Cuarenta años después, México volvió a escribir una página grande en una Copa del Mundo. El Tricolor derrotó 2-0 a Ecuador en los Dieciseisavos de Final y consiguió una victoria de eliminación directa que durante décadas parecía imposible de alcanzar.
Lo hizo con personalidad, con futbol y con una versión que ha logrado reconciliarse con su gente. Este equipo ilusiona porque cuando decide jugar, recupera, toca y resuelve. Y esa noche volvió a mostrar justamente esa cara.
La espera fue larga. Una tormenta eléctrica obligó a retrasar una hora el arranque del encuentro en el Estadio Ciudad de México. La afición permaneció expectante, paciente, como si supiera que algo importante estaba por suceder.
Cuando el balón comenzó a rodar, México salió decidido.
Desde el inicio tomó la posesión y comenzó a instalarse en territorio ecuatoriano. En el primer aviso, Roberto Alvarado encontró espacio, estrelló la pelota en Pacho y el rebote terminó paseándose por el área sin que ningún mexicano pudiera conectar.
La presión continuó. Gilberto Mora intentó con un disparo lejano que salió desviado. Después fue Luis Romo quien probó suerte con el mismo destino. México generaba, insistía y mostraba intensidad.
Raúl Jiménez tuvo una de las más claras tras un gran servicio de Romo. El delantero conectó de cabeza, pero el remate tampoco encontró portería. El lamento de los seguidores se escuchó como estruendo.
En medio del dominio mexicano apareció un momento incómodo: durante el primer saque de meta ecuatoriano se escuchó nuevamente el grito discriminatorio desde la tribuna, una conducta que tantas sanciones y cuestionamientos le ha generado al futbol mexicano.
Dentro del campo, el equipo seguía insistiendo.
Juliàn Quiñones comenzó a convertirse en el hombre diferente. El atacante atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera y en este Mundial está construyendo una historia propia. Abrió para Alvarado y provocó otro tiro de esquina. Después volvió a aparecer Gilberto Mora, atrevido, sin miedo al escenario, con esa personalidad poco común para un jugador tan joven.
Ecuador apenas comenzaba a salir.
Hasta que al minuto 22 llegó el premio. Alvarado realizó un gran recorte y encontró a Julián Quiñones. El delantero recibió por izquierda, aceleró rumbo al área y sacó un disparo de derecha imposible para el arquero y para Pacho. El estadio explotó.
México ya ganaba y seguía buscando más.
Curiosamente, cuando el conjunto nacional armaba un contragolpe peligroso, el árbitro decidió detener el juego para la pausa de hidratación. La decisión provocó una fuerte rechifla desde las tribunas.
Pero el impulso mexicano no desapareció.
Al minuto 31 apareció una combinación que retrató el momento del equipo. Raúl Jiménez descargó para Quiñones, quien esperó con inteligencia el movimiento del delantero y devolvió el balón en el instante preciso. Jiménez definió con un disparo soberbio para el 2-0.
El Estadio Ciudad de México se convirtió entonces en una fiesta.
Ecuador reaccionó antes del descanso y comenzó a encontrar espacios. Yeboah Zamora sacó un disparo que exigió una gran intervención de Raúl Rangel, quien respondió desviando con ambas manos.
Los ecuatorianos cerraron mejor la primera mitad, pero también mostraron ansiedad. Caicedo intentó asumir el control del mediocampo, buscó centros y circulación, aunque nunca encontró claridad.
En el complemento Ecuador salió decidido a buscar el descuento.
Ángulo dejó atrás al Piojo Alvarado y mandó un centro peligroso que cruzó toda el área, pero Johan Vásquez apareció atento para despejar.
México eligió otro camino: defender con orden y atacar cuando hubiera espacio.
No renunció al tercero. César Montes ganó por arriba y obligó al arquero a intervenir. Después fue Johan Vásquez quien apareció con un testarazo que tampoco terminó en gol.
Javier Aguirre movió sus piezas. Brian Gutiérrez ingresó por Gilberto Mora y más adelante entraron Santiago Giménez y Obed Vargas en lugar de Luis Romo y Raúl Jiménez para refrescar al equipo.
Aun así, Ecuador tuvo una última advertencia. Rodríguez dejó atrás a Montes, controló con el pecho y alcanzó a conectar, pero su intento se fue sin premio.
Después ingresó Orbelín Pineda por Roberto Alvarado, quien salió acalambrado, mientras el reloj consumía los minutos y el estadio comenzaba a entender lo que estaba ocurriendo.
Antes de acabar el duelo, Hincapié fue expulsado por un taparse la boca cuando se dirigió a Santiago Giménez y le dijo algo.
Cuando llegó el silbatazo final, ya no quedaban tormentas. México había roto una barrera histórica.
Cuarenta años después, volvió a ganar un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo. Y lo hizo jugando bien, con autoridad y con un Julián Quiñones convertido en uno de los grandes paisajes mexicanos de este torneo.
MGC