejo duró más que el mismo partido.

Después del baile, siguió el caminar entre la gente, entre ambulantes, entre la venta de chelas y azulitos. En las calles de la ciudad, los capitalinos festejaron, celebraron, hicieron suya la calle.

Parecía que México hubiera ganado el Mundial. La esperanza del "y sí, sí" envuelve a la turba futbolera, alimenta sus almas y sus esperanzas, mientras los aficionados colorean de nylon poliéster verde y blanco, la avenida más importante de la ciudad.

El festejo se prolongó toda la noche, y hasta el amanecer.

Apenas pasan de las 5 de la mañana y las calles ya están limpias. Se adelantaron. Las brigadas de la Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México, con overoles guinda y chalecos fluorescentes, desde las 2 de la tarde del martes no dejan de recoger basura. No lo hicieron en toda la noche y siguieron por la mañana del miércoles.

En cada esquina, la basura es apilada: botellas, latas, envolturas, desechables. Algún pepenador llega a separarla, a tomar todas las latas que puede cargar antes de que pasen con la pala. Se llevan buena parte del PET, del vidrio, del aluminio, pero no es suficiente. Siguen saliendo los camiones de volteo atascados de desechos; siguen llenando los camiones con la basura mojada.

Para el amanecer, muchos ya tenían hasta 16 horas de servicio ininterrumpido. Denis, trabajador de limpieza, no sabe a qué hora acabará su jornada.

"Nosotros desde las 2 de la tarde, no tenemos horas de salida. Ahorita que salimos nos vamos a descansar a la casa, tenemos que entrar al turno de las 2 de la tarde y a la hora que nos vayamos de aquí", dice a MILENIO.
Trabajadores de limpieza de la Ciudad de México con overoles guinda y chalecos fluorescentes recogen una gran pila de basura
Brigadas de limpieza recogen desechos acumulados tras el festejo mundialista en CdMx, | Foto: Amílcar Salazar Méndez

Pero también los policías, elementos de la Policía Auxiliar, a esta hora terminaban su jornada de 24 horas. Aunque por ser el Mundial, ésta se ha prolongado: bajo la lluvia, bajo la turba, cuidando borrachos.

Con un altavoz, piden a los trasnochados que ya se quiten de la calle y se suban a la banqueta: "Por favor, jóvenes, vamos despejando la banqueta para que hagan limpieza. Por favor, jóvenes, por favor, seguimos festejando en la banqueta", dice el perifoneo.

Hubo más gente que en las celebraciones pasadas, pero el despapaye es igual o peor. Las calles cerradas hasta las 6 de la mañana. Así sean un centenar o 400 mil, las calles se cierran sin razón.

En el asfalto, limpiando lo que deja la afición, quedan estas brigadas, que desfilaron por la madrugada tallando el piso con sus escobas de ramas. La mayoría mujeres, trabajadoras. Se concentran, se apresuran para terminar antes que el sol las alcance. Una operación rastrillo que empezó en el Zócalo y poco a poco fue abriéndose paso hasta la glorieta del Ángel.

César, oficinista, usa bicicleta para llegar a su trabajo. Sorprendido por la cantidad de basura, se detiene para tomar una fotografía.

"Es increíble… pero pues es lo que tenemos. Como la gente de Japón cuando acabe el partido limpian todo el estadio, deberíamos de seguir el ejemplo de las buenas personas de todo el mundo", expresó.

Son las 06:30 y la fiesta todavía sigue. Las banderas ondean, no parece que lleven toda la noche bebiendo. Todavía son unos 150, tal vez 200, aficionados los que forman grupos alrededor de la glorieta para seguir enfiestados.

Puro aferrafter, como les llaman a los necios que se aferran a tener un lugar donde trasnochar. Reforma les dio esa oportunidad: de desvelarse y seguir la parranda. Con corridos y reggaetón, la turba, la porra, los últimos guerreros.

Aficionados, aún con energía, corean: "Quiere volar, quiere volar, quiere volar." Y lanzan a quien se deje unas tres veces sin miedo a romperse la cabeza en el pavimento.

Algunos más se enorgullecen de la proeza de haberse mantenido de pie toda la noche después del partido:

"Estuvo increíble. Y hasta el amanecer, sí a huevo, la amanecimos como todos unos guerreros. Sí, sí, se pone muy ver... lo que es", indicó.

Los que no soportaron, usaron las bancas de piedra como cama y las jardineras como mingitorios. Las paradas del Metrobús se saturan, entre desvelados y madrugadores. Dos contrastes: mientras unos están de fiesta y quieren que no pare, otros ya quieren llegar a trabajar y que el Mundial acabe.

Una persona está sentada con la cabeza baja en Paseo de la Reforma
Mientras unos se aferran a la fiesta eterna, el cansancio vence a los trasnochados en Paseo de la Reforma. | Foto: Amílcar Salazar Méndez

Leonardo, uno de los trasnochados, con una sonrisa reconoce que su mamá no sabe que está ahí:

“Sabe que ando trabajando, pero ahorita estamos festejando. Somos mexicanos, hay que festejar. 40 años para un Mundial en la Ciudad de México. Tengo 28, imagínate", confiesa.

Suena El Tucanazo. Se reparten tragos. Los últimos antes de las 7 de la mañana.

Los oficinistas, corredores y pasadores de perros observan con cierta resignación y fastidio que no se han ido.

Eder, trabajador de limpieza, con el overol guinda ya sudado y las manos endurecidas por el trabajo, es contundente cuando se le pregunta cuál es el mensaje para los aficionados: "Que no hagan tanto desmadre."

Son las 7:00 de la mañana. El sol ya se asoma entre los edificios de Reforma. La avenida, que horas antes era un río de camisetas verdes, ron, tequila y cerveza, ahora es un espacio limpio que recupera su ritmo habitual. Pero con un olor a chiquero.

Los últimos aficionados se retiran, algunos tambaleantes, otros cantando todavía. Los trabajadores de overoles guinda guardan sus escobas. Han cumplido.

México sigue avanzando en el Mundial. Y en Reforma, como en cada partido, la ciudad sigue festejando.

“Y para el otro, dice María, trabajadora de limpia, yo creo que va a haber más”, afirmó.

PNMO

Google news logo
Síguenos en
Amílcar Salazar Méndez
  • Amílcar Salazar Méndez
  • Reportero de investigaciones especiales, contador de historias y apasionado de la información.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.